11 de julio de 2007

- UN MUNDO DE AMOR -


David, Goliat y el falso patriotismo

Por Carlos Escudé
Para LA NACION



"Equilibrar la ansiedad por la disputa con la cordura parece un desafío excesivo para la sabiduría humana. La soberbia del ingenio ha atareado a siglos enteros con la discusión de asuntos pueriles, y el orgullo del poder ha destruido ejércitos con el fin de ganar o defender inútiles posesiones."

Con esta sentencia de valor universal comenzaba Samuel Johnson su memorable panfleto de 1771 sobre las islas Malvinas. Bien podría aplicarse a la malhadada aventura iraquí de George W. Bush o, con mayor razón, a la obsesión iraní con la bomba atómica.

Esta fue mi reflexión cuando se difundió la noticia de que el 27 de junio, iracundos ciudadanos iraníes habían incendiado medio centenar de estaciones de servicio, furiosos por el racionamiento de nafta. ¿Puede el cuarto exportador y productor de petróleo del mundo sufrir una crisis energética?

Es asombroso, pero las autoridades de Teherán impusieron un límite de cien litros por mes para cada vehículo. Los persas producen y exportan enormes cantidades de petróleo, pero carecen de las refinerías para producir combustible para su propio consumo. Por eso, importan treinta millones de litros por día. El año pasado gastaron cinco mil millones de dólares en esas importaciones, pero el presupuesto de 2007 permite sólo la mitad. De allí el racionamiento.

No obstante, el régimen teocrático desafía al mundo con su proyecto nuclear. También interviene en una guerra ajena y alejada de sus fronteras, financiando las actividades terroristas de Hezbollah en el Líbano y de Hamas en los territorios palestinos. Su política engendra sanciones internacionales que agravan su situación interna. Todo contribuye a retrasar la construcción de las refinerías que necesita para liberarse de su dependencia de la nafta. Se privilegia la búsqueda del gran poder, simbolizado por la bomba, y la intervención en Medio Oriente, antes que la infraestructura necesaria para un desenvolvimiento económico sano y un mayor bienestar ciudadano.

Similares son los casos de Corea del Norte y Venezuela. El armamentismo de ambas se financia con la perpetuación del subdesarrollo y la miseria. No otra cosa representa la visita de Estado de Hugo Chávez a Rusia y Belarús, también de fines de junio. Su aspiración es comprar nueve submarinos misilísticos y un sistema de defensa antiaérea. El presidente comandante dice que necesita esos equipos para defenderse de una invasión norteamericana. Los expertos nos recuerdan que en el improbable caso de que se produjera, esos submarinos no podrían acercarse siquiera a un portaaviones norteamericano y a su grupo de batalla.

A semejanza de Irán, en Venezuela se sacrifican los intereses de la gente en aras de la perversa quimera de la ilusión de poder. ¡Como si pudiera haber influencia internacional duradera sin desarrollo!

Este es un síndrome típico de política de poder sin poder, que se repite con variantes en algunos países del Tercer Mundo. Nosotros lo sufrimos en el pasado, no sólo en los tiempos del gobierno militar, con su afición por invadir territorios litigiosos y enriquecer uranio, sino también durante el de Alfonsín, que quiso producir un misil balístico capaz de transportar una bomba atómica mil kilómetros, en sociedad con Saddam Hussein. El hecho de no haber reincidido nos permite suponer que algo hemos aprendido.

Las políticas autodestructivas de este cuño casi siempre vienen acompañadas por un lenguaje metafórico que equipara a los Estados con los individuos. Los proyectos más trasnochados han sido justificados con alusiones al honor y otros atributos más propios de una persona que de un ente colectivo. Estos conceptos oscurecen el hecho de que, muchas veces, cuando un Estado débil desafía a uno poderoso, generando un alto costo para sí, no protagoniza una gesta de coraje como lo hiciera el individuo David frente al gigante Goliat. Más bien, está al servicio de la vanidad de sus elites, a costa del bienestar y a veces también las vidas de grandes multitudes. Traiciona su propio contrato social.

La analogía que equipara la relación entre el Estado y el orden mundial, con el vínculo entre el individuo y su propio Estado, es profundamente falaz y conduce a graves errores normativos. El equívoco, que suele enunciarse en términos antropomorfos, queda ilustrado con una anécdota. En 1984, un periodista me preguntó por radio si debía tolerarse que la Argentina estuviera arrodillada frente al FMI. Contesté que no siendo economista, no quería opinar sobre nuestra deuda, pero que de una cosa sí estaba seguro: la Argentina no tiene rodillas. Después de un instante de alucinado desconcierto, mi interlocutor comprendió y planteó las cosas en un marco más fructífero: ¿qué política hacia el Fondo era la menos costosa para nuestra gente?

Porque de eso se trata: de la gente. Para que una política exterior sea buena, es condición necesaria que aspire a contribuir al bienestar general, evitando gastos y conflictos innecesarios que obstaculizan el desarrollo. En contraste, las malas políticas exteriores persiguen otros fines. Abandonan a la gente.

Esas malas políticas frecuentemente se apoyan en una confusión muy generalizada, vigente desde los tiempos de Emmerich Vattel (1714-67): la falsa premisa de que es cosa buena y necesaria que tanto el Estado como el individuo busquen su "libertad".

Hay pocas falacias tan funestas. La libertad estatal y la individual pueden estar en oposición la una con la otra. Si una nación fuera a tener plena "libertad" para maniobrar en el mundo, entonces su población tendría que someterse a todos los sacrificios necesarios para alcanzar los fines de su Estado. Esto supondría a veces la imposición de brutales limitaciones a la libertad individual y otros derechos cívicos. Pero como desde una perspectiva democrática la vigencia de esos derechos es la mismísima razón de ser del Estado, tal maximalismo es inmoral.

Como gustaba recordar Hans Morgenthau, el individuo puede decir fiat justitia, pereat mundus (hágase justicia aunque el mundo perezca), pero el Estado no tiene el derecho de sostener lo mismo en nombre de los millones de ciudadanos por cuyos derechos debe velar.

Este razonamiento nos conduce a una de las más grandes paradojas del predicamento de las naciones: cuanto mayor es el poder de un Estado, mayor es su capacidad para operar internacionalmente, incluso aceptando confrontaciones, sin sacrificar a su gente. Y ésta es la fuente de una doctrina muy resistida por todos los nacionalismos: la que entiende que cuanto mayor es el poder de una nación, más legítima es su participación en el establecimiento de las reglas de juego del orden mundial. Pasa aquí como con las empresas: algunas son formadoras de precios y otras, no.

Esta asimetría se encuentra en el origen de organismos como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que discriminatoriamente instituye a cinco miembros permanentes con poder de veto. Y es asimismo el motivo por el que afirmo que algunos Estados tienen menos derecho a la bomba que otros. La pregunta crucial que debe hacerse un estadista en esta vital cuestión es: ¿cuánto le cuesta esa bomba a la gente de mi país?

Los patrioteros del mundo han vociferado su condena a este principio. Pero, como también nos enseñara el inefable Johnson con un dictum que ya es cliché, ese patriotismo suele ser el último refugio de un canalla.

El autor es director de Centro de Estudios Internacionales de la Universidad del CEMA

10 de julio de 2007

- CUMPLIR LA LEY -







La calle es de todos



En todo el mundo hay reclamos callejeros, sin distinción entre países desarrollados y subdesarrollados. Los hay por razones sociales, como la falta de empleo, o por razones políticas, como el rechazo a tal o cual medida gubernamental. Los hay por razones tan diversas como diversos son sus promotores. En casi todo el mundo, sin embargo, el derecho de uno a reclamar termina donde comienza el derecho del otro a transitar.

Esa es, quizá, la diferencia principal entre el fenómeno piquetero argentino, parecido al cocalero boliviano, y otras formas de expresar disconformidad o, fiel a su origen, de exigir medidas que faciliten el empleo.

El problema radica en que ese reclamo original por el empleo quedó prácticamente en el olvido, y el método, imitado por todo aquel que quiera ser oído en una sociedad que no suele prestar atención al prójimo, comenzó a ser imitado por sectores no necesariamente identificados con los piqueteros, como los estudiantes, los docentes y miembros de otros gremios.

El corte de una avenida o de una calle, con el consabido perjuicio que ocasiona a quienes circulan por ella, se convierte en un foco de atención, sobre todo por la presencia de medios de comunicación. Ningún piquete tiene éxito si no es registrado por las cámaras fotográficas y de televisión.

Se trata, en definitiva, de una grave anomalía que plantea un evidente y burlón desprecio a los derechos ajenos, inferido a pura prepotencia por sectores minoritarios que, portando palos y encapuchados o sin esos aditamentos tan frecuentes, le imponen a la mayoría su voluntad de obstruir la vía pública. Es un acto de neto corte autoritario.

El gobierno electo de la ciudad de Buenos Aires tiene previsto ordenar los reclamos, de modo de evitar, justamente, que el derecho de unos afecte el de los demás. De ahí que el diputado nacional Federico Pinedo (Pro) haya propuesto que aquellos que pretendan reclamar en la calle deban pedir permiso, como sucede en varios países de Europa y en los Estados Unidos.

En realidad, Pinedo no hizo sino refrescar la memoria sobre la existencia de claras disposiciones a ese respecto. El olvido y el menosprecio de esa normativa son atribuibles a dos factores esenciales: la generalizada anomia, tolerada y alentada desde el Poder Ejecutivo Nacional, y la absoluta falta de herramientas que aqueja al gobierno local, carente de poder de policía y de una fuerza policial propia, llegado el momento de hacer respetar y cumplir la ley.

Así y todo, la letra es clara. El artículo 78 del Código Contravencional de la ciudad de Buenos Aires señala: "Quien impide u obstaculiza la circulación de vehículos por la vía pública o espacios públicos es sancionado con 1 a 5 días de trabajos de utilidad pública o multa de 200 a 1000 pesos. El ejercicio regular de los derechos constitucionales no constituye contravención. A tal fin, deberá, con razonable anticipación, dar aviso a la autoridad competente, debiendo respetarse las indicaciones de ésta, si las hubiere, respecto al ordenamiento".

Como si no bastase con eso, el Código Penal, en su artículo 194, dispone: "El que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicación, de provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a dos años".

La ley no tiene puntos oscuros. Sólo no puede entenderla quien no quiere hacerlo, ya sea por mera ignorancia o concreta y perversa intencionalidad. Es lamentable que a esta última categoría quepa atribuirle el insólito reto emitido por el ex funcionario local y vigente líder piquetero -milita en el Movimiento Libres de Sur- Humberto Tumini, quien lanzó un singular desafío: "Esperen sentados que les pidamos permiso para movilizarnos por nuestros derechos".

La calle es de todos. La más elemental norma de la convivencia dicta que el derecho de uno termina donde el comienza el derecho de los demás, como sucede en todo el mundo. La ley existe en la Argentina; sólo hace falta cumplirla y hacerla cumplir.

9 de julio de 2007

- METROGAS -


La intervención en Metrogas


La improcedente intervención del gobierno nacional, por medio de su impresentable secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en la empresa Metrogas, es un capítulo más de una lamentable política de persecución y amedrentamiento contra el sector privado.

El viernes último, el citado funcionario se presentó en las oficinas de la empresa distribuidora de gas en la ciudad de Buenos Aires y la zona sur del conurbano. En un clima de máxima tensión, acusó a directivos de la empresa de deficiencias en la prestación de sus servicios, al tiempo que se anunció una intervención de esa compañía privada por 180 días, amparándose en la derogada ley de abastecimiento.

Con el correr de las horas, se abandonó la a todas luces disparatada idea de intervenir la empresa, pero se forzó el reemplazo del director general de Metrogas. El anuncio de este cambio fue hecho desde el Ministerio de Planificación Federal, a cargo de Julio De Vido.

Desde donde se lo mire, todo lo ocurrido resulta tan insólito como extremadamente grave. Entre otras cosas, resulta increíble que un funcionario del Poder Ejecutivo pretenda intervenir una empresa privada, con un desconocimiento absoluto de elementales normas constitucionales. No menos increíble es que los cambios en la dirección de una compañía que cotiza en las bolsas de Buenos Aires y de Nueva York sean anunciados públicamente desde un ministerio.

El fondo de la cuestión deja no menos dudas. Alegó el secretario de Comercio Interior que Metrogas había impuesto una restricción del 35 por ciento del gas contratado como firme por las industrias y que la empresa se negó a abandonar tal medida. Pero la pretensión del funcionario chocaba con la orden que el comité de emergencia, creado para afrontar la crisis energética y presidido por el secretario de Energía, Daniel Cameron, les había dado a las empresas distribuidoras de gas de restringir el servicio para evitar males mayores.

Aparece así una lucha por espacios de poder entre un secretario de Comercio Interior que, como de costumbre, se excede en sus atribuciones y un secretario de Energía al que se ha desacreditado, lucha en la cual las empresas prestatarias de los servicios son carne de cañón.

Lo sucedido en Metrogas se produjo poco después de la aplicación de graves sanciones a la empresa petrolera Shell por faltantes de gasoil en algunas de sus estaciones de servicio. En ambos casos, se advierte que las autoridades gubernamentales no tratan a todas las empresas con la misma vara.

Pero lo más grave es que, en momentos en que el presidente de la Nación asegura que la Argentina avanzará hacia una mayor institucionalización con quien espera que lo suceda en el poder, cada día se retrocede más en ese aspecto. Se desconocen las normas y ahora, por si fuera poco, se suplanta a los entes de control de los servicios públicos como autoridad de aplicación por la prepotencia de un funcionario.

La seria crisis energética que vive el país no puede ser enfrentada con actitudes demagógicas ni con actos patoteriles. El secretario de Comercio Interior, el mismo que no hace mucho aseguró que iba a llover gasoil, le haría un favor a la economía argentina si dejara de lado su grotesco afán de protagonismo. Y le haría un doble favor a su gobierno y al país si presentase su renuncia.

Entretanto, es menester que las autoridades nacionales comprendan que la salida de la crisis energética dependerá de la puesta en marcha de soluciones estructurales, que deberán estar acompañadas por el respeto de las reglas de juego y por la generación de un clima propicio para alentar las tan necesarias inversiones en el sector.

8 de julio de 2007

- EFICIENCIA -



Centroizquierda e ineficiencia

Por Pacho O’Donnell
Diario Perfil


El triunfo de Mauricio Macri se basó en una demanda colectiva de orden y eficiencia por parte de una población capitalina harta de la acorralante inseguridad, de la irritativa suciedad, del desbordado caos vehicular, del pésimo funcionamiento de los servicios públicos, de la absoluta impunidad para cortar calles, de la incontenida decadencia de las prestaciones educativas y sanitarias. Males ante los que los sucesivos gobiernos de centroizquierda que gobiernan Buenos Aires desde hace casi una década se han evidenciado impotentes.
Surge entonces una pregunta crucial: ¿es la centroizquierda inevitablemente ineficaz?

Esa sombra parece estar expandiéndose sobre los partidos de ese signo a nivel mundial. La centroizquierda acaba de perder elecciones en Bélgica, en España, en Suecia. En Francia el candidato vencedor, el centroderechista Sarkozy, expuso en su discurso de asunción algunos conceptos que resuenan más allá del país galo; nos guste o no nos guste, también en nuestra Argentina: “Hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. El pensamiento único es el del que lo sabe todo, y que condena la política mientras la practica.

No vamos a permitir mercantilizar el mundo en el que no quede lugar para la cultura: desde 1968 no se podía hablar de moral. Nos habían impuesto el relativismo. La idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes. Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado. Que no había nada sagrado, nada admirable (…) Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor.

Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Voy a rehabilitar el trabajo. Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: ‘Se ha abierto una brecha entre la juventud y la policía’. Los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente, inocente. Defienden los servicios públicos, pero jamás usan un transporte colectivo. Aman tanto la escuela pública, pero sus hijos estudian en colegios privados. Dicen adorar la periferia y jamás viven en ella.

Firman peticiones cuando se expulsa a algún okupa, pero no aceptan que se instalen en su casa. Esa izquierda que desde Mayo del ’68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que atiza el odio a la familia, a la sociedad y a la República. Esto no puede ser perpetuado en un país como Francia y por eso estoy aquí. No podemos inventar impuestos para estimular al que cobra del Estado sin trabajar. Quiero crear una ciudadanía de deberes”.

La centroizquierda argentina enarbola atractivos valores de solidaridad, de sensibilidad social, de no discriminación que, en la práctica, se ven oscurecidos por su horror a imponer orden, haciendo de autoridad y autoritarismo equívocos sinónimos. De allí que asiste paralizada a los cortes de calles y rutas por motivos fútiles que han sustituido a los que en un principio significaron una acción creativa y eficaz de muchos desplazados que reclamaban un lugar en la sociedad.

Pero en los días que corren, con la anuencia gubernamental, asistimos a la angustiante coagulación del tránsito originada, por ejemplo, en que las estufas de algún colegio no funcionan adecuadamente. Ello es, protegido por un equívoco concepto de libertad, una acción autoritaria intolerable. ¿No ha llegado también el momento de legitimar a los cartoneros como una actividad organizada con sus centros de acumulación y de recogida, con sus premios por limpieza pero también con penalidades por una desprolija suciedad que parecería simbolizar un castigo que injustamente recae sobre toda la sociedad, diluyendo una culpa que tiene responsables identificables ?

Otra de las razones del fracaso de la centroizquierda vernácula cuando debe gestionar administraciones nacionales, provinciales o municipales es la dificultad de tomar medidas impuestas por la lógica del gobernar pero que pudieran aparecer como lesivas para los trabajadores. Una consecuencia de ello es la creación de absurdos organismos fantasmas sostenidos con nuestros impuestos, como es el caso, entre otros muchos, de Lafsa, una empresa aérea sin aviones pero con muchos jefes y empleados, con la que se “resolvió”el problema de la crisis de las líneas aéreas privadas.

Ello parecería dar la razón al ex presidente uruguayo Julio M. Sanguinetti, quien pregona que hoy es el centro (como pudorosamente se autodenomina la centroderecha) el movimiento progresista por su apego a la eficiencia y al desarrollo, en contraste con una centroizquierda inmovilista que apela al insaciable ordeñe de un “estado benefactor” hoy inexistente e inviable.

Algo notorio en nuestros “progres” es la repetición agotadora de clichés ideologistas que hicieron crecer en la población la convicción de que en vez de ocuparse de los afligentes problemas que la acosan todos los días, aquellos parecen más ocupados en la reivindicación de la lucha armada de los setenta, en la demonización de los noventa (a pesar de que es público y notorio que, desde el presidente Kirchner para abajo, casi todos los que hoy nos gobiernan desempeñaron funciones relevantes durante esos años), en las leyes que legitiman los vínculos homosexuales, en el debate sobre el control de la natalidad o el aborto, temas que indudablemente merecen atención pero que no deberían aparecer sobreponiéndose o compitiendo con el temor al asalto o al crimen, a los insólitos tiempos de espera en los hospitales, al deterioro de los valores morales, a la decrepitud de programas e instalaciones educativas, etc.

El arrogante enarbolar consignas ideologistas adquirió ribetes de ridículo durante la reciente elección capitalina cuando los rivales de Macri lo acusaban de centroderechista (sin duda lo es) como si a los electores les resultase claro diferenciarlo de los autocalificados como centroizquierdistas. Es otro caso de usurpación de título porque ni el candidato del sector ni sus valedores podrían resistir un examen de sincero progresismo. Como si las historias personales pudieran borrase por el simple expediente de enunciar convicciones contradictorias con aquellas, apostando irritantemente a la supuesta desmemoria colectiva. Las urnas demostraron la hipocresía estratégica.

Esto también afecta a la capacidad ejecutiva de nuestra centroizquierda: la hipervaloración de lo proclamado como sustituto de lo realizado. Hacer es lo mismo que proponer, gobernar es lo mismo que anunciar. Ello sostenido por una infatuada convicción de ser dueños absolutos de la verdad, lo que los lleva, por ejemplo, a la infausta afirmación del candidato “progre” acerca de que quienes lo votaron fueron los ‘inteligentes’, valoración despectiva de más de la mitad del electorado, del “pueblo” al que imaginan interpretar a pesar de un divorcio que se sostiene con terquedad a lo largo de los años. Seguramente culpa del “pueblo”…

Algo que debería diferenciar a la centroizquierda es el honrado manejo de los fondos públicos, puestos al servicio de los intereses de los sectores populares. Lamentablemente, ello también quedó cuestionado por la presunción y evidencia de gravísimos casos de corrupción que no se diferencian de los de los denostados noventa. Además, los subsidios otorgados a nivel nacional con escasos o nulos controles, o los sospechables fondos fiduciarios, no favorecen la imagen de un gobierno que debería hacer de la probidad un inalienable principio republicano y progresista. Ni hablar de la bolsa de papel en el baño…

Conclusión: la centroizquierda tiene consignas mucho más atractivas que la centroderecha pues, por ejemplo, le pertenecen con exclusividad las reivindicaciones por los derechos humanos, pero su ineficiencia en el gobernar y su vacuo ideologismo ha vuelto a poner en valor aquella consigna de “paz y administración” enunciada por uno de los próceres más denostados por el progresismo, Julio A. Roca. Difícil le será lograr éxitos electorales si no logra transmitir una imagen de eficaz preocupación por los problemas más acuciantes de la sociedad.

7 de julio de 2007

- MARAVILLAS -



Hoy, las nuevas maravillas


Como se sabe, de las siete maravillas del mundo antiguo sólo perduran las pirámides de Egipto. Puede vérselas notoriamente deterioradas, debido a que en el transcurso de los últimos cinco mil años a nadie se le ocurrió, en El Cairo, cubrirlas con un lienzo impermeable. Por imprudencia semejante es que Tutankamón diseminó, desde su sarcófago, tantas maldiciones. Los jardines colgantes de Babilonia se secaron cuando, en combate contra hormigas asirias, el rey Nabucodonosor ordenó rociarlas con una sustancia parecida al napalm.

En Efeso, el templo de Artemisa (Diana, para los romanos) demandó 220 años en ser construido y un tal Eróstrato le metió fuego el día de su inauguración, acaso llevado por la habladuría de que la diosa era medio mistonga y todas las noches corría al bosque para hallar solaz en brazos de unos faunos sumamente libidinosos. El faro de Alejandría sucumbió a la desidia del intendente de esa comuna, tipo corrupto que distraía los dracmas para su mantenimiento en juergas con amigotes, uno de ellos apodado Coloso de Rodas.

En fin, seis de las siete maravillas han ido desapareciendo como por arte de birlibirloque, de manera que en 1999 un explorador suizo, Bernard Weber, y luego la Unesco emprendieron una campaña para seleccionar otras que fomentaran el turismo, en sustitución de las que habían sido seleccionadas un poco al voleo por el poeta heleno Antipáter de Sidón, dos siglos antes de Cristo. Quien navegue por Internet y digite la clave www.new7wonders.com comprobará que la propuesta cosechó millones de adherentes, que una lista de 77 candidaturas a tal distinción fue reducida a 21 y que hoy –precisamente hoy–, en Lisboa, se difundirá el veredicto oficial, o sea, la nueva nómina.

El museólogo, antropólogo y perito mercantil Decúbito Peribáñez, representante de la Argentina ante la comisión de la Unesco, telefoneó ayer a este diario y dijo lo siguiente: “La Gran Muralla china, la torre Eiffel, las ruinas de Machu Picchu y el mausoleo de Taj Mahal son números puestos… Lamentablemente, parece que la Bombonera y el aeropuerto de Anillaco han sido descartados, y que la flamante piedra trucha de Tandil ni siquiera fue tenida en cuenta”.

Nada que ver con el tema, agregó: “¿Es cierto que allí están soportando un fresquete bárbaro? Pues bien, aquí hace muchísimo calor y, como nos hospedamos a orillas del Tajo, a Nazarena se le ocurrió…”

Para brindar información concreta sobre las nuevas maravillas, prometió reanudar el diálogo esta noche, apenas se expidieran los árbitros de esta cuestión, en tanto Nazarena no encontrara mejor manera de ocupar el tiempo.

Por Norberto Firpo
Para LA NACION

6 de julio de 2007

- INTELECTOS -



Imposturas intelectuales

Por Damián Tabarovsky
Diario Perfil


Aacabo de terminar de leer un libro muy interesante: Comment parler des livres que l’on n’a pas lus? (¿Cómo hablar de los libros que no hemos leído?) de Pierre Bayard, recientemente publicado en Francia. El título remite a otros libros como ¿Cómo ganar amigos? o ¿Cómo ver un cuadro? o a algún otro manual de autoayuda y reglas de civilidad. Sin embargo es un libro serio, publicado en la muy prestigiosa editorial Minuit.

El ensayo comienza con una cita de Oscar Wilde que ya marca el tono: “Jamás leo un libro sobre el que tengo que escribir una crítica; eso me influenciaría demasiado”. Luego, de manera provocadora (tono que recorre el libro, al mismo tiempo marcado por una gran erudición; como si para hablar acerca de la conveniencia de no leer libros, antes habría que haberlos leídos todos), afirma: “Un postulado implícito de nuestra cultura es que es necesario haber leído un libro para hablar con precisión. Ahora, según mi experiencia, es absolutamente posible mantener una conversación apasionante sobre un libro que no se ha leído, sobre todo con alguien que tampoco lo ha leído”.

Y de allí, salta a una afirmación categórica: “No hay una gran diferencia entre un libro leído (en caso de que esa categoría tenga algún sentido), y un libro hojeado”. No se por qué, pero me imagino la gran recepción que el libro va a tener en Buenos Aires, donde la editorial Anagrama ya adquirió los derechos. Quiero decir: así como existe el test de alcoholemia y se cobran multas, si aquí se hiciera un test de “lecturemia” (es decir, la lectura de los libros sobre los que se habla), es probable que muchos editores, periodistas, escritores, profesores e intelectuales tuviesen que pagar más de una contravención municipal. Conozco cátedras enteras, y hasta alguna revista de crítica cultural, que correrían serios riesgos de cumplir condenas de prisión efectiva. Bayard devela el secreto del truco: el oficio: “No leí Ulises, de Joyce; pero sé que es una reescritura de la Odisea, que trabaja sobre el flujo de la conciencia del personaje, que la acción ocurre en Dublín en un solo día, etc. Permanentemente en mis clases hago referencia a Joyce”. El oficio es la muerte de la lectura.

Pero lo mejor del ensayo son los estudios de casos. La aparición de la no lectura en la propia literatura. En especial, se destacan dos capítulos; uno, llamado “Los libros que hemos hojeado”, donde describe a Paul Valéry como un maestro en la escritura de artículos sobre libros que no leyó. Sobre En busca del tiempo perdido, de Proust, escribe una reseña hecha de frases huecas, donde nunca cita un pasaje concreto, un solo nombre de algún personaje o de alguna situación reconocible. Hasta que, hacia el final del artículo, agrega: “Cualquiera sabe, incluso yo, por el pequeño fragmento que hasta ahora tuve el placer de leer, que se trata de un libro extraordinario”.

El otro buen capítulo, llamado “Los libros que hemos olvidado”, está dedicado a Montaigne y a su elogio de hojear los libros en lugar de leerlos, como forma de recordar mejor su contenido. Montaigne sólo recordaba los libros que no le habían gustado o que no había leído completamente. Obviamente, Bayard concluye que la lectura es ante todo una forma del olvido, idea algo borgeana y ciertamente trillada, pero que no le quita mérito al libro.

¿Cómo hablar de los libros que no hemos leído? hace de cierta liviandad, el sentido del humor y la erudición provocadora sus mejores atributos. Pero también es un libro desencantado, algo pesimista. Ocurre que la gente que lee los libros de punta a punta (entre ellos, yo) no lo hace como una forma de sufrimiento, ni para cumplir con el mandato escolar, ni por ninguna razón moral; sino como una forma de optimismo, de esperanza. Lo hacemos guiados por el anhelo de que incluso en un libro terriblemente malo, más adelante haya oculta una frase genial, una idea maravillosa, un pasaje perfecto. Con eso solo, alcanza para que la lectura se convierta en una experiencia radical.

5 de julio de 2007

- PUNTA DEL ESTE -




Un siglo de vida esteña


Hoy 5 de Julio cumple sus primeros 100 años
el balneario más internacional de América



Hay un momento en que Punta del Este emociona todavía más. Ocurre cada atardecer, cuando llega la hora exacta en que el sol cae y se despide con un estruendo rojo sobre el mar. Cuando eso pasa, no hay palabras; sólo silencio y color. El rito acumula siglos, es cierto. Pero la noticia es que este jueves cumple sus primeros cien años como sello distintivo –único e irrepetible– de la ciudad que es sinónimo de paraíso.

¿Quién diría? Hace un siglo, lo que hoy es el balneario más internacional de América del Sur era sólo un caserío llamado Villa Ituzaingó, una referencia que apenas se distinguía entre la inmensidad de los médanos, el mar abierto, la impiedad del temporal, las gaviotas y los bosques de pinos, que por entonces echaban su primera sombra gracias al tesón de Antonio Lussich, el empedernido pionero que, siembra mediante, se propuso con ellos hacer frente al viento y domesticar el paisaje de modo de hacerlo más amigable a la vida cotidiana.

Hoy, mil rostros tiene la ciudad cuyas chimeneas echan humo de leña cuando llega el invierno, sosegado y ocre, que disfrutan quienes son ya sus pobladores de todo el año. Y que luego, cuando llega el verano, se vuelve celeste, dorada y estridente para ratificar, temporada tras temporada, el mito de lo interminable de sus playas con un abrazo cada vez más amplio, que acoge todas las caras. Todas caben. Todas tienen sitio.

Punta del Este es tumultuosa, pero también exclusiva. Y es internacional, pero el ritmo que la hace latir cada verano es el que inyectan los argentinos. Y es la más moderna, pero también la más clásica. Un clásico que cumple su primer siglo. Por aquí pasan, todos los años, las modelos más lindas del mundo. Pasan el ruido, la moda, la buena cocina, el buen gusto, el arte, el espectáculo y las conferencias. Y antes, no mucho antes, por el mismo sitio pasó, por ejemplo, Ernesto “Che” Guevara, vestido de miliciano y mate en mano, para hablar, en este enclave exclusivo, de “revolución”. Pasó también, y cayó enamorado, Vinicius de Moraes, quien puso música a la península con sus inolvidables noches de bossa nova en La Fusa. Y pasó la risa con Les Luthiers, y tanto pasaron que uno de ellos, Daniel Rabinovich, quedó atrapado por el encanto y echó raíces.

Punta del Este atrajo muy pronto, mucho antes de ser lo que hoy es, a un puñado de argentinos que encontraron en sus playas un paraíso cercano y de privacidad garantizada, dada la epopeya que, hasta hace pocas décadas, significaba llegar aquí. Mucho antes, por cierto, de que los cortes de rutas de esta temporada se impusieran como obstáculo insalvable del viajero. Y cruel barómetro del incomprensible desencuentro entre dos gobiernos hermanos.

Antes, mucho antes, Punta del Este fue el paraíso de mujeres como Amalita Lacroze de Fortabat; Leonor de Anchorena, María Luisa Bemberg. Y de Silvina Bullrich, que escribió entre los pinos y el mar. Fue la tierra que, como pionero, visitó el presidente Julio Argentino Roca, cuando la Argentina despertaba. Y la que fue testigo de la triste reflexión de don Arturo Frondizi, cuando – después– el sueño se volvió pesadilla.

Pero llegan los sueños de descanso. Y en sus orillas descubrió Astor Piazzolla la pasión por la pesca, con la que reposaba en silencio, mirando el mar. Y bajo sus estrellas dejó, impaga, la deuda de un concierto, cerca del cedro azul del que fue su jardín, que a veces parece llorarlo con un aire de Adiós, Nonino arrancado por el viento cuando arrulla cerca de la parada 22 de La Brava.

“Amaba muchísimo la vida y era un enamorado del mar de Punta del Este”, evocó en su momento Amelita Baltar, quien puso voz y alma a la célebre Balada para un loco. El contaba su pasión por esa ciudad todavía silenciosa con cierto tono de chico de arrabal. “Porque estoy enamorado de ella: cerca de Buenos Aires y lejos de lo que no quiero ver”, decía Piazzolla.

Antes, llegaron y buscaron refugio –sin custodia ni garita– los españoles Margarita Xirgu y Rafael Alberti. La casa que fue de ella es fácil de ubicar: se llama como su apellido y está allí, cerca de La Mansa, con un blanco que por la tarde se vuelve rosado para despedir al sol.

En la década del 40, huyendo del franquismo, llegó por primera vez Rafael Alberti. Su casa se llamó La Gallarda, y en su libro Poemas de Punta del Este él mismo describe el cuarto de trabajo que había montado cerca del mar, donde se sentía vital y lleno de entusiasmo. “Siempre me suelo levantar y, sobre todo aquí, en los pinos del Este, antes del alba. Así, a las 10, cuando ya he ganado, trabajando, cinco horas de vida, muchos siguen durmiendo y otros comienzan. Porque son los gallos y no la luna los que iluminan de alegría el papel de mi primera palabra. Y porque, de la neblina del amanecer, se va desprendiendo, poco a poco, la neblina del poema”, escribió.

Y es difícil que esa conmovedora descripción del fantasma de la neblina abriendo paso hacia el sol y hacia el gallo no venga una y otra vez a la memoria en alguna caminata de playa interminable, al alba. Porque, después de eso… ¿quién tiene ganas de quedarse dormido y perder la vida cuando el sol llama desde el horizonte?

Ni mansa ni brava



La orilla. La orilla propia, la uruguaya, llamó a los suyos a la Punta. Y fue cobijo de Carlos Páez Vilaró, que dio forma de castillo y de sueño al vaivén blanco de Casapueblo. Pero su primer refugio y atelier no fue ése, sino un vetusto molino, desnudo de aspas. Hoy, como todos los puntaesteños “de pura cepa”, teme que la rueda sin fin que tanto empuja termine por arrasar la esencia. Y ruega al cielo –y a las autoridades– que pongan orden al crecimiento para que la belleza no se pierda. Nunca. Porque “no creo –dice Páez Vilaró– que la belleza de la naturaleza y la calidad de los habitantes tengan la fuerza suficiente para fijar límites a ese avance tentador de la inversión internacional que hoy la desborda”.

Es que antes –pero no mucho antes– de esa comprensible inquietud de quien ama por lo amado, la punta había sido tierra del comodoro Juan Gorlero. Y del inolvidable líder del Partido Blanco Wilson Ferreira Aldunate. Y de los ex presidentes Luis Alberto Lacalle y Víctor Haedo, cuya casona, La Azotea, tuvo siempre puertas abiertas –y mesas interminables con el habitual menú de tallarines– para todo aquel que tuviera “conversación inteligente”. Hoy atesora un interesantísimo museo y, de la mano de Beatriz Haedo, la hija del segundo, es un acogedor centro cultural, de esos que no pueden ni deben perderse. La inagotable generosidad de su anfitriona abre propuestas y jardines, y “pone el hombro”, con el único requisito de que lo que allí se monte “sea inteligente y de buen gusto”. En eso, sin duda, también aprendió de su padre.

Hoy, a Beatriz le sonríe el rostro y se le iluminan los ojos cuando habla de la Punta del Este de su vida. Esa por la que tanto pasó y de la que tanto supo. Y dice, con la sabiduría de la síntesis, en una charla en su casa de Buenos Aires, desde un balcón con proa al río: “No es cuestión de bolsillo, sino, sobre todo, de buen gusto. De buen hacer. De buen vivir”. No hay modo de ocultarlo: a Beatriz Haedo de Llambí, Punta del Este le late en el alma. Y en la piel.

Décadas de leyendas y de sueños tejidos en el sitio exacto donde el Río de la Plata y el Atlántico se funden en una punta con dos playas –una mansa y otra brava– según la firmeza que lleva la inquietud de las olas, entre la fuerza del mar y la serena terquedad de nuestro río. La geografía donde hoy, por ejemplo, se habla de otras cosas. Como de esa fenomenal fortuna que se llevó una mujer, el verano pasado, en una tarde de suerte en las maquinitas del Conrad. O del “mayor robo de la historia” del balneario, ocurrido hace poco, cuando desapareció medio millón de dólares en alhajas de un chalet en la ruta a José Ignacio,

Según cuentan, antes –no mucho ante– Punta del Este no era ni brava ni mansa. Sí, un poco más serena. Amalia Lacroze de Fortabat, por ejemplo, se acuerda del tiempo en que las casas no sólo no tenían rejas, sino que ni siquiera se cerraban con llave al salir. “Es que al principio éramos siempre los mismos. Era una situación increíble, que no ocurre ahora ni creo que vuelva a ocurrir”, dice.

Pero quien sí asegura que cambia en Punta del Este es ella misma, que se vuelve más informal y abierta. Y que, personaje al fin, invita: “Cuando estés por allí, no dejes de llamarme y seguimos hablando. Te venís a casa en jeans, así nomás. No creas que yo soy del tipo estirado”, insiste.

Pero, por las dudas, advierte: “Eso sí, avisame antes, porque no se entra así nomás”. Y es que los tiempos –efectivamente– han cambiado, y la seguridad y los custodios que la ejercen se vuelven como sombras. Unas sombras de las que antes no había. Y que hoy están.

Lo que sí cuenta Amalita es que ya por entonces estaba Silvina Bullrich, la infatigable escritora del vozarrón inconfundible. Una de las mejores cronistas sociales que tuvo el balneario y que en los setenta anticipaba en las páginas de La Nacion el cambio inexorable del balneario, en el combate –inútil, por otra parte– que el crecimiento libraba contra “las torres” de departamentos.

“Silvina Bullrich siempre trabajaba mucho en Punta del Este. Siempre estaba haciendo algo”, evocó Amalita, tal vez con algo de identificación personal hacia una mujer que, como ella, no parecía detenerse nunca.

Silvina dejó su huella en Punta del Este. Y su deuda de gratitud. A su primer chalet, en la parada 27 de Pinares, le puso por nombre La Creciente, el mismo que eligió como título para una de sus novelas. Ella contó que la pudo comprar gracias al éxito editorial de ese libro “profético sobre el futuro de nuestro país”.

Fruto de su relación con el balneario fueron otros tres libros, inspirados éstos en la costa oriental: Mañana digo basta, Mal don y Los despiadados.

De todos ellos, el más controvertido fue Mal don –que tuvo por escenario a Maldonado–, en el que juega con lo que ocurre en las casas de veraneo cuando, en invierno, quedan desiertas. Y en uno de esos chalets dormidos de su ficción instaló Silvina el escondite de un líder del movimiento guerrillero Tupamaros durante el comienzo del gobierno militar uruguayo. Pero es muy posible que la ficción haya tenido mucho de realidad. Y de destino en otro chalet, bastante más modesto, cerca del que fue suyo.

Con un nombre tan a flor de piel, Mañana digo basta transcurre, en realidad, en La Paloma, en un hábil desplazamiento de pocos kilómetros para, en todo caso, evitar escándalos en la punta que había elegido como segundo hogar. Cuenta allí la historia de una mujer madura, porteña, tan harta y cansada que quiere plantarlo todo para vivir el sueño de residir en una casa perdida, junto al mar. Y olvidarse.

Fue y será

¿Qué fue del Che Guevara en Punta del Este? Ocurrió hace cuarenta años, en agosto de 1961, cuando el balneario no era ni la sombra de lo que es hoy, y fue escenario, sin embargo, de una importante reunión internacional de líderes de América latina. El Che, por entonces ministro de Economía del régimen cubano, asistió y se convirtió en el centro de la reunión. Pasó varias horas en La Azotea, la finca del presidente Haedo. Tomó mate, habló con periodistas de todo el mundo, contestó preguntas, polemizó. Y dejó escrito por allí su agradecimiento para quien “comprende el porqué de nuestra revolución y la necesidad de endurecerse, sin perder jamás la ternura”. Bellas palabras que hoy difícilmente conmuevan a los encerrados en la cárcel del régimen.

Pero todos pasaron por allí, por esta Punta del Este que hoy busca espacio desde Laguna del Sauce hasta José Ignacio. La que se extiende en verano y se vuelve somnolienta en otoño. La que fue y la que será. Y la que, pese a todos esos cambios, siempre invita a lo mismo: tirar una piedra al mar y formular un sueño. Suele ocurrir, sobre todo a esa hora santa en la que el sol estalla en rojo. Y se hunde, como la piedra del sueño, en el mar.

Por Silvia Pisani

La Nación Revista

4 de julio de 2007

- ADIOS NONINO -



A quince años de su muerte

Astor Piazzolla cada día toca mejor


Por Adrián Villegas DYN


Si hubiese sido beneficiado por el guiño de una longevidad bien llevada, el viejo cascarrabias, a los 86 años, hoy seguiría de ronda rupturista, ahora no tan mayoritariamente incomprendido en su complejo, pero talentosísimo proyecto, de aplicarle al tango su inigualable sello transgresor. Y hasta se relamería con esa onda expansiva de tango electrónico que, bajo su influjo, el de Astor Pantaleón Piazzolla, muerto de cáncer hace quince años, luciría, indudablemente, en mucho mejor forma: de Selección y con la diez en la espalda.

En cuanto a lo suyo en particular, ese inigualable estilo vanguardiasta sobre el que todavía se sigue polemizando sin ninguna posibilidad de reconciliación entre uno y otro bando -el clásico y el innovador- Piazzolla se expresaría con una áspera desazón.

Dejó profunda huella musical y dogmática, pero no discípulos de fuste que hicieran escuela, más allá de la existencia de dignísimos y entusiastas proyectos que terminan diluyéndose invariablemente en cansinas copias. Astor nació en una por entonces aristocrática Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921 y trece años más tarde era un canillita literalmente cinematrográfico, haciendo ese rol en el film El día que me quieras , rodado en Nueva York, cuyo protagonista tenía un nombre ya consagrado, el de Carlos Gardel.

Hizo pie en Buenos Aires en 1938, cuando el tango se desperezaba de cierta letanía, incorporándose a la orquesta del también único Aníbal Troilo, quien de todos modos no se animó a darle alas suficientes como para que despegara su ímpetu renovador y entonces Astor, en 1944, se incorporó, como director, a la orquesta que acompañó al cantor Francisco Fiorentino.

Nacía así el Piazzolla de sus propios sueños dorados, tanto como el de los pesadillescos de una entonces mayoría que se resistía casi violentamente a abandonar el conservadurismo y el rasgo ultra tradicional de un género que, no obstante, parecía necesitar nuevas ideas y un horizonte con mayor variedad de matices.

En 1946, lanzó su propia orquesta, con la que por fin consiguió desatar su inspiración sin límites a través de formidables composiciones como " Prepárense", " Contratiempo", " Para Lucirse" y " Lo que vendrá".

En 1954, viajó becado a París, una ciudad que asimiló su genialidad con una dosis muy superior de tolerancia a la de Buenos Aires, que por fin hizo suya un 11 de junio de 1983 a través de un memorable concierto en el teatro Colón.

" Tengo el orgullo de decir que mi música es de Buenos Aires", se atrevió a exclamar al final del histórico show.

Combativo y destructor de moldes, Piazzolla compuso su primer tango en 1932, " La Catinga", nunca difundido y a principios de los 50 se le vino encima una duda existencial: si optaba enteramente por el bandoneón y el tango o si se corría hacia el piano y la música clásica.

Por fortuna para algunos, maldición para otros, eligió el fuelle con el que produjo en 1959 tal vez su pieza cumbre, " Adiós Nonino", un homenaje a su padre recién fallecido, Vicente, al que apodaban Nonino, de ahogado lamento y emocionante hasta el espasmo.

Otra gran creación suya fue el Octeto Buenos Aires, o, lo que sería lo mismo, el Octeto de la Revolución, un tango guerrillero y subversivo para la época, con el que extrañamente grabó sólo dos long plays medianos sobre la base de reinterpretaciones de "Los mareados", "Mi refugio" y Arrabal".

En 1958, Astor se establece en Nueva York y no la pasa nada bien al mezclar el jazz con el tango, un experimento que él mismo acabó boicoteando bajo el argumento de incurrir en excesivas concesiones comerciales. Retornó a Buenos Aires en 1960 y fornó entonces un grupo fundamental en su carrera, el Quinteto Nuevo Tango, con bandoneón, piano, violín, contrabajo y guitarra eléctrica que generó un ardoroso beneplácito entre los estudiantes.

Años antes, provocó una escandalosa pelea entre universitarios y profesores, después de un recital en la Facultad de Derecho, al incluir redoblantes y tambores en su obra de tres movimientos sinfónicos. "Tuve la feliz idea de cambiar el tango", dijo entonces ante felices muchachos y enojadísimos docentes.

Llegó a unir su talento al de artistas de diversos orígenes como George Moustaki, Gerry Mulligan y Garry Burton, grabó composiciones suyas sobre poemas y textos de Jorge Luis Borges con Edmundo Rivero, musicalizó cerca de 40 películas y a los cortos 23 años tocaba bandoneón en los cabarets porteños junto a Pichuco Troilo, al que le dedicó, en 1975, shockeado por su muerte, otra obra esencial, "Suite Troileana", comparable con la tremenda " Libertango".

Previamente, hizo maravillosas obras con el poeta Horacio Ferrer, quien le escribió las inolvidables " Balada para un loco" y " Chiquilín de Bachín" que grabaron con un intérprete de voz y fraseo extraordinarios como Roberto Goyeneche, canciones que le proporcionaron un éxito masivo al que no estaba acostumbrado.

En 1978, protagonizó su peor gestión al grabar una serie de obras menores e innecesarias dedicadas al mundial de fútbol que ganó la Argentina, causando una incómoda suspicacia sobre su relación con la atroz dictadura de entonces.

Solía decir Astor que " el tango nace en los prostíbulos, es la noche misma, el ladrón, el policía, la prostituta, todo lo torcido".

Los que nunca lo quisieron nada, le endilgaron hacer " un tango sin alma que no hacía bailar".

Pero resulta que, quiérase o no, Astor Pantaleón Piazzolla fue el músico de tango más célebre del mundo.

3 de julio de 2007

- EL COLON -


El Colón, joya de la corona

Por Alicia de Arteaga

La Nación



Le tocará a Mauricio Macri inaugurar las obras de restauración del Teatro Colón cuando, el 25 de mayo de 2008, nuestro mayor coliseo celebre el centenario con una función de Aida.

La ópera de Verdi abrió las puertas de la majestuosa sala, cuya construcción demoró 18 años, con la dirección sucesiva de los arquitectos Tamburini, Meano y del belga Jules Dormal. Es la perla del patrimonio y hoy el eje de la transición política en el terreno de la cultura.

Considerada de manera unánime una de las mejores, sino la mejor, salas de ópera del mundo por su acústica excepcional, se entiende por qué resolver el tema de los textiles demanda más tiempo del previsto a los equipos responsables del Master Plan, que dirige Sonia Terreno, y al grupo de asesores consultados, como la reconocida especialista Ruth Corcuera, entre otros.

La puesta a punto del Colón, la mayor en toda su historia, es la obra más importante encarada por las últimas tres administraciones de la ciudad. Comenzó con Fernando de la Rúa y seguirá con Macri, que todavía no ha definido quién será su ministro de Cultura.

Antes de partir a París, el jefe de gobierno electo se reunió con sus colaboradores más cercanos, incluido Ignacio Pablo Liprandi, su referente en el área de cultura.

Liprandi, como Eduardo Costantini, viene del mundo de las finanzas, pero el arte contemporáneo ha sido el rayo que le cambió la vida. Dejó su puesto de asesor de inversiones en una firma con base en Wall Street y se dedicó a estudiar humanidades y a definir el perfil de la colección de arte contemporáneo de artistas argentinos, salvo un LCD ( liquid cristal display ) del británico Julien Opie que instaló luego en un departamento de buena arquitectura, proyecto de Alejandro Bustillo en Barrio Norte.

Liprandi asegura que Macri nunca dijo la frase que erizó los ánimos de la gente del Colón: que "bajaría el número de empleados del teatro de 1300 a 700". No es Macri un hombre de "gran abono", precisamente, pero tiene claro el valor estratégico de este elefante blanco considerado en el imaginario colectivo un orgullo nacional. El Colón es uno de los pocos teatros líricos construidos entre fines del siglo XIX y comienzos del XX que no han padecido el flagelo del incendio que devoró, por ejemplo, La Fenice, de Venecia.

La cuestión de fondo para Macri y su equipo es determinar si los fondos que se destinan a cultura son un gasto o una inversión. Para Jorge Telerman la cultura fue una escalera a la fama, aunque no haya sido suficiente para sostenerlo en el tembladeral que planteó la presencia de Daniel Filmus, ungido candidato del kirchnerismo.

La actual ministra de Cultura de la ciudad, la arquitecta Silvia Fajre, salteña graduada en Tucumán, creció políticamente con su defensa del patrimonio y ha seguido de cerca el proyecto del Master Plan durante tres administraciones. Es obvio pensar que le gustaría ser ella quien ponga el moño de la obra financiada por el BID.

¿Estará listo el teatro el 25 de mayo de 2008? Difícil. El tema de los textiles ha llevado más tiempo que el deseado y todavía falta determinar la incidencia que los cambios, en butacas, sillas y cortinados, tendrán en la legendaria acústica. Ese misterioso equilibrio que le dio a nuestro primer coliseo fama mundial.

2 de julio de 2007

- UN VECINO MUY ILUSTRE -





CABILDO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES


UN VECINO MUY ILUSTRE


La Argentina posee muchos lugares emblemáticos. Recordados monumentos que hacen a nuestra esencia de Nación, de país, de sociedad. El entorno de las Plaza de Mayo es en sí mismo, es una suerte de “lugar histórico”, de encuentros y desencuentros, de actos, de luchas, de marchas, de reclamos y fiestas de todo tipo, en toda época y de todo color.

Un repaso a los edificios históricos

La Casa Rosada, sede del ejecutivo, se levanta en el lugar que ocupara la Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria, construida por orden del Gobernador Fernando Ortiz de Zárate en 1595. La Fortaleza sufrió diversas modificaciones desde la caída de Rosas: demolida parcialmente para la construcción de la Aduana Nueva (según proyecto del arquitecto Eduardo Taylor), del antiguo edificio sólo quedaron en pie el arco de acceso y uno de los edificios virreinales del interior del recinto, refaccionado para su uso como sede del Gobierno. Durante la presidencia de Sarmiento, el edificio se pintó de rosa, inaugurando una tradición que ha llegado a nuestros días y que dio lugar a su nombre popular.

El actual edificio de la Iglesia Metropolitana de La Santísima Trinidad de Buenos Aires, consagrada Catedral en 1836, es el sexto que se levanta en el solar que Juan de Garay le asignara al trazar la ciudad, en 1580. Se sabe que el quinto de los templos se construyó en 1682, pero su factura era tan precaria que en 1727 debió rehacerse la fachada (obra que se atribuye al arquitecto jesuita Andrés Blanqui).

Tras un derrumbe total en 1752, la Iglesia definitiva fue proyectada en 1754 por el arquitecto Antonio Masella. Tiene tres naves e importantes capillas laterales; en el crucero, la cúpula, proyectada por el Arquitecto Alvarez de Rocha en 1770, se eleva sobre un alto tambor; el profundo presbiterio, bajo el cual se encuentra el Panteón de los Canónigos en el que son enterrados los dignatarios de la Catedral termina en un muro recto.

La actual fachada fue diseñada en 1822 por el francés Próspero Catelin, uno de los técnicos europeos contratados por Rivadavia para trabajar en el país; el pórtico dodecástilo, de estilo neoclásico, le da un carácter más civil que religioso. La ornamentación del frontispicio, que representa el reencuentro del patriarca Jacob con su hijo José, fue realizada entre 1860 y 1863 por José Dubourdieu. En 1877, el arquitecto Enrique Aberg reformó la capilla lateral para dar lugar al Mausoleo del General San Martín, obra del escultor Albert Carrier-Belleuse.

La Pirámide de Mayo

En marzo de 1811, para conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, el Cabildo ordenó levantar un monumento en la antigua Plaza de la Victoria. Fue encomendado al alarife Francisco Cañete, que comenzó la obra el 6 de abril y la concluyó el 24 de mayo. Era un modesto obelisco de adobe cocido, de casi quince metros de altura, circundado por una sencilla verja.

El monumento se inauguró el 25 de mayo de 1811, primero de los cuatro días de festejos, que incluyeron danzas y farsas, sorteos, manumisión de esclavos e iluminación de los edificios cercanos. En 1856 se produjo la transformación más importante que sufrió la Pirámide. Según el proyecto de Prilidiano Pueyrredón, el monumento fue revestido con ladrillos y argamasa, lo que aumentó su volumen.

Se colocó una estatua de la República en la cúspide, la única que se conserva y en torno a la base, esculturas alegóricas a la Agricultura, el Comercio, las Ciencias y las Artes, todas ella obra del francés Joseph Dubourdieu. Además, la antigua verja se reemplazó por otra con faroles a gas en los vértices. En 1884 el Intendente Alvear hizo demoler la Recova vieja, que separaba la Plaza del Fuerte de la Plaza de la Victoria.

La Pirámide quedó descentrada en el espacio unificado de la nueva Plaza de Mayo, por lo cual en 1912 fue trasladada a su actual emplazamiento.

EL CABILDO: emblemático y funcional

Al fundar Buenos Aires en 1580, Juan de Garay, según lo establecían de las Leyes de Indias, destinó para sede del Cabildo y cárcel este solar, en uno de los bordes de la Plaza Mayor. El Cabildo se ocupaba del gobierno de la ciudad y administraba justicia. Sus integrantes eran elegidos anualmente entre los vecinos, por votación pública. Las reuniones ordinarias del Cabildo, celebradas semanalmente en la Sala Capitular, eran convocadas al son de campana tañida. Los cabildos abiertos deliberaban sólo en casos de emergencia pública.

A partir de las Invasiones Inglesas de 1806/1807, el Cabildo asumió poder político, como organismo de legitimación de los vecinos frente a un Virrey cuestionado por la opinión general. Desde 1808, la crisis institucional derivada de la ocupación napoleónica en España acentuó su posición de referente autónomo de los sectores locales, e inició el camino de ruptura con el poder monárquico. Ante la disolución de la Junta Central de Sevilla, el Virrey convocó al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en el que se decidió su reemplazo por un nuevo gobierno.

Los sucesos del 25 de mayo desembocaron en la constitución de la Primera Junta de Gobierno Patrio, que sesionó en el Cabildo. La Ley de Supresión de los Cabildos de 1821 puso fin a la institución. El edificio original del Cabildo fue demolido en las primeras décadas del siglo XVIII. Lo reemplazó un edificio de dos plantas, proyectado por el Hermano Jesuita Andrés Blanqui, cuya construcción se terminó en 1751.

Con doble arquería hacia el frente de la Plaza y una torre central, albergaba en su planta baja una capilla y oficinas, y, en la planta alta, la Sala Capitular. En 1767 se anexó el terreno posterior, donde se construyó una cárcel para hombres, separada del edificio principal por un patio. Desde 1812 en adelante sufrió modificaciones y cambios de uso, que culminaron en 1879 con la remodelación proyectada por Pedro Benoit para adaptar al Cabildo como sede de los Tribunales de Justicia. El edificio quedó sustancialmente modificado, con el techado de los patios internos, el agregado de un cuerpo a la torre y la italianización de la fachada.

En 1889, se demolieron tres arcos del sector norte para dar lugar a la apertura de la Avenida de Mayo. En 1931, la apertura de la Diagonal Sur suprimió tres arcos del sector sur, reemplazados por una esquina en ochava. Para entonces, la torre ya había sido demolida, por problemas estructurales. Fue restaurado en 1940 por el Arquitecto Mario Buschiazzo.

Sobre la base de fuentes documentales gráficas y escritas, sondeos y cateos en obra, Buschiazzo retrotrajo al Cabildo al aspecto que ofrecía en la época colonial, reconstruyendo la torre, recuperando los tejados a dos aguas, rehaciendo carpinterías y herrería según los referentes de fines del siglo XVIII.

Hoy es sede de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos y del Museo Histórico Nacional del Cabildo de Buenos Aires y de la Revolución de Mayo.

Indudablemente: el Cabildo es el edificio histórico más importante de la Ciudad de Buenos Aires y seguramente uno de los más trascendentes del país por todo lo expresado y acontecido, pese a sus interminables remodelaciones, que le costaron innumerables pérdidas materiales, sigue en pié... ¿Hasta cuando?.

Sería bueno destacar que desde allí se comandó la defensa y posterior recuperación de la Ciudad de Buenos Aires, que en sus claustros se consensuó y se sancionó el primer Gobierno Patrio y además se ejerció el poder mucho antes y después de Mayo de 1810.

El advenimiento a la democracia, tuvo como escenario elegido al Cabildo de la Ciudad (aunque no compartamos ciertas cosas con el Dr. R.R. Alfonsín) Desde su fundación hasta la actualidad es indiscutible protagonista de nuestra historia, política, social y de nuestra conformación Nacional.

Sería interesante preguntarnos: ¿Quién cuida a nuestro Cabildo en ésta Ciudad Olvidada?
Actualmente depende orgánicamente a la Secretaría de Cultura de la Nación, que deriva en forma directa de la Presidencia.

Lamentablemente solo se acuerdan para las fechas patrias y a medias, ya que se lo vincula erróneamente con lo castrense. Es blanco firme de inescrupulosas pintada, silencioso testigo de actos de todo tipo es la histórica Plaza de Mayo. Presa fácil de “tomas” y vandalismo, solo de tanto en tanto y no más de una vez al año, el Gobierno de la Ciudad ilumina y pinta por caridad, ornamenta con banderas y otras cosas “de forma y no de fondo”

El Museo Histórico Nacional, no dispone de seguridad importante, su patio hace más de dos años fue “levantado” y solo quedó terminado el piso. Sus árboles fueron tirados por estar enfermos, caídos, torcidos, faltos de apuntalamiento, mantenimiento e higiene. Los Patricios, conforman un importante elemento de atracción, amén del hecho histórico y turístico.

Custodios naturales del lugar, como Granaderos lo es de la Casa de Gobierno, no se los ve casi nuca “por falta de seguridad” debido a las continuas manifestaciones que se realizan en la zona “sitiada”. Estamos hablando del Primer Regimiento Nacional y el único de la Ciudad de Buenos Aires, que fue el encargado de expulsar al invasor inglés, con antelación a la gesta de 1810. – Reconquista de la Ciudad Regimiento de Infantería 1 “Patricios de Buenos Aires” – a las órdenes de su primer jefe: Tte. Cnel. Don Cornelio Saavedra.

A lo largo de los años hemos asistido a la colocación de carteles de Obras Públicas inconclusas y al robo sistemático del patrimonio nacional, cultural e histórico de todos los Argentinos.
Pensando que falta nada más que tres años para el Bicentenario, al que con lógico motivo se le ha de prestar cierta importancia, creemos conveniente destacar que la desidia nacional, también está presente en éste Monumento, que parece simbolizar y expresar lo que sienten muchos por nuestra historia, nuestro pasado, nuestro patrimonio y nuestra cultura.

Como rezaba en el final de un conocido y premiado video titulado igual que ésta nota: “Un Vecino muy Ilustre” dedicado al nuestro Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires: “Sus paredes encierran reliquias y recuerdos del ayer, que son de todos, porque todos somos protagonistas de la historia...”

Ricardo A. Carrasquet

1 de julio de 2007

- HAY CIUDAD... -


En la ciudad hay
normas que ya nadie respeta



Muchas no son fiscalizadas y otras quedaron obsoletas



Aunque muy pocos lo sepan, en la ciudad de Buenos Aires está prohibido colocar macetas en cornisas y, si suponen riesgos para terceros, en balcones. Tampoco se puede preparar en la vía pública mezcla de hormigón para construir, inducir a un menor de edad a pedir limosna ni practicar la polémica tarea de “cuidacoches”. Sin embargo, estas violaciones de normas vigentes son moneda corriente en las calles, y las multas para sancionarlas, pocas o nulas.

Pero no sólo ese tipo de normas se incumple: la Capital también posee ordenanzas y resoluciones obsoletas y hasta insólitas que, como la costumbre social las ha ido cambiando, dejaron de ser punibles, aunque nadie las haya derogado. Por ejemplo, ¿cuántas personas saben que en la ciudad está prohibido remontar barriletes salvo en la plaza Irlanda y en los parques Saavedra, de la Victoria, General Paz y San Benito, y que los bares están obligados a tener azucareras de metal o de vidrio?

Entre las normas nuevas que integran el Código Contravencional de la ciudad figura la que indica que será sancionado con entre 1 y 20 días de trabajo de utilidad pública quien induzca a un menor de edad o con necesidades especiales a pedir limosna. Fuentes policiales reconocieron a LA NACION que esa pena, en los hechos, no se aplica.

La prohibición de la actividad de cuidacoches también está especificada en ese código, que dice que quien la ejerza debería ser sancionado con uno o dos días de trabajo de utilidad pública, o con una multa de 200 a 400 pesos. Sin embargo, se los suele ver en muchísimas calles del distrito desempeñándose ante los ojos de la propia policía y algunos hasta usan pecheras. Se estima que los cuidacoches obtienen de ganancia entre 100 y 200 pesos por noche.

En la nómina de acciones que siguen prohibidas en la Capital sigue vigente una sumamente curiosa. Data de 1919 y especifica que es obligatorio en los cafés, bares, confiterías y lecherías -sí, leyó bien- el uso de "azucareras de metal, loza o de vidrio, de cierre hermético y con buena abertura automática para la extracción del azúcar". Y agrega: "El azúcar en pancitos se podrá suministrar en paquetes de papel impermeable y que contenga cuatro panes como mínimo". ¿Y los sobrecitos con azúcar que hoy usamos? Bien, gracias.

"Esas ordenanzas, entre otras, están formalmente vigentes pero, de hecho, muchas de ellas han caído en desuetudo . Este es un fenómeno jurídico por el cual la prohibición es derogada socialmente por un comportamiento masivo y permanente, contrario a la norma. Pero en lo formal, siguen en pie. Estamos trabajando en un digesto jurídico (ver aparte) para erradicarlas definitivamente", dijo a LA NACION el diputado macrista Jorge Enríquez, integrante de la comisión de Justicia de la Legislatura porteña.

Y hay más. En la Capital está hoy vigente la prohibición de instalar gallineros en las azoteas (que data de una ordenanza de 1903), mantener cerdos en pie, cualquiera que fuere su número (de 1867), y la exhibición pública de animales bravíos y salvajes, aunque domesticados, como monos y osos, entre otros (1891). Esto implica que quien posea un oso panda en su departamento de dos ambientes deberá saber que no podrá mostrarlo en Plaza de Mayo, por ejemplo...

Mostaza y empleados públicos

Otras normativas, más cercanas en el tiempo pero también lejanas al cumplimiento efectivo de la gente, especifican que los puestos de diarios no pueden tener revistas o películas pornográficas a la vista de menores; que en los bares, restaurantes y puestos ambulantes es obligatorio ofrecer los aderezos en sachets individuales; que todo empleado público, si alguien se lo pidiera, debe informar su nombre y su cargo, así como los de su superior jerárquico, y que los comercios que sirvan comida deben tener sus menús en sistema braille.

"Algunas leyes hay que derogarlas porque no tienen razón de ser. Por ejemplo, el azúcar en pancitos ya no se usa y el menú con sistema braille es la primera vez que lo escucho. ¡Ni siquiera hay en los restaurantes de cinco tenedores! Y además, con las variaciones de precios que existen por la inflación, ¿cómo se hace si aumentan los costos de un día para el otro para tener un menú con sistema braille actualizado?", dijo a LA NACION Víctor Bardavid, propietario de restaurante El Solar de la Concordia, sobre la calle Viamonte al 1400.

Entre otras disposiciones vigentes, pero que nadie hace cumplir, figuran la que dispone que en los días de lluvia los colectivos urbanos deben parar en todas las esquinas y que en esas unidades no se puede escupir ni sacar los brazos por la ventanilla; que en los cines, cuando las funciones no son numeradas, deben colocar un cartel si se vendió más del 90 por ciento de las entradas; que los fotógrafos y dibujantes que trabajen en parques y plazas, además de un permiso, deberán usar un guardapolvo o un saco, y que en las plateas de teatros y cines está prohibida la presencia de personas de cualquier sexo, con sombrero puesto.

"La construcción de la autonomía de la ciudad requiere normas más claras. Estamos en una transición que va de las ordenanzas municipales a las leyes de la ciudad autónoma. Hay normas obsoletas y otras tan obvias que ni hace falta promulgarlas", dijo a LA NACION Agustín Zbar, procurador general de la ciudad.

Hasta 1998, tocar un silbato en la calle o vestir ropas del otro sexo era motivo para pasar algunas horas en la cárcel. Los edictos policiales, que hasta entonces imponían la legislación acerca del uso del espacio público así lo establecían. Muchas de esas viejas disposiciones fueron absorbidas por el Código Contravencional de la ciudad, por lo que pasaron a ser contravenciones, y otras fueron eliminadas. Pero queda un rezago importante que genera la inseguridad de pensar qué pasaría si a algún funcionario se le ocurriera aplicar algún edicto no derogado.

Por Pablo Tomino
De la Redacción de LA NACION

30 de junio de 2007

- PUENTES -


Tender puentes, no cortarlos


Uno de los episodios más lamentables de las relaciones exteriores de la Argentina es, sin lugar a dudas, la confrontación con Uruguay por la instalación de una planta de fabricación de pasta celulósica en la localidad de Fray Bentos, en la orilla oriental del Río Uruguay. La cerrazón en la dirigencia política de ambos países desembocó en una situación de tirantez diplomática inédita entre dos naciones hermanadas por la historia, en la que los cortes de rutas y puentes han sido factores determinantes para la creación de un clima de crispación que en nada ayuda a la búsqueda de denominadores comunes.

Por eso resulta altamente preocupante la confirmación de parte del gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, de que el estado provincial ayudó y continuará ayudando económicamente a los asambleístas que desde hace meses bloquean los pasos fronterizos. Los cortes permanentes requieren no sólo espíritu de lucha y tiempo para hacerlo, sino también fondos para ser sostenidos.

Se ha dicho que los fondos públicos serán empleados para financiar las tareas de divulgación de la lucha ambiental y para apoyar a las movilizaciones en contra del funcionamiento de la planta de Botnia. Busti ha expresado que la ayuda económica no se dará para que los asambleístas corten las rutas. Sin embargo, en un país en que las rendiciones de cuentas y la asunción de responsabilidad por el destino de fondos públicos no es una práctica habitual, ¿quien puede garantizar que la ayuda prometida por el mandatario entrerriano no terminará financiando los cortes de carreteras?

El puente que vincula Gualeguaychú con Fray Bentos está bloqueado desde diciembre último, mientras que el tránsito en las rutas de Colón a Paysandú y de Concordia a Salto es interrumpido según un cronograma fijado por los asambleístas. De acuerdo con algunos de los representantes de los vecinos entrerrianos que realizan los cortes, se está proyectando un corte más prolongado para las vacaciones de invierno en Concordia, para lo cual sus organizadores consideran que serán necesarios algunos elementos, como carpas y casas rodantes, para poder enfrentar el frío y porque, según sus estimaciones, "la lucha se va a intensificar el día que Botnia empiece a andar".

Como lo hemos señalado en reiteradas oportunidades en esta columna editorial, impedir el ejercicio del tránsito en puentes, rutas o caminos de uso público significa lesionar autoritariamente el derecho de entrar, permanecer, transitar y salir del país, que la Constitución garantiza a todos sus habitantes. El hecho de que un grupo de vecinos ejerza libremente su libertad de expresión y se manifieste en contra de la instalación de la pastera, cuya inauguración se prevé para octubre o noviembre próximos, no puede ser usado como argumento para justificar la ejecución de actos ilícitos, ajenos a esa libertad y dirigidos a lesionar la libertad de tránsito.

Esto no implica desconocer la legitimidad de los reclamos de los vecinos frente a proyectos industriales que pueden afectar el medio ambiente. Pero de ninguna manera se puede avalar la acción directa y su sostenimiento económico por parte del estado provincial, porque son métodos ajenos a una sociedad madura que pretende que sus puntos de vista sean oídos y tenidos en cuenta.

Actitudes como la del mandatario entrerriano de apoyar económicamente a los asambleístas, al igual que la complicidad del gobierno nacional con los cortes de rutas, no contribuirán a serenar los ánimos y mucho menos a liberar el camino de escollos para un diálogo franco y fecundo.

Mientras continúa la tensión en las relaciones entre Uruguay y la Argentina, las Academias de Letras de ambos países y de Paraguay han propuesto una serie de proyectos para robustecer históricos lazos, bajo un lema muy oportuno: "La lengua y la literatura son puentes sobre el río". Y nos han recordado que el mejor de los sentidos del verbo "pontificar" es "tender puentes", no cortarlos.

29 de junio de 2007

- LA BIBLIOTECA DIGITAL -


Alejandría en Internet

Hace años que se habla de la creación de "la super biblioteca digital" y poco a poco vamos asistiendo a su definitiva concreción.

Pese a los muchos problemas legales Google y Microsoft entre otros, lo está haciendo a pasos agigantados. Realmente creo que es importantísimo para que cualquier persona pueda acceder a contenidos de diversa índole. De hecho cada vez hay más y mejor material en la Web! Se han creado PDF con algunos libros en Internet para ser leídos en pantalla, como por ejemplo en la Argentina: Clarín ha publicado a los ganadores sus premios y diversos textos y ensayos; Jorge Asís fue entregando de a capítulos su último título: "Hombre de Gris", etc.

Hay otra posibilidad, para los que les guste más el “papel tradicional” es imprimirlo y ó grabarlo en CD ó DVD para los que gusten “atesorar” texto e información. Lo importante es “el alcance y la llegada” a la literatura y a la información toda de la mayor cantidad de individuos, en cualquier lugar donde habiten (siempre y cuando cuente con una PC, claro está).

¡Esta es una revolución que debemos saber aprovechar...!

El tema de Derechos de Autor, debería ser asistido por parte de los que publiquen los contenidos y solventado con dineros adquiridos por la publicidad que, de hecho, habrá en sus páginas Web. Deberán intervenir protagónicamente las Editoriales ó irán quedando fuera, como va ocurriendo con todo lo impreso! Argentores (Sociedad General de Autores) y la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) en el caso Latinoamérica, puede asesorar sobre los alcances, así como SADAIC (Sociedad de Autores y Compositores) junto a CAPIF (Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas), lo hacen con la música (NASPER - KAZAA, etc.)

La “era digital” no da respiro a nadie. Alvin Toffler y Nicholas Negroponte se quedaron cortos en “La Tercera Ola” y “Ser Digital” respectivamente. El genial Ray Bradbury siempre dijo que a través de sus años en “la ciencia-ficción”, lo que le había fallado ó no había tenido en cuenta, era su desconocimiento e imaginación sobre lo que ocurriría con los chips y la microelectrónica.

Las nuevas tecnologías sirven para el aprendizaje y la enseñanza de todos. La difusión de “todo” hace que masivamente los interesados ingresen a mundos vedados –casi sin darse cuenta- Esto es la tan mentada cultura de la información, que abarca tanto: texto, voz, imágenes fijas y en movimiento, datos y audio en general, música en particular.

Todo está en la red.

Lo bueno y lo malo pasa por Internet.

Cada uno sabrá como sacarle el jugo provechosamente ó no!


Ricardo A. Carrasquet

27 de junio de 2007

- CULTURA Y COMUNICACION -




LA CULTURA

Y LA

COMUNICACIÓN



La Cultura es entre tantas otras cosas, una herramienta de inclusión y participación, que debería funcionar como un elemento de reparación social, para un tejido tan dañado, frustrado y castigado como el nuestro (estamos hablando de la mismísima Ciudad de Buenos Aires)

Esta tarea no se podrá llevar adelante y acabadamente bien, si no se dispone de otra pieza fundamental: la de divulgación, propagación y transmisión que es la Comunicación.

No importa solamente “lo que pasa” ó “lo que se hace”; es indispensable comunicarlo, transmitirlo y divulgarlo a la población toda y específicamente llegar a cada nicho poblacional, a cada segmento socio cultural debidamente determinado por: Edad, sexo, educación, interés, necesidad e innumerables variables que soportarían los más sofisticados estudios sociológicos, tal como los que se llevan a cabo para segmentar un producto, previo testeo de lanzamiento en campaña publicitaria. Estamos hablando de “la bendita pauta”.

La fusión de ambas disciplinas en forma mancomunada, tendera a cambiar los escenarios de clarificación y penetración, en lo que a políticas profundamente sociales y educacionales deberemos intentar llegar a beneficiar.

La participación ciudadana en los quehaceres culturales barriales deberá ser profundamente abarcativa, tanto en sus contenidos, como a los que se pretenda llegar: personas, vecinos, habitantes, turistas, pasajeros, etc. Lo importante es que a la gente “le cambie en algo la vida” el contacto con la cultura y de este modo la integre a otro mundo, un poco más profundo, diverso y creativo.
Con el tiempo nacerá algo nuevo: de la Siembra y el Cultivo... ¡De eso se trata!

Pese a que se cuente con programas buenos ó excelentes, éstos NO funcionarán si los actores no lo saben. Si la gente no se entera, si la población no participa, si los vecinos no se integran, -tanto en forma activa como pasiva- De nada sirve esfuerzo alguno.

Una buena comunicación es la piedra basal de todo intento de logro que muchas veces va aparejado con el éxito.
Si no entendemos esto, las ideas navegaran, UNA VEZ MÁS -solamente para pocos- y no se contribuirá el desafío de la hora.
No son dos cosas tan distintas. Solo se trata de darles un buen uso y para ello hace falta conocimiento.

Un ejemplo palpable: colocar al Canal de la Ciudad en manos de gente de la Cultura y la Comunicación. ¡Esa es la fórmula correcta!

Ricardo A. Carrasquet

26 de junio de 2007

- ADICCIONES -




Una sociedad con muchas adicciones

Por Carlos Souza
Para LA NACION



La Asamblea General de las Naciones Unidas en 1987 decidió establecer el 26 de junio de cada año como Día Internacional de Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. En el país, se constituyó en 1989 la Sedronar, como el organismo oficial a cargo de gestionar acciones de prevención y asistencia a drogodependientes e introducir un amplio abanico de estrategias para reducir la oferta y demanda de sustancias psicoactivas.

En ambos casos se logró jerarquizar un problema que afecta a la comunidad y también ubicar al adicto, último eslabón de una oscura maraña delictiva, no como a alguien con fallas morales sino como a una persona con un problema personal, familiar y social: un avance, sin duda.

Pero fue más importante el trabajo de las organizaciones no gubernamentales (ONG). En 1973, Carlos Novelli se convirtió en pionero en el desarrollo de sistemas de tratamiento basados en la comunidad terapéutica, exitosa modalidad sustentada no sólo en lograr la abstinencia, sino en recuperar valores como la dignidad, la solidaridad y la ética del trabajo.

Así como la existencia de una ley no significa que se cumpla, la existencia de un organismo a cargo de las políticas de drogas no implica que se hayan logrado sostener eficaces políticas de Estado en la materia. Las cifras son elocuentes: en apenas cuatro años, el consumo de paco aumentó un 200%. Según un estudio financiado por la OEA, la venta de cerveza creció de 240 millones de litros en 1980 a 1300 millones en la actualidad, un aumento del 400%. Se duplicó la atención de emergencias derivadas de accidentes vinculados con el consumo de alcohol y drogas entre 1995 y 2003. El alcohol y las drogas están presentes en cuatro de cada diez accidentes automovilísticos.

El que se tome como algo natural el consumo creciente de droga, como está sucediendo, no nos debe llevar a claudicar en la generación y puesta en práctica de acciones asistenciales y preventivas, aunque esto signifique cubrir con un mantel chico una mesa grande. El mantel debe ser cada vez más grande, lo que no ocurre en la actualidad. El presupuesto anual de la Sedronar es de 23 millones de pesos. Esta partida es absolutamente insuficiente. Chile tiene un presupuesto de 18 millones de dólares; Brasil, de 46,2 millones de dólares; Bolivia, 23,2; Uruguay, 8,3, y Ecuador, 13,1 millones de dólares.

No ayuda la actual discusión sobre quién tendría a su cargo el Registro Nacional de Precursores Químicos (Renpre) actualmente en la órbita de la Sedronar, disputado por el Ministerio del Interior. Los precursores químicos son los elementos indispensables para la fabricación de cocaína. Actualmente, su venta está significativamente más controlada y restringida, con el objetivo de frenar la proliferación de las llamadas "cocinas" o laboratorios clandestinos. No obstante, valdría la pena analizar el fenómeno. A menor circulación de precursores químicos, menor fabricación de cocaína en laboratorios clandestinos tendremos, pero mayor circulación de pasta base de cocaína, ya que ésta no dejará de ingresar por nuestras porosas fronteras. Se repara una grieta y se abre otra: un dilema de compleja resolución.

Nuestra sociedad tiene mucho de adicta: adicción a drogas, psicofármacos, alcohol y nicotina. Pero también tenemos adicción al poder, al vértigo, a la transgresión y a las marcas. Un adicto a las sustancias psicoactivas se familiariza con hábitos destructivos. Nosotros nos familiarizamos con las cifras; ya no nos conmueven: son números. Un adicto no logra proyectarse: vive en el presente, en la inmediatez, o en el pasado. Resuelve a través de impulsos, que le otorgan un ilusorio y temporario sentimiento de control de las cosas que lo rodean. Transgrede normas. Es víctima de su inmadurez emocional. El primer objetivo en la terapia con adictos es que logren pasar del mundo de la inmediatez a la capacidad para reflexionar sobre sí mismos. Para lograr esto, es necesario que todos -sujeto, familia y redes de contención- vuelvan a considerar problemáticos hábitos destructivos con los que hoy estamos patológicamente familiarizados.

No hay que hundirse en el desaliento y la desesperanza. Contamos con grandes potenciales, tanto en el plano gubernamental como en la sociedad. Las ONG son reservorios de experiencia y trabajo de campo. Complementan, no sustituyen, la acción del Estado. Priorizar el problema es también dejar de lado el debate sobre la legalización de las drogas, estéril en el actual contexto de emergencia.

Aunque no parezca progresista, la salida sigue siendo la toma de conciencia colectiva sobre el problema de la droga y sus consecuencias, la asignación de recursos necesarios para encarar sólidos programas y reforzar los existentes, simultáneamente con la articulación de redes sociales de contención que apunten a desarrollar personalidades con pensamiento crítico y a recuperar el sentimiento de comunidad.

El autor es presidente de la Fundación Aylén para la Prevención y Asistencia de las Adicciones

25 de junio de 2007

- GOLPES... -




Al Presidente lo golpearon
por derecha y por izquierda

Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION


Difícilmente las derrotas de ayer puedan vestirse de fiesta. Al Presidente lo han golpeado por derecha y por izquierda. Mauricio Macri lo batió en la Capital y Fabiana Ríos lo tumbó en el confín del mundo, en Tierra del Fuego, al lado de la provincia de sus amores, Santa Cruz. Si en algún momento el talento chisporroteara en un sector de su oposición nacional, el Presidente se verá obligado a tomar precauciones sobre su proyecto fundamental. A este ritmo de fracasos electorales, hasta los comicios presidenciales de octubre podrían entrar en un mundo nuevo de incertidumbres.

Un Sapag lo acaba de voltear en Neuquén y Hermes Binner se prepara para traquetearlo en Santa Fe. Casi ninguna apuesta distrital le salió bien a Kirchner. Es probable que ese amplio paisaje de capitulaciones no esté indicando nada todavía sobre la continuidad –o no– del kirchnerismo en el poder. Pero la política se torna más imprevisible que su propia naturaleza cuando entra en una enrevesada y díscola vorágine como la de los últimos tiempos.

Según el encuestador Julio Aurelio, Kirchner y Filmus tuvieron un 50% de votos propios y convencidos, y otro 50% de votos anti-macri. En cambio, más del 70% de los votos de Macri le pertenecen a él y menos del 30% son sólo antikirchneristas. Si fuera así, Kirchner ha confirmado que no puede superar en la Capital ese 20% que ya tuvo como candidato a presidente. El mismo porcentaje lo confirmaron Rafael Bielsa, como delegado suyo en las elecciones legislativas de 2005, y Filmus ahora, como pretendiente, también suyo, a la jefatura del gobierno porteño.

Kirchner tiene definitivamente un conflicto irresuelto con los capitalinos. Quizá el problema viene del preconcepto de muchos caudillos provinciales (Adolfo Rodríguez Saá creía lo mismo) de que los porteños son irremediablemente progresistas. De ahí la reincidencia del Presidente con los discursos de monotonía progresista. Los porteños son progresistas en las costumbres sociales y en ciertas sensibilidades, pero son, a la vez, muy pragmáticos cuando deciden quiénes los gobernarán. Esa oscilación social entre pragmatismo y progresismo ha terminado, parece, confundiendo a Kirchner.

Otro aspecto del Presidente que los capitalinos no están dispuestos a perdonarle fácilmente es su estilo de político parlanchín, confrontativo y a veces arbitrario. La sociedad de la Capital es demasiado sofisticada como para digerir los desórdenes intelectuales de Kirchner y su consiguiente barullo dialéctico. Ya se lo hizo saber en las elecciones de 2003, en las de 2005 y ahora. ¿Ha decidido perder para siempre la Capital, el distrito natural de cualquier presidente?

La derrota contundente y la fiesta inexplicable. "Nunca tuvimos, como ahora, el 40% de los votos", se pavoneó Filmus. ¿A quiénes se refiere esa primera persona del plural? ¿Al peronismo? Perón y Cámpora tuvieron un porcentaje mayor de votos en la Capital en 1973. ¿O aludía al progresismo? Aníbal Ibarra derrotó a Macri, en la segunda vuelta de 2003, con casi el 54% de los votos. Aquel Ibarra fue más apoyado por Kirchner, como presidente recién estrenado, que Filmus en los últimos días.

El kirchnerismo tiene un desprecio a flor de piel por los que votan otra cosa. El propio Filmus cometió anoche dos errores garrafales, de los que la democracia no debería absolverlo: jamás nombró a Macri cuando saludó al candidato triunfador y, encima, dedujo que a su fórmula la habían votado "los que piensan". Es el mismo candidato que tras la primera vuelta, hace tres semanas, señaló a una sociedad que "se equivocó". Sus palabras de antes y de ahora exudan cierto mesianismo y una cuota no menor de arrogancia.

Los hechos son mejores que las deducciones. Les guste o no, ha surgido un líder opositor con Macri. Ayer ganó la segunda elección consecutiva en tres semanas, con márgenes que abisman, y antes ya había triunfado en las legislativas de 2005 y en la primera vuelta de 2003. Ni Ricardo López Murphy ni Roberto Lavagna ni Elisa Carrió están en condiciones de mostrar un currículum tan amplio de victorias en uno de los cuatro distritos más importantes.

Algunos opositores temen a lo que ellos llaman el 18 de Brumario argentino. Ese día del calendario de la revolución francesa, Napoleón se alzó con el poder gracias a las divisiones de sus opositores y al apoyo de los franceses. El 18 de Brumario macrista sería para desplumarlos de su lugar a los candidatos opositores que trabajan para octubre. El debate sobre la actitud de Macri en las próximas presidenciales se abrirá, lo quiera Macri o no. Sin embargo, es preferible dejar las cosas como están. El decurso de la política puede vislumbrarse, pero no puede precipitarse.

¿Será generoso Kirchner al negociar con Macri? Le cuesta acomodarse a las malas circunstancias, pero siempre termina reconociendo que su universo ha cambiado. La aceptación de la derrota en Misiones le llevó una semana y otra semana le costó darse cuenta que había perdido muy mal en la Capital.

Seguramente lo recibirá a Macri en las próximas horas y lo tratará amablemente, como lo hace en todos los encuentros con personas que no se inclinan bajo su reinado. La pregunta, sin respuesta aún, consiste en saber si lo liberará a Macri de los obstáculos que podrían afear su gestión. El primero de ellos sería si no contara con una policía propia, que convertirían en imposibles de cumplir muchas promesas de Macri.

¿Qué extraño hilo de la historia une a Macri, a Fabiana Ríos, a Sapag y a Binner? Todos son expresiones distritales muy lejanas de las estructuras del peronismo y del radicalismo, que formaron parte central del sistema de partidos en los últimos 60 años. Manotazos sociales sin vertebración nacional. Kirchner sabía en 2003 que se hacía cargo de una crisis económica, ya en franca recuperación, y de una crisis política sin solución a la vista. Sigue sin solución.

Hace cuatro años, días antes de la elección en Tierra del Fuego, alguien le preguntó a Kirchner quién ganaría. Competían sólo el PJ y la UCR. Respuesta de Kirchner en aquel momento: "No importa el resultado. Si gana el candidato radical hundirá la isla. Y si gana el peronista se robará lo último que queda". Su pronóstico no era errado. Pero, ¿qué hizo Kirchner para cambiar ese estado de cosas? Nada. Al revés, se montó sobre la vieja estructura del PJ y terminó apoyando lo impresentable.

Es lo mismo que ha hecho en casi todos las provincias, empezando por la de Buenos Aires. Un duhaldista que hace gala del humor suele decir que en Buenos Aires el duhaldismo está intacto; sólo sucede que lo maneja pasajeramente, agrega, otro jefe, que es Kirchner.

Mientras, el ARI ganó su primera gobernación. Fabiana Ríos no tiene la impronta belicosa de Carrió. Su prioridad no será hacer oposición ciega a la administración nacional, sino gobernar una tierra de viejos zafarranchos.

A Kirchner le duele más que lo acorralen por izquierda y que, además, la victoria en el sur recóndito haya servido para redimir de su derrota capitalina a Carrió, la adversaria que, en el fondo, más detesta y teme.