20 de abril de 2008

- QUINTERNO -




Dante Quinterno



HISTORIA DEL HISTORIETISTA






Fue un creador de historietas argentino, célebre por personajes como Patoruzú e Isidoro.

Nació en Buenos Aires el 26 de octubre de 1909, hijo de Martín Quinterno y de Laura Raffo. Su abuelo paterno procedía del Piamonte, y en Argentina se dedicaba al cultivo y comercialización de frutales.







En 1924 comenzó a enviar sus dibujos a varios diarios porteños y en 1925 publicó su primera tira, Panitruco, en El Suplemento. Más adelante llegaron Andanzas y desventuras de Manolo Quaranta (1926); Don Fermín (después llamada Don Fierro, 1926), y Un porteño optimista (luego Las aventuras de Don Gil Contento, 1927), para diferentes diarios. En la última serie mencionada, en 1928, dio a conocer su personaje Curugua-Curuguagüigua, quien luego fue rebautizado como Patoruzú. Junto con Patoruzú aparecieron otros personajes como Isidoro Cañones y Patoruzito, quienes luego también supieron ser publicaciones independientes.







Desde 1936, se transformó en una publicación independiente, que en sus mejores momentos llegaría a vender 300.000 ejemplares. Ese mismo año, el autor fundó la Editorial Dante Quinterno. Posteriormente aparecieron otras publicaciones: Patoruzito (1945), en el que colaboraron Eduardo Ferro, José Luis Salinas y Alberto Breccia entre otras figuras; Andanzas de Patoruzú (1956), Correrías de Patoruzito (1958) y Locuras de Isidoro (1968).







Quinterno inició también su carrera como animador, y el 20 de noviembre de 1942 estrenó en el cine Ambassador un cortometraje de 15 minutos de duración, Upa en apuros.

A partir de los años 50 se distanció del mundo de la historieta, dedicado a otras actividades empresariales. Había contraído matrimonio en 1938 con Rosa Schiaffino, con quien tuvo tres hijos: Dante, Walter y Mónica.







Falleció en la ciudad de Buenos Aires el 14 de mayo de 2003.

19 de abril de 2008

- RITA -





Rita Hayworth en el apocalipsis


Por Tomás Eloy Martínez
El País



Cada vez son más misteriosos los caminos que elige la televisión para sus revelaciones. Hace pocos meses uno de los canales de Nueva York inició un ciclo de películas de Rita Hayworth que me mantuvo desvelado varias noches. Casi todas eran desconocidas para mí. Al final del ciclo, el canal de Arte y Entretenimiento difundió una minuciosa biografía de la actriz, que muestra a Rita en sus transfiguraciones sucesivas, desde que era una púber con dos escasos dedos de frente y bailaba en Bajo la luna de las pampas (1935) hasta que ya decaída, derrotada, sin alma, asomó su fantasmal silueta en La ira de Dios, un engendro impiadoso filmado en 1972.

Ahora, en Madrid, veo a Rita resucitar en salitas de arte contiguas a la Plaza de España y en las mesas de las grandes librerías, pobladas por obras sobre efemérides redondas, como las que evocan los fusilamientos del 2 de mayo de 1808 inmortalizados por Goya. Para los 90 años de Rita faltan meses (nació en Brooklyn en octubre de 1918), pero su vitalidad actual no tiene que ver con las décadas, sino con otra forma de eternidad, la de los mitos.

Las últimas imágenes que se tomaron de Rita datan de 1981, cuando estaba recluida en un hospital de California, con la cabeza vacía, limpia de toda memoria que no fuera la de su belleza marchita. Tenía entonces 63 años. Su demencia senil correspondía, sin embargo, a la de una criatura centenaria. El único ritual que parecía interesarle era el del maquillaje. El documental la muestra levantándose al atardecer, en un cuarto donde los muros son espejos. Se pinta las uñas con morosidad, se enrula el pelo y se prueba, uno tras otro, los refulgentes saltos de cama de sus tiempos de gloria.

Rita hizo todo lo necesario para ser inolvidable: llegó más lejos que Marilyn Monroe en las insinuaciones de lujuria, se sumió en un misterio más rotundo que el de Greta Garbo, bebió más alcohol que Ava Gardner y devoró más hombres que Mae West. Su jerarquía, sin embargo, fue siempre la de un despojo, la de un sueño que no merece ser vivido.

Todo la predestinaba a la mitología. En 1932, a los trece años, compartió con su padre apariciones de escándalo en un club nocturno de Tijuana. Se llamaba entonces Margarita Carmen Dolores Cansino, y aunque parecía arrastrarse sobre las ondulaciones de la música como una gata en celo, los agentes de Hollywood se negaban a contratarla porque no le veían futuro. En primer lugar, casi no abría la boca. Se quedaba mirando a sus interlocutores con expresión embobada, como si no supiera inglés, aunque, por supuesto, lo sabía: había llegado hasta séptimo grado primario en una escuela de Jackson Heights, en Queens. Pero, sobre todo, no la querían por el pelo. La esponjosa melena pelirroja que la haría célebre no existía por entonces. La cabeza de Rita estaba perjudicada por unas ondas gruesas y negras que le nacían a dos centímetros de las cejas, como las mujeres prehistóricas que ha retratado el cine.

Las cosas cambiaron desde que aterrizó en su vida Edward C. Judson, un vendedor de autos usados de 43 años, panzón y con la calva salpicada por tenaces gotas de seborrea. Afectado por una súbita vocación de Pigmalión –o por el amor–, Judson cambió el apellido de Rita, adoptando, con una ligera variante, el de la madre, Volga Haworth. Le modificó el vestuario y resolvió el problema del pelo haciendo que extirparan uno por uno los folículos de los que le sobraban en la frente.

Judson completó su inversión casándose con Rita en Las Vegas, el día en que ella cumplió 18 años. Para entonces había filmado ya media docena de películas atroces y tropezaría con otras cinco más, hasta que el obsesivo marido consiguió llamar la atención de Howard Hawks e incluirla en el elenco de Sólo los ángeles tienen alas (1939). Hay que verla de nuevo en aquellas fugaces imágenes que la televisión ha repetido para advertir que las llamaradas de su cuerpo no estaban quemando a nadie: sólo brillaban.

En 1942, al fin, la diosa logró salir de su crisálida y levantar vuelo al separarse del pobre Judson y casarse con un genio precoz que se llamaba Orson Welles. Se solía decir que Rita destruyó a Welles y que lo convirtió a la mediocridad y a la gordura. Los documentales revelan, en cambio, que las cosas sucedieron al revés: “No pueden darse una idea de cuánto me aburría con Rita”, se oye comentar a Welles mientras está filmando esa gran película que se titula, apropiadamente, Sed de mal. “Las mujeres son idiotas en general, pero ella era la más idiota de todas.”

A Rita se la ve defenderse, entre lágrimas, durante el juicio de divorcio (1947), con argumentos que ahora tal vez parezcan insulsos pero que entonces conmovían las fibras más hondas de la clase media norteamericana: “No saben ustedes cuánto me esforcé por formar un hogar con el señor Welles. Pero a él no le interesaba el hogar. Todas las noches me decía que deseaba ser un hombre libre”.

Tres años más tarde se convirtió al islamismo y se casó con Alí Khan. Su reino de las mil y una noches no duró ni siquiera trescientas, y la befa, la oscuridad, la vergüenza la poseyeron con tanta saña como ella había poseído el sueño de los hombres. Cuando le preguntaron a Alí Khan por qué se había separado, dijo: “Aunque ustedes no lo crean, me estaba muriendo de aburrimiento”.

En el documental de la televisión, Rita evoca esas historias entre sollozos. “Nadie, nunca, estuvo en verdad enamorado de mí –balbucea–. Los hombres que creyeron amarme estaban enamorados de Gilda, y se iban a la cama con ella. Pero a la mañana siguiente se despertaban conmigo. Yo soy yo, y no puedo cambiar lo que soy.”

En casi todas las últimas películas que filmó encarna a mujeres derrumbadas y vencidas: lo que ella era por entonces. Verla desde lejos, en sus últimos días, paseándose por los jardines de una clínica sin nombre, perdidos el cuerpo, el fuego, la memoria, es una ceremonia de congoja. Rita vacía, abrazada a una muñeca de trapo, alisándose las arrugas de su vestido de enferma.

Mientras ella sucumbía, su mito cobraba vida. Manuel Puig, que la veneraba, se hacía llamar Rita y en las fiestas de su casa de Cuernavaca representaba la danza de Gilda para que se le pegara –como él decía– “algo del hechizo divino”. Cuando los periodistas lo enloquecieron después del éxito de El beso de la mujer araña, la película de Héctor Babenco, Puig les pidió a dos de sus amigos que los ahuyentaran fingiendo ser sus hijas. Les dijo que se presentaran como Yasmine y Rebecca, nombres reales de las hijas que Rita tuvo con Alí Khan y con Orson Welles.

El juego llegó tan lejos que en el obituario que The New York Times dedicó a Manuel se lee: “Lo sobreviven su madre, un hermano y dos hijas, Rebecca y Yasmine”. De esa manera, Rita partió con Puig al más allá, como él hubiera querido.

Quizá Rita Hayworth haya existido sólo en el cine. El mayor atributo mitológico que dejó es la semejanza con Dorian Gray que cierra su biografía televisada: el retrato de una mujer irresistible y eterna que está detrás de un telón. De pronto, el telón se descorre, y deja al descubierto una imagen de lastimosa decrepitud.

La televisión y los videos o DVD que resucitan el pasado son perversos y no quiero volver a las salitas de la Plaza de España para no amargarme con la visión de Rita hundiéndose en el apocalipsis.

18 de abril de 2008

- MANUCHO -





Manuel Mujica Lainez


UN GRANDE DE LAS LETRAS


El novelista nació en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1910. Fueros sus padres Manuel Mujica Farías y Lucía Lainez Varela.
Por su abuelo paterno, Eleuterio Santos Mujica y Cobarrubias, recibió el amor a la tierra natal, y por el otro abuelo, Bernabé Lainez Cané, el gusto por la literatura.

En 1923 la familia se traslada a Europa, donde Manuel Mujica Lainez completa dos años de su educación en París. Su primera novela, dedicada a su padre, fue escrita en francés y se tituló Louis XVII.







Termina su educación secundaria en el Nacional de San Isidro.

En 1936 contrae matrimonio con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, y ese mismo año publica Glosas Castellanas.

Ya es para entonces periodista en el diario "La Nación", donde va ocupando puestos cada vez más importantes, hasta su jubilación.
Dos años después de Glosas Castellanas publica Don Galaz de Buenos Aires. Le sigue la biografía de su antepasado Miguel Cané (Padre) en 1942, Aniceto el Gallo (1943), Anastasio el Pollo (1947), biografías de Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo respectivamente.

Luego, en 1949, publica un libro de cuentos, Aquí Vivieron, cuentos que giran alrededor de una quinta de San Isidro.







Su segundo libro de cuentos, Misteriosa Buenos Aires, sigue la misma línea: todos ellos e ambientan en la ciudad capital, desde su fundación hasta principios de este siglo.

Evoca las distintas épocas de la ciudad, desde su aspecto de aldea hasta que va perfilandose como la gran ciudad en la que se convertiría.

Aparecen en ella personajes típicos y también hechos y personajes reales, que Mujica Lainez documentó largamente.
Luego sigue una serie de libros que pintan a la sociedad porteña de su época, con un brillo decadente: Los Idolos, La Casa, Los Viajeros e Invitados en El Paraíso.
Bomarzo inicia un nuevo ciclo. Es una novela sobre el Renacimiento italiano, que ha dado argumento a una ópera conocida ya mundialmente, con música de Alberto Ginastera.







El Unicornio es el título de la novela siguiente, ambientada en la edad media. Le suceden Crónicas Reales, y De Milagros y de Melancolías.
A punto de jubilarse de su trabajo como crítico de arte y columnista en el diario "La Nación", Manuel Mujica Lainez decide comprar una casa en las sierras de Córdoba, zona a la que venían a menudo, a casa de parientes y amigos.

La idea era escapar, por unos meses cada año, de los compromisos de Buenos Aires, a fin de lograr tranquilidad para dedicarse a escribir.
En 1969 el escritor y su familia se trasladan a Cruz Chica, y se instalan en una antigua casona de estilo colonial español, rodeada por un importante parque: "El Paraíso".







Allí sigue su incansable labor: Cecil , El Laberinto, El viaje de los Siete Demonios, Sergio, Los Cisnes, El Brazalete, El Gran Teatro, Un novelista en el Museo del prado.

En "El Paraíso" fallece el 21 de abril de 1984.

17 de abril de 2008

- NUEVOS LAZOS -



Postal argentina en China

Por Susana Reinoso
La Nación



"Hay que aplicar la imaginación para encontrar los recursos y saber aplicarlos"

Puro sentido común tiene la frase de Michael Kaiser, presidente del Kennedy Center, que será recibido hoy por la presidenta Cristina Kirchner. Y quizá los ejemplos de diplomáticos argentinos que difunden la cultura argentina en el mundo, siguiendo el precepto de Kaiser, no sobran. Allí está, por caso, el cónsul general argentino en la exótica Shanghai, Miguel Velloso, organizando una movida cultural extraordinaria, a puro pulmón y entusiasmo. Todo comenzará el martes próximo, en el Museo Yonkang, de la ciudad homónima, en la provincia de Zhejiang.

La gira "Artistas argentinos en China 2008" recorrerá, además de Yongkang, las ciudades de Yiwu y Shanghai, con el apoyo de patrocinadores chinos. La selección de 47 obras de 14 artistas locales es un aporte significativo para mantener vivos los lazos culturales con el coloso asiático.

En la organización de esta movida, el cónsul general contó con la inestimable ayuda de las artistas plásticas Mónica Alfaro y María Elena Beneito. Los chinos, que deliran por la cultura "made in Argentina" - "hecho en la Argentina", constituyen un público inestimable para el intercambio en cine, artes plásticas y literatura, mundos éstos últimos casi desconocidos en estas pampas, a pesar del crecimiento del mercado chino de arte.

Tras siete años activos en China, Velloso sabe que la puerta del intercambio comercial con los chinos se abre por el lado de la cultura. Desde el año último trabaja activamente con el Instituto de Cine (Incaa) para asegurar la selección de películas locales en el Festival de Shanghai. Doce filmes competirán en la preselección de 700 de todo el mundo que, a partir de la apertura china, quiere estar presente desde el 14 de junio en la deslumbrante capital financiera de China.

Y como muestra de continuidad en el intercambio, la Fragata Libertad hará su primer viaje a Shanghai a mediados de julio próximo. El jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, visitará China entre el 2 y el 4 de julio. La colectividad argentina en Shanghai se prepara para una celebración del 25 de Mayo que haga ruido. Para un país de cultura milenaria como China, la celebración de un Bicentenario es un acontecimiento cultural relevante.

La creatividad de Velloso para divulgar la cultura vernácula en China sólo es comparable a la de los creadores de los años 60. En el tiempo libre, los fines de semana, viaja a las pequeñas ciudades de la región, con una camioneta acondicionada como "circo itinerante". Y allí carga las obras que le facilitan artistas, fotógrafos, escritores. Cuenta Velloso a LA NACION, una madrugada en Buenos Aires, casi mediodía en Shanghai: "Hay veces en que no se necesita una estructura compleja para dar a conocer nuestra cultura". Hace falta voluntad política e imaginación en la aplicación de los recursos. Ya lo dijo Kaiser.

16 de abril de 2008

- FALU -




EDUARDO FALU


LA GUITARRA FOLCLORICA


POR EXELENCIA



Nació un 7 de julio de 1923 en El Galpón, provincia de Salta, República Argentina. El Galpón es un pequeño pueblo, un antiguo lugar de carreteras hacia la provincia del Chaco, en el que Falú permaneció muy brevemente. Hijo de Juan Falú y Fada Falú, ambos sirios de igual apellido pero no parientes.

"Mi padre -nos cuenta Falú- era bastante soñador. Nunca se enriqueció con su comercio. Andaba siempre con la Biblia, leía los versos en árabe, amaba la poesía. Aún percibo el olor de los lazos, cueros y quesos con que mi padre llenaba el carruaje donde viajábamos, resultado del trueque de las mercaderías rurales por productos regionales. Mi infancia - continúa en su relato - transcurre en el Departamento de Metán, allí tuve mi primer caballo, "El Potro". Al negocio de almacén cayeron un día, para la venta, unas guitarras. Entre ellas y los serruchos que colgaban se estableció, en los días de algún breve temblor de tierra, una especie de vibradora y temblorosa sinfonía, muy curiosa, que, a lo mejor, me introdujo en el mundo de la música…".







Atraído por esa curiosa sinfonía, a los 11 años ya tenía entre sus manos una guitarra, propiedad de su hermano mayor, Alfredo. Alfredo tomba clases con un profesor y Eduardo lo copiaba al pie de la letra, y así, sacó sus primeros tonos.
"La guitarra en esos tiempos - nos dice Falú - era cosa mal vista y una carta blanca para la farra. Con ella, conocí un mundo corajudo, un verdadero sainete costumbrista, y entreví mi destino guitarrero".

A los catorce años se muda con su familia de Metán a Salta donde la guitarra lo termina de conquistar para siempre. En Salta conoce a Arturo Dávalos y poco después a Jaime Dávalos, autor de innumerables poemas a los que Falú le pone música.
Se casa con doña Aída Nefer Fidélibus, a quien, cariñosamente, llama Nefer. La vida les da dos hijos: Eduardo y Juan José. Juan José, al igual que su padre, siente una gran afición por la guitarra y el canto.

De estatura sobresaliente, ojos verdes, tristones, inundados de esa nostalgia de árabe acriollado en una tierra que aprendió a amar, casi más que a sí mismo. De esa mirada que fluctúa entre la interrogación y el asombro, se desprende bondad y mansedumbre, y tal vez un dejo de altivez sin desafío, que deja al descubierto un alma verdaderamente límpida, frontal, sincera.







Falú escapa a todos los esquemas estereotipados de "bohemio", por el contrario, es un buen deportista al que le gusta nadar, cazar y volar. De ademanes serenos y reposados es, entre ajenos, un hombre serio, y entre amigos, de una cordialidad amistosa entrañable.

Es andariego, nostálgico, vehemente y ávido de saber. De fina intuición para adivinar la naturaleza y sentimientos de quienes lo rodean y elegir sus amistades con seguro instinto. A sus naturales cualidades, Falú ha sumado su disciplina, su responsabilidad, su cordura. Ha sabido ordenar el vuelo de su imaginación.







Su primera guitarra fue una de esas, como ya dijimos, que colgaba entre serruchos y cencerros y que sonaba con cada temblor del suelo salteño. Años más tarde la Antigua Casa Nuñez le hizo llegar una guitarra a Metán. De esa guitarra Falú nos cuenta: - "Al desembalarla y sentir el olor de la madera lustrada y al admirar el brillo que despedían su tapa, caja y clavija mecánico, me pareció ser el poseedor del instrumento más valioso del mundo".

Ya en Buenos Aires, conoce a un gran luthier, Francisco Estrada Gómez, buscador y creador de nuevas formas para lograr más volumen de sonido. La primera guitarra de doble fondo que él ideó y construyó, fue para Falú.
El propio Falú escribió: "Pocos instrumentos son capaces de expresar emoción, patetismo, alegría y todos los estados del alma con tanta fidelidad como la guitarra".

Eduardo Falú es un artista multifacético, aclamado de forma internacional, imposible de encasillar dentro de una sola idea. Es un refinado guitarrista, cantante consumado y un distinguido compositor. La calidad de su barítona voz, es admirada y amada en el mundo entero. Escucharlo, eleva y purifica.






La trayectoria artística de Eduardo Falú comienza en el ambiente familiar, más tarde se extiende a Buenos Aires, capital de la República Argentina, para luego conquistar y apasionar a los públicos más disímiles: América, Europa, Rusia, y Japón.
Como compositor, no sólo es el creador de obras modernas folclóricas, sino también de obras clásicas.

En su música se advierte una marcada influencia de las melodías de su provincial natal. Salta tiene ritmos propios: El Carnavalito, el Bailecito, la Cueca y algunos otros derivados de la combinación de la música india propia del lugar, y las melodías españolas que acompañaron a los conquistadores.

Si bien algunas de sus composiciones nos cuentan historias de los mineros bolivianos, los trabajadores en las zafras, los barqueros del Río Paraná, otras canciones nos relatan aspectos más universales de la humanidad: amor, muerte, soledad, coraje y la injusticia.

En el género épico de algunas de sus obras se refleja la herencia de viejas tradiciones. La música para el poema "Romance de la Muerte de Juan Lavalle", de Ernesto Sábato, refleja la lucha por la independencia.
En colaboración con Jorge Luis Borges (1899-1986) le da vida a "José Hernández" , -la pobreza del gaucho que habitaba las pampas argentinas.

Eduardo Falú ha creado música para más de un centenar de poemas, no sólo de Jorge Luis Borges y Jaime Dávalos, sino también de León Benarós, Manuel Castilla, Alberico Mansilla entre muchos otros.

15 de abril de 2008

- BALLET -





Qué es el Ballet


El ballet es un género de danza clásica, donde puede ser dramática, romántica, alegre, triste. Es, también, el nombre específico dado a una forma concreta de danza y su técnica. Según las épocas, los países o las corrientes el espectáculo coreográfico puede incluir: danza, mímica, y música (orquestal y coral)

También se utiliza el término ballet para designar la pieza musical compuesta, a propósito, para que sea interpretada por medio de la danza. El Ballet está considerado como una de las Artes Escénicas.







El Ballet se discute si nació en Italia o Francia, pero alcanzó su máxima expresión en Paris durante el reinado del rey Luis XIV. Es allí donde el vestuario, la música, los decorados y el lenguaje corporal, toman una gran importancia.

Hay diferentes estilos de entrenamiento en el ballet, siendo los más comunes siete, que corresponden con escuelas de danza nacionales:

Ruso: método Vaganova, de la profesora de ballet Agrippina Vaganova (1879-1951).
Italiano: Enrico Cecchetti.
Inglés: Royal (Royal Academy of dance).
Americano: George Balanchine.
Francés.
Cubano.
Australiano.






Las puntas de balet son zapatillas con madera para sostenerse de punta. Son muy especiales y al mismo tiempo caras. El uso de las puntas de ballet solo se puede hacer si se posee la capacidad y la fuerza para hacerlo. Es muy peligroso que alguien sin la capacidad se suba a ellas ya que podria causar torceduras o un gran esguince.

El ballet existe en tanto que pieza autónoma, pero puede intercalarse, también, entre las escenas de una ópera o de una obra de teatro a modo de divertimento. El ballet cortesano francés, es contemporáneo de los primeros ensayos de la monodía dramática de Florencia (los intermedios, de finales del siglo XVI). De las representaciones de los ballets de la corte nacen las óperas-ballet y las comedias-ballet de Lully y de Molière.







El ballet intercalado, insertado en una ópera, es específico del arte lírico francés, como se refleja en las representaciones de las tragedias líricas de Lully y de Rameau. La reforma de Noverre (ballet de acción) e incluso las de Gluck.

El ballet moderno comprende una sucesión de episodios que se encadenan de manera continua. Las concepciones wagnerianas ya no contemplan la práctica del ballet intercalado. En el siglo XX, el ballet es objeto de toda clase de renovaciones y experimentos. El estreno en 1913 de la La consagración de la primavera de Ígor Stravinski con una coreografía de Vaslav Nijinski provocó uno de los mayores escándalos de la historia de la música y de la danza.







El ballet moderno, sin embargo, mantiene un lenguaje más clásico (Maurice Ravel La Valse 1920), que con su estilización retoma las concepciones del ballet clásico: Richard Strauss, suite de danzas de El Burgués gentilhombre ("Le Bourgeois gentilhomme"); Ígor Stravinski, Apolo Musageta (Stravinski) ("Apollon musagète").

14 de abril de 2008

- EL TIEMPO PASA -




Erase una vez, hace 40 años...


Por Diego R. Guelar
Para LA NACION



Entre enero y junio de 1968 se produjeron en el mundo acontecimientos que marcarían profundamente el devenir de la historia hasta nuestros días.

El mayo francés y la irrupción de una alianza estudiantil-obrera contestataria, que enarboló banderas con la imagen del "Che" Guevara, muerto en Bolivia, en octubre de 1967.

Los asesinatos de Martin Luther King (abril) y Robert Kennedy (junio) en medio de las pasiones producidas por las luchas en defensa de los derechos civiles en los Estados Unidos.

La matanza de 500 civiles en May Lai, Vietnam, por parte de marines norteamericanos y la "ofensiva del Tet" del vietcong, que llevaría al presidente Johnson a iniciar tratativas de paz con Vietnam del Norte y a renunciar a la reelección.

Las más graves atrocidades de los guardias rojos en plena "revolución cultural" china y una reasunción plena del poder por parte de Mao, después de su aparente retiro.

El partido socialista y laico Baas toma el poder con un golpe de Estado en Irak, y Saddam Hussein es elegido secretario general del partido.

Se produce el primer asesinato de la ETA en España (murió el guardia civil José Pardines Arcay. Hasta hoy, hubo más de 800 crímenes).

Florece la Primavera de Praga, con la elección de un gobierno reformista, encabezado por Alexander Dubcek, que terminará con la invasión de tanques soviéticos y una cruenta represión, en agosto.

En Africa, duras batallas independentistas en Argelia, Angola, Congo, Rhodesia, etcétera.

América latina no es indiferente a las conmociones que sacuden al mundo:

Golpes de estado nacionalistas de izquierda en Perú (general Velasco Alvarado) y en Panamá (Omar Torrijos).

Lanzamiento de la Teología de la Liberación y del Movimiento de Curas del Tercer Mundo, en la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín, Colombia.

Violentas manifestaciones de obreros y estudiantes en México, que conducirían a la Matanza de Tlatelolco (más de 300 muertos), el 2 de octubre de 1968.

Se endurece la dictadura brasileña, con el general Costa e Silva, y se inaugura la metodología de los desaparecidos. Un humilde tornero metalúrgico, Luiz Inacio Lula da Silva, funda el PT y el Nuevo Sindicalismo brasileño.

La Argentina está gobernada por Juan Carlos Onganía, quien pretende fundar un régimen corporativo "por los próximos 100 años" (sería derrocado en 1970).

Se aprueba el Programa del 1º de Mayo, redactado por el escritor Rodolfo Walsh, que daría origen a la CGT de los Argentinos. Estaba encabezada por Raimundo Ongaro y enfrentada con la CGT liderada por Augusto Timoteo Vandor, aliado de Onganía. La CGT de los Argentinos impulsó los paros obreros y las manifestaciones estudiantiles, que llevarían al Cordobazo, en mayo de 1969, y a la creación de las organizaciones guerrilleras marxistas y peronistas.

El ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena aplica por primera vez retenciones del 20% a las exportaciones de granos.

En el mundo, América latina y la Argentina se extendería una corriente de pensamiento tercerista, setentista, verde, pacifista o revolucionario, según la terminología empleada en Berkeley, en Buenos Aires, en Munich, en Pekín, en París o en Kinshasa.

Cristianos, musulmanes, marxistas, nacionalistas, libertarios utópicos y partidarios del flower power o del black power creían en un "hombre nuevo", que emergería de las barricadas, las fábricas y universidades tomadas y las selvas o las ciudades donde pequeños grupos foquistas armados encenderían la llama de la revolución.

La gran mayoría de los protagonistas de estos "sueños" no éramos conscientes de ser títeres manipulados por las potencias que jugaban al ajedrez nuclear en la llamada Guerra Fría.

Pero igual aprendimos, con dolor, en los 80 y en los 90, que el camino no era eliminarnos entre nosotros, sino vivir bajo una Constitución, que nos garantizara nuestros derechos individuales y colectivos con libertad para expresarlos y defenderlos y con estados eficientes y honestos que arbitraran los conflictos y redistribuyeran los ingresos. Tan simple como eso.

Así, los ayer "jóvenes imberbes", Fernando Henrique Cardoso, Lula, Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, Alan García, Alvaro Uribe y muchos otros se autocriticaron y se transformaron, desde la supervivencia y en la madurez, en soldados del sentido común, la negociación y la convivencia.

En la Argentina, donde vivimos con la mayor intensidad el setentismo rebelde, el ochentismo democrático fundacional y el noventismo libremercadista, por algún fenómeno virósico inexplicable seguimos perdidos como barrilete sin cola. Todavía estamos a tiempo de bajarnos del atril (los unos) y de subirnos al ring (los otros), para hacer con coraje y convicción la Argentina plural y exitosa con la que soñamos todos.

El autor es secretario de Relaciones Internacionales del Pro.

13 de abril de 2008

- DA VINCI -





LEONARDO DA VINCI


UN HOMBRE CON MUCHOS CODIGOS


SIMPLEMENTE UN GENIO



Nació en 1452 en la Villa Toscana de Vinci, hijo natural de una campesina, Caterina (que se casó poco después con un artesano de la región), y de Ser Piero, un rico notario florentino. Italia era entonces un mosaico de ciudades-estados como Florencia, pequeñas repúblicas como Venecia y feudos bajo el poder de los príncipes o el papa. El Imperio romano de Oriente cayó en 1453 ante los turcos y apenas sobrevivía aún, muy reducido, el Sacro Imperio Romano Germánico; era una época violenta en la que, sin embargo, el esplendor de las cortes no tenía límites.







A pesar de que su padre se casó cuatro veces, sólo tuvo hijos (once en total, con los que Leonardo acabó teniendo pleitos por la herencia paterna) en sus dos últimos matrimonios, por lo que Leonardo se crió como hijo único. Su enorme curiosidad se manifestó tempranamente, dibujando animales mitológicos de su propia invención, inspirados en una profunda observación del entorno natural en el que creció. Giorgio Vasari, su primer biógrafo, relata cómo el genio de Leonardo, siendo aún un niño, creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre cuando se topó con él por sorpresa.

Consciente ya del talento de su hijo, su padre lo autorizó, cuando Leonardo cumplió los catorce años, a ingresar como aprendiz en el taller de Andrea del Verrocchio, en donde, a lo largo de los seis años que el gremio de pintores prescribía como instrucción antes de ser reconocido como artista libre, aprendió pintura, escultura, técnicas y mecánicas de la creación artística. El primer trabajo suyo del que se tiene certera noticia fue la construcción de la esfera de cobre proyectada por Brunelleschi para coronar la iglesia de Santa Maria dei Fiori. Junto al taller de Verrocchio, además, se encontraba el de Antonio Pollaiuollo, en donde Leonardo hizo sus primeros estudios de anatomía y, quizá, se inició también en el conocimiento del latín y el griego.







Era un joven agraciado y vigoroso que había heredado la fuerza física de la estirpe de su padre; es muy probable que fuera el modelo para la cabeza de San Miguel en el cuadro de Verrocchio Tobías y el ángel, de finos y bellos rasgos. Por lo demás, su gran imaginación creativa y la temprana maestría de su pincel, no tardaron en superar a las de su maestro: en el Bautismo de Cristo, por ejemplo, donde un dinámico e inspirado ángel pintado por Leonardo contrasta con la brusquedad del Bautista hecho por Verrocchio.

El joven discípulo utilizaba allí por vez primera una novedosa técnica recién llegada de los Países Bajos: la pintura al óleo, que permitía una mayor blandura en el trazo y una más profunda penetración en la tela. Además de los extraordinarios dibujos y de la participación virtuosa en otras obras de su maestro, sus grandes obras de este período son un San Jerónimo y el gran panel La adoración de los Magos (ambos inconclusos), notables por el innovador dinamismo otorgado por la maestría en los contrastes de rasgos, en la composición geométrica de la escena y en el extraordinario manejo de la técnica del claroscuro.







Florencia era entonces una de las ciudades más ricas de Europa; sus talleres de manufacturas de sedas y brocados de oriente y de lanas de occidente, y sus numerosas tejedurías la convertían en el gran centro comercial de la península itálica; allí los Médicis habían establecido una corte cuyo esplendor debía no poco a los artistas con que contaba. Pero cuando el joven Leonardo comprobó que no conseguía de Lorenzo el Magnífico más que alabanzas a sus virtudes de buen cortesano, a sus treinta años decidió buscar un horizonte más prospero.

En 1482 se presentó ante el poderoso Ludovico Sforza, el hombre fuerte de Milán por entonces, en cuya corte se quedaría diecisiete años como «pictor et ingenierius ducalis». Aunque su ocupación principal era la de ingeniero militar, sus proyectos (casi todos irrealizados) abarcaron la hidráulica, la mecánica (con innovadores sistemas de palancas para multiplicar la fuerza humana), la arquitectura, además de la pintura y la escultura. Fue su período de pleno desarrollo; siguiendo las bases matemáticas fijadas por León Bautista Alberti y Piero della Francesca, Leonardo comenzó sus apuntes para la formulación de una ciencia de la pintura, al tiempo que se ejercitaba en la ejecución y fabricación de laúdes.

Estimulado por la dramática peste que asoló Milán y cuya causa veía Leonardo en el hacinamiento y suciedad de la ciudad, proyectó espaciosas villas, hizo planos para canalizaciones de ríos e ingeniosos sistemas de defensa ante la artillería enemiga. Habiendo recibido de Ludovico el encargo de crear una monumental estatua ecuestre en honor de Francesco, el fundador de la dinastía Sforza, Leonardo trabajó durante dieciséis años en el proyecto del «gran caballo», que no se concretaría más que en una maqueta, destruida poco después durante una batalla.







Resultó sobre todo fecunda su amistad con el matemático Luca Pacioli, fraile franciscano que en 1494 publicó su tratado de la Divina proportione, ilustrada por Leonardo. Ponderando la vista como el instrumento de conocimiento más certero con que cuenta el ser humano, Leonardo sostuvo que a través de una atenta observación debían reconocerse los objetos en su forma y estructura para describirlos en la pintura de la manera más exacta. De este modo el dibujo se convertía en el instrumento fundamental de su método didáctico, al punto que podía decirse que en sus apuntes el texto estaba para explicar el dibujo, y no éste para ilustrar a aquél, por lo que Da Vinci ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica.

El ideal del saper vedere guió todos sus estudios, que en la década de 1490 comenzaron a perfilarse como una serie de tratados (inconclusos, que fueron recopilados luego en el Codex Atlanticus, así llamado por su gran tamaño). Incluye trabajos sobre pintura, arquitectura, mecánica, anatomía, geografía, botánica, hidráulica, aerodinámica, fundiendo arte y ciencia en una cosmología individual que da, además, una vía de salida para un debate estético que se encontraba anclado en un más bien estéril neoplatonismo.







Aunque Leonardo no parece que se preocupara demasiado por formar su propia escuela, en su taller milanés se creó poco a poco un grupo de fieles aprendices y alumnos: Giovanni Boltraffio, Ambrogio de Predis, Andrea Solari, su inseparable Salai, entre otros; los estudiosos no se han puesto de acuerdo aún acerca de la exacta atribución de algunas obras de este período, tales como la Madona Litta o el retrato de Lucrezia Crivelli. Contratado en 1483 por la hermandad de la Inmaculada Concepción para realizar una pintura para la iglesia de San Francisco, Leonardo emprendió la realización de lo que sería la celebérrima Virgen de las Rocas, cuyo resultado final, en dos versiones, no estaría listo a los ocho meses que marcaba el contrato, sino veinte años más tarde. La estructura triangular de la composición, la gracia de las figuras, el brillante uso del famoso sfumato para realzar el sentido visionario de la escena, convierten a ambas obras en una nueva revolución estética para sus contemporáneos.

A este mismo período pertenecen el retrato de Ginevra de Benci (1475-1478), con su innovadora relación de proximidad y distancia y la belleza expresiva de La belle Ferronière. Pero hacia 1498 Leonardo finalizaba una pintura mural, en principio un encargo modesto para el refectorio del convento dominico de Santa Maria dalle Grazie, que se convertiría en su definitiva consagración pictórica: La última cena. Necesitamos hoy un esfuerzo para comprender su esplendor original, ya que se deterioró rápidamente y fue mal restaurada muchas veces. La genial captación plástica del dramático momento en que Cristo dice a los apóstoles «uno de vosotros me traicionará» otorga a la escena una unidad psicológica y una dinámica aprehensión del momento fugaz de sorpresa de los comensales (del que sólo Judas queda excluido). El mural se convirtió no sólo en un celebrado icono cristiano, sino también en un objeto de peregrinación para artistas de todo el continente.







A finales de 1499 los franceses entraron en Milán; Ludovico el Moro perdió el poder. Leonardo abandonó la ciudad acompañado de Pacioli y tras una breve estancia en casa de su admiradora la marquesa Isabel de Este, en Mantua, llegó a Venecia. Acosada por los turcos, que ya dominaban la costa dálmata y amenazaban con tomar el Friuli, la Signoria contrató a Leonardo como ingeniero militar.

En pocas semanas proyectó una cantidad de artefactos cuya realización concreta no se haría sino, en muchos casos, hasta los siglos XIX o XX, desde una suerte de submarino individual, con un tubo de cuero para tomar aire destinado a unos soldados que, armados con taladro, atacarían las embarcaciones por debajo, hasta grandes piezas de artillería con proyectiles de acción retardada y barcos con doble pared para resistir las embestidas. Los costes desorbitados, la falta de tiempo y, quizá, las excesivas (para los venecianos) pretensiones de Leonardo en el reparto del botín, hicieron que las geniales ideas no pasaran de bocetos. En abril de 1500 Da Vinci entró en Florencia, tras veinte años de ausencia.

César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, hombre ambicioso y temido, descrito por el propio Maquiavelo como «modelo insuperable» de intrigador político y déspota, dominaba Florencia y se preparaba para lanzarse a la conquista de nuevos territorios. Leonardo, nuevamente como ingeniero militar, recorrió los terrenos del norte, trazando mapas, calculando distancias precisas, proyectando puentes y nuevas armas de artillería. Pero poco después el condottiero cayó en desgracia: sus capitanes se sublevaron, su padre fue envenenado y él mismo cayó gravemente enfermo. En 1503 Leonardo volvió a la ciudad, que por entonces se encontraba en guerra con Pisa y concibió allí su genial proyecto de desviar el río Arno por detrás de la ciudad enemiga cercándola y contemplando la construcción de un canal como vía navegable que comunicase Florencia con el mar: el proyecto sólo se concretó en los extraordinarios mapas de su autor.







Pero Leonardo ya era reconocido como uno de los mayores maestros de Italia. En 1501 había causado admiración con su Santa Ana, la Virgen y el Niño; en 1503 recibió el encargo de pintar un gran mural (el doble del tamaño de La última cena) en el palacio Viejo: la nobleza florentina quería inmortalizar algunas escenas históricas de su gloria. Leonardo trabajó tres años en La batalla de Angheri, que quedaría inconclusa y sería luego desprendida por su deterioro. Importante por los bocetos y copias, éstas admirarían a Rafael e inspirarían, un siglo más tarde, una célebre de Peter Paul Rubens.

También sólo en copias sobrevivió otra gran obra de este periodo: Leda y el cisne. Sin embargo, la cumbre de esta etapa florentina (y una de las pocas obras acabadas por Leonardo) fue el retrato de Mona Lisa. Obra famosa desde el momento de su creación, se convirtió en modelo de retrato y casi nadie escaparía a su influjo en el mundo de la pintura. La mítica Gioconda ha inspirado infinidad de libros y leyendas, y hasta una ópera; pero poco se sabe de su vida. Ni siquiera se conoce quién encargó el cuadro, que Leonardo se llevó consigo a Francia, donde lo vendió al rey Francisco I por cuatro mil piezas de oro. Perfeccionando su propio hallazgo del sfumato, llevándolo a una concreción casi milagrosa, Leonardo logró plasmar un gesto entre lo fugaz y lo perenne: la «enigmática sonrisa» de la Gioconda es uno de los capítulos más admirados, comentados e imitados de la historia del arte y su misterio sigue aún hoy fascinando. Existe la leyenda de que Leonardo promovía ese gesto en su modelo haciendo sonar laúdes mientras ella posaba; el cuadro, que ha atravesado no pocas vicisitudes, ha sido considerado como cumbre y resumen del talento y la «ciencia pictórica» de su autor.







El interés de Leonardo por los estudios científicos era cada vez más intenso: asistía a disecciones de cadáveres, sobre los que confeccionaba dibujos para describir la estructura y funcionamiento del cuerpo humano. Al mismo tiempo hacía sistemáticas observaciones del vuelo de los pájaros (sobre los que planeaba escribir un tratado), en la convicción de que también el hombre podría volar si llegaba a conocer las leyes de la resistencia del aire (algunos apuntes de este período se han visto como claros precursores del moderno helicóptero).

Absorto por estas cavilaciones e inquietudes, Leonardo no dudó en abandonar Florencia cuando en 1506 Charles d'Amboise, gobernador francés de Milán, le ofreció el cargo de arquitecto y pintor de la corte; honrado y admirado por su nuevo patrón, Da Vinci proyectó para él un castillo y ejecutó bocetos para el oratorio de Santa Maria dalla Fontana, fundado por aquél. Su estadía milanesa sólo se interrumpió en el invierno de 1507 cuando, en Florencia, colaboró con el escultor Giovanni Francesco Rustici en la ejecución de los bronces del baptisterio de la ciudad.

Quizás excesivamente avejentado para los cincuenta años que contaba entonces, su rostro fue tomado por Rafael como modelo del sublime Platón para su obra La escuela de Atenas. Leonardo, en cambio, pintaba poco dedicándose a recopilar sus escritos y a profundizar sus estudios: con la idea de tener finalizado para 1510 su tratado de anatomía trabajaba junto a Marcantonio della Torre, el más célebre anatomista de su tiempo, en la descripción de órganos y el estudio de la fisiología humana. El ideal leonardesco de la «percepción cosmológica» se manifestaba en múltiples ramas: escribía sobre matemáticas, óptica, mecánica, geología, botánica; su búsqueda tendía hacia el encuentro de leyes funciones y armonías compatibles para todas estas disciplinas, para la naturaleza como unidad. Paralelamente, a sus antiguos discípulos se sumaron algunos nuevos, entre ellos el joven noble Francesco Melzi, fiel amigo del maestro hasta su muerte. Junto a Ambrogio de Predis, Leonardo culminó en 1508 la segunda versión de La Virgen de las Rocas; poco antes, había dejado sin cumplir un encargo del rey de Francia para pintar dos madonnas.






El nuevo hombre fuerte de Milán era entonces Gian Giacomo Tivulzio, quien pretendía retomar para sí el monumental proyecto del «gran caballo», convirtiéndolo en una estatua funeraria para su propia tumba en la capilla de San Nazaro Magiore; pero tampoco esta vez el monumento ecuestre pasó de los bocetos, lo que supuso para Leonardo su segunda frustración como escultor. En 1513 una nueva situación de inestabilidad política lo empujó a abandonar Milán; junto a Melzi y Salai marchó a Roma, donde se albergó en el belvedere de Giulano de Médicis, hermano del nuevo papa León X.

En el Vaticano vivió una etapa de tranquilidad, con un sueldo digno y sin grandes obligaciones: dibujó mapas, estudió antiguos monumentos romanos, proyectó una gran residencia para los Médicis en Florencia y, además, trabó una estrecha amistad con el gran arquitecto Bramante, hasta la muerte de éste en 1514. Pero en 1516, muerto su protector Giulano de Médicis, Leonardo dejó Italia definitivamente, para pasar los tres últimos años de su vida en el palacio de Cloux como «primer pintor, arquitecto y mecánico del rey».







El gran respeto que Francisco I le dispensó hizo que Leonardo pasase esta última etapa de su vida más bien como un miembro de la nobleza que como un empleado de la casa real. Fatigado y concentrado en la redacción de sus últimas páginas para su tratado sobre la pintura, pintó poco aunque todavía ejecutó extraordinarios dibujos sobre temas bíblicos y apocalípticos. Alcanzó a completar el ambiguo San Juan Bautista, un andrógino duende que desborda gracia, sensualidad y misterio; de hecho, sus discípulos lo imitarían poco después convirtiéndolo en un pagano Baco, que hoy puede verse en el Louvre de París.

A partir de 1517 su salud, hasta entonces inquebrantable, comenzó a desmejorar. Su brazo derecho quedó paralizado; pero con su incansable mano izquierda Leonardo aún hizo bocetos de proyectos urbanísticos, de drenajes de ríos y hasta decorados para las fiestas palaciegas. Su casa de Amboise se convirtió en una especie de museo, plena de papeles y apuntes conteniendo las ideas de este hombre excepcional, muchas de las cuales deberían esperar siglos para demostrar su factibilidad e incluso su necesidad; llegó incluso, en esta época, a concebir la idea de hacer casas prefabricadas. Sólo por las tres telas que eligió para que lo acompañasen en su última etapa, la Gioconda, el San Juan y Santa Ana, la Virgen y el Niño, puede decirse que Leonardo poseía entonces uno de los grandes tesoros de su tiempo.







El 2 de mayo de 1519 murió en Cloux; su testamento legaba a Melzi todos sus libros, manuscritos y dibujos, que éste se encargó de retornar a Italia. Como suele suceder con los grandes genios, se han tejido en torno a su muerte algunas leyendas; una de ellas, inspirada por Vasari, pretende que Leonardo, arrepentido de no haber llevado una existencia regido por las leyes de la Iglesia, se confesó largamente y, con sus últimas fuerzas, se incorporó del lecho mortuorio para recibir antes de expirar, los sacramentos.

12 de abril de 2008

- CULTURAS -





Borges y los piqueteros


Por Mario Vargas Llosa
Opinión - La Nación



La biblioteca Miguel Cané, en el barrio bonaerense de Boedo, es un modesto local de techos altos y viejos anaqueles y pupitres de lectura que se ha convertido en un sitio de peregrinación cultural para todo visitante más o menos alfabeto que llega a Buenos Aires. Porque aquí trabajó Jorge Luis Borges nueve años, de 1937 a 1946, como humilde auxiliar de bibliotecario, registrando y clasificando libros en un estrecho cuartito sin ventanas del segundo piso, donde ahora se exhiben, en una vitrina, las primeras ediciones de algunos de sus libros.

No hace mucho pasó por aquí el escritor inglés Julian Barnes y dejó estampada su admiración por el autor de Ficciones. Siento de pronto emoción imaginando aquellos años oscuros de ese auxiliar de biblioteca que, según la leyenda, en la hora de tranvía que le tomaba ir y venir de su casa a su trabajo, se enseñó a sí mismo el italiano, y leyó y poco menos que memorizó la Divina Comedia, de Dante. Además, claro, de darse tiempo para escribir los cuentos de su primera obra maestra, Ficciones (1944).

Borges es una de las cosas más notables que le han pasado a la Argentina, a la lengua española, a la literatura, en el siglo XX. Y es seguro que esa particular forma de genialidad que fue la suya –por lo excéntrico de sus curiosidades, su oceánica cultura literaria, lo universal de su visión y la lucidez de su prosa– hubiera sido imposible sin el entorno social y cultural de Buenos Aires, probablemente la ciudad más literaria del mundo, junto con París. Ambas capitales tienen encima, como segunda piel, una envoltura literaria de mitos, leyendas, fantasías, anécdotas, imágenes, que remiten a cuentos, poemas, novelas y autores y dan una dimensión entre fantástica y libresca a todo lo que contienen: cosas, casas, barrios, calles y personas.

Mucho de aquella Argentina de lectores voraces y universales, de cosmopolitas frenéticos y políglotas desmesurados está todavía presente en la desfalleciente Buenos Aires a la que vuelvo luego de algunos años: en sus espléndidas librerías de Florida y Corrientes abiertas hasta altas horas de la noche, en sus cafés literarios donde se cocinaron grandes polémicas estéticas y políticas y cuajaron esas revistas culturales que circulaban por toda América latina como ventanas que nos descubrían a los latinoamericanos todo lo importante que en materia artística y literaria ocurría en el resto del mundo.

Las paredes del café Margot están llenas de inscripciones, fotos y recuerdos de los ilustres escribidores, músicos y pintores que se sentaron, bebieron y discutieron hasta altas horas en estas mesitas frágiles y apretadas donde, con un grupo de amigos, recordamos a algunas glorias extintas: Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, José Bianco. En un rincón del célebre Café Tortoni hay una mesa con un Borges de tamaño natural, hecho de papel maché. Pero es sobre todo en ciertas personas donde aquella tradición civil e intelectual está aún viva y coleando: después de muchos años tengo la alegría de ver al ensayista y filósofo Juan José Sebreli y unos pocos minutos de conversación me bastan para comprobar, de nuevo, la solidez y vastedad de su información filosófica, la desenvoltura con que se mueve por los mundos de la historia, las ideas políticas y la literatura. Como muchos argentinos que he conocido, me da la impresión de haber leído todos los libros.

Borges fue destituido de su empleo en la biblioteca Miguel Cané por el gobierno de Perón, en 1946, y degradado, por su antiperonismo, a la condición de inspector municipal de aves y gallineros. El hecho es todo un símbolo del proceso de barbarización política que latinoamericanizaría a la Argentina y revelaría a los argentinos al cabo de los años que, en verdad, no eran lo que muchos de ellos creían ser

–ciudadanos de un país europeo, culto, civilizado y democrático, enclavado por accidente en América del Sur–, sino, ay, nada más que otra nación del Tercer Mundo subdesarrollado e incivil.

La involución del país más próspero y mejor educado de América latina –una de las primeras sociedades en el mundo que, gracias a un admirable sistema educativo, derrotó al analfabetismo– a su condición actual es una historia que está por escribirse. Cuando alguien la escriba, lo que saldrá a la luz tendrá la apariencia de una ficción borgiana: una nación entera que, poco a poco, renuncia a todo lo que hizo de ella un país del Primer Mundo –la democracia, la economía de mercado, su integración al resto del globo, las instituciones civiles, la cultura de brazos abiertos– para, obnubilada por el populismo, la demagogia, el autoritarismo, la dictadura y el delirio mesiánico, empobrecerse, dividirse, ensangrentarse, provincianizarse, y, en resumidas cuentas, pasar de Jorge Luis Borges a los piqueteros.

Son emblema de la otra Argentina, la que rechazó el camino de la civilización y optó resueltamente por la barbarie. En sus orígenes eran, al parecer, desempleados y marginales que salían a reclamar atención y trabajo de un poder que los ignoraba, de un mundo oficial sin alma, que daba la espalda a los más necesitados. Ahora, más bien, son las fuerzas de choque del poder político. Han salido con sus bombos y sus garrotes a enfrentarse a los simpatizantes de los agricultores que protestaban en la Plaza de Mayo por los nuevos impuestos decretados por el gobierno de Cristina Kirchner para los productos agrícolas. Y, en efecto, los dispersaron a palazos y a patadas, en nombre de la revolución.

¿Cuál revolución? La del odio. Lo explica muy bien el líder piquetero Luis D’Elía, afirmando que la culpa de esta movilización de agricultores contra el Gobierno la tienen “los blancos”. Añade que él odia a los blancos del Barrio Norte y quisiera “acabar” con todos ellos [N. de la R.: esto fue rectificado por D’Elía]. Pregunto a mis amigos argentinos qué quiere decir el líder piquetero con aquello de “blancos”. Porque, por donde yo miro, en la Argentina, por más esfuerzos que hago, sólo veo blancos. ¿Quiere acabar, pues, el piquetero con cuarenta millones de sus compatriotas? No veo argentinos negros, ni cholos, ni indios, ni mulatos, salvo turistas o inmigrantes. ¿Unicamente a ellos está dispuesto D’Elía a salvar de sus fantasías homicidas y racistas?

Unos días más tarde, tengo ocasión de inspeccionar muy de cerca a un par de centenares de piqueteros que emboscan el autobús que me lleva de la Bolsa de Rosario al local del Instituto Libertad, que cumple veinte años, un aniversario que un buen número de liberales del mundo entero hemos venido a celebrar. Como quedamos inmovilizados por la joven hueste de don Luis D’Elía –o tal vez alguna peor, pues ésta es sólo ultra, y en la Argentina hay ultra-ultra, y más– entre diez y quince minutos en la Plaza de la Cooperación, mientras ellos, imbuidos de la filosofía de aquel mentor, destrozan los cristales del autobús y lo abollan a palazos y pedradas y lo maculan con baldazos de pintura, tengo tiempo de estudiar de cerca las caras furibundas de nuestros atacantes. Son todos blanquísimos a más no poder.

Mis compañeros y yo guardamos la compostura debida, pero no puedo dejar de preguntarme qué ocurrirá si, antes de que vengan a rescatarnos, los aguerridos piqueteros que nos apedrean lanzan adentro del ómnibus un cóctel molotov o consiguen abrir la puerta que ahora sacuden a su gusto. ¿Celebraré mis 72 años –porque hoy es mi cumpleaños– tratando de oponer mis flacas fuerzas a la apabullante furia de esta horda de salvajes? Cuando pasa todo aquello, la joven periodista ecuatoriana Gabriela Calderón –es tan menuda que consiguió encogerse debajo del asiento como una contorsionista– me pregunta muy en serio si estas cosas me ocurren en todas las ciudades que visito. Le respondo que no, que esto sólo me ha ocurrido en la queridísima ciudad de Rosario.

Lo es para mí, por los buenos recuerdos que guardo de ella y porque es la tierra de mi amigo Gerardo Bongiovanni y de Mario Borgonovo, un publicista que, cuando se lanza a cantar tangos, hasta los ángeles del cielo bajan y los diablos del infierno suben a escucharlo.

Gerardo fundó, con cuatro amigos, en 1988, la Fundación Libertad, para promover las ideas liberales en su país. Veinte años después, el Instituto es un foco de pensamiento, de debates, de publicaciones, de seminarios y conferencias que entablan una batalla diaria por la modernidad, la tolerancia, el progreso, la democracia y la prosperidad contra quienes se empeñan en seguir haciendo retroceder a la Argentina hacia lo que Popper llamaba “la cultura de la tribu”.

Durante los diálogos, mesas redondas y exposiciones de estos días, como en la mañana emocionante de mi visita a la biblioteca Miguel Cané, de Boedo, me digo, esperanzado, que no todo está perdido, que todavía el fantasma de Borges podría despertar a la Argentina de la pesadilla de los piqueteros.

11 de abril de 2008

- ANTORCHA OLIMPICA -





Llegó la Antorcha Olímpica para Beijing 2008


La Antorcha Olímpica que flameará en los Juegos Olímpicos Beijing 2008 llegó a la Ciudad de Buenos Aires para cumplir mañana con el tramo correspondiente a Latinoamérica en manos de atletas y consagradas figuras que realzaron el deporte argentino.

El Subsecretario de Deporte porteño, Francisco Irarrazával, afirmó que "mañana habrá una verdadera fiesta del olimpismo, que une a los pueblos y a sus valores humanos a través del deporte más allá de cualquier intención política".

La Antorcha fue recibida en suelo argentino alrededor de las 17 en el aeropuerto internacional de Ezeiza, adonde arribó un vuelo especial del avión dispuesto por el Comité Olímpico de China que la está transportando por todo el mundo, en un periplo de 137 mil kilómetros.

La gran expectativa, que ciudad por ciudad despierta el viaje de la Antorcha, movilizó una gran cantidad de periodistas itinerantes que siguen su paso por las metrópolis designadas por el Comité Organizador de los Juegos.

El fuego fue recibido en el Aeropuerto por la vicepresidenta del Comité Olímpico Argentino, Alicia Morea, y llevado a un lugar reservado por cuestiones de seguridad hasta su presentación.

El Anfiteatro Lola Mora de la Costanera Sur (Puerto Madero) será el escenario de largada para los 80 atletas (varios de los cuales competirán en Beijing), ex deportistas consagrados y personas vinculadas con la actividad olímpica.

Portarán el símbolo hasta el Club Hípico Argentino (junto al estadio de River Plate), donde se celebrará la ceremonia de clausura.

Cada relevista llevará el fuego unos 180 metros, a lo largo de 13 kilómetros, por Puerto Madero (incluye un tramo por agua), Plaza de Mayo, el Obelisco, 9 de Julio, Avenida del Libertador y Figueroa Alcorta, pasando por los Bosques de Palermo, hasta su última etapa.

Para los argentinos y en especial para los porteños el paso de la Antorcha por Buenos Aires representa motivo de orgullo por cuanto es el único destino de América Latina donde se llevará a cabo el recorrido y será la primera vez que la Ciudad reciba este ícono.

Esta edición dará por concluidos los tradicionales recorridos de la Antorcha, cuyo significado ha sido compartir los valores de integración y amistad de las olimpiadas entre los distintos pueblos del mundo.

La Antorcha Olímpica, un cono de 72 centímetros de largo, casi 1 kilogramo de peso y hecho de una aleación de aluminio y magnesio, habrá recorrido 137 mil kilómetros cuando llegue a Beijing tras 130 días de periplo por el Mundo.

El operativo de seguridad de mañana contará con 1500 efectivos de la Prefectura en el tramo Puerto Madero y de 1200 hombres de la Policía Federal para el resto del recorrido, además de unos 3000 voluntarios que ayudarán a controlar el tránsito durante el paso de la Antorcha.

Una vez que la ex tenista y medalla olímpica en Seúl 88 Gabriela Sabatini encienda el pebetero en el Club Hípico, la antorcha será guardada nuevamente y trasladada a la ex capital de Tanzania, Dar es Salaam, siguiente escala del periplo.

10 de abril de 2008

- LA PRENSA -






La obsesión de controlar a la prensa


De casualidad, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, candidato al mismo cargo para las elecciones del domingo y el lunes próximos, coincidieron en algo en los últimos días: ambos criticar en actos públicos a dibujantes de la prensa gráfica.

La mandataria argentina calificó con tono crispado de "mensaje cuasi mafioso" una excelente caricatura del brillante y respetado caricaturista Hermenegildo Sábat, publicada en Clarín , en la cual aparecía ella con una venda cruzada en la boca; Berlusconi se quejó con tono de broma, y sin identificar a nadie, porque, con 1,70 metro de estatura, suele ser en las viñetas más bajito que los mandatarios de otros países.

Si bien la irritación de la Presidenta, en medio del conflicto con el campo, nada tiene que ver con las salidas en apariencia graciosas de Il Cavalieri , en medio de la campaña electoral, vale la comparación de las reacciones frente a circunstancias similares para entender hasta qué punto está incorporada entre nosotros la cultura democrática o, en todo caso, hasta qué punto vivimos, en realidad, en una mera democracia electoral en la cual el que obtiene más votos en los comicios supone que manda y el otro, sea opositor o pertenezca a algún sector no apreciado por el Gobierno, debe aceptar las cosas como son.

Estamos más cerca del segundo escenario que del primero si se tiene en cuenta la obsesión de controlar a la prensa, o al menos de insinuarlo, por medio del relanzamiento del Observatorio de Discriminación en los Medios, del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). Con esta herramienta, el Gobierno pretende asegurarse "un relato mediático que brinde cabida a todas las opiniones". En no pocos países existen organismos de esta naturaleza, pero, en su gran mayoría, la mano gubernamental no está presente ni tiene injerencia alguna en su desempeño, de modo de no fomentar el reverso de la libertad de expresión: es decir, la autocensura.

Como si no hubiera otras urgencias en el país, esta absurda iniciativa gubernamental, acompañada de un confuso informe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sobre la cobertura del conflicto con el campo, provocó duros y certeros cuestionamientos de las principales instituciones periodísticas del país y del exterior.

Es curioso, sin embargo, que la agencia oficial Télam haya sido el único medio de comunicación nacional que no dedicara una sola línea a los cacerolazos que se produjeron como consecuencia del conflicto con el campo. Ese detalle no pareció ser percibido por los funcionarios gubernamentales que impulsan el Observatorio ni por los expertos que evaluaron la discriminación entre "piqueteros violentos" y "grupos de choque" en el informe de la UBA.

Frente a esta paradójica situación, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) observó en una solicitada: "El Gobierno parece haber elegido a los medios de prensa como enemigos a vencer. Una mirada suspicaz le hace ver conspiraciones por todas partes y creer que la cobertura periodística de los fenómenos sociales encubre fines de alteración del sistema institucional".

En opinión de ADEPA, el Gobierno relanza de este modo un instrumento anacrónico, "porque la multiplicidad de expresiones que posibilitan las nuevas tecnologías y han hecho de cada ciudadano un periodista en potencia convierten a la intención controladora en una caricatura de dominación".

A su vez, el Foro de Periodismo Argentino (Fopea), en representación de 220 periodistas de todo el país, cuestiona, en particular, la participación del Gobierno en el Observatorio: "Queremos llamar a la reflexión a las autoridades nacionales sobre qué objetivos se persiguen en la creación de este observatorio y recalcar que las experiencias más enriquecedoras que se han dado en el mundo cuando se utilizaron estos instrumentos fueron justamente producto de iniciativas ciudadanas de organizaciones de la sociedad civil -muchas veces con participación de las instituciones académicas- y sin la presencia de los respectivos gobiernos".

El creciente clima de suspicacias creado en el país figura en el informe final de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), realizada recientemente en Caracas. En ella no se advirtieron mejoras para la libertad de información en el continente.

El presidente anfitrión, Hugo Chávez, había llamado a la SIP "uno de los brazos del imperio". La situación en Venezuela dista de ser buena por violaciones a los derechos humanos de los periodistas y trabajadores de los medios de comunicación, y constantes amenazas y atropellos contra los medios escritos, orales y televisivos. La Argentina, más allá de la intolerancia oficial, no debería llegar a una situación similar.

Ni el actual gobierno nacional ni el anterior, aunque nadie crea que en la Argentina haya habido una transición, parecen entender que la libertad de expresión es la síntesis de los derechos humanos y es, además, parte sustantiva y fundamental de la organización de los Estados. Su anulación o su limitación implica el derecho de la fuerza, acción totalitaria que contraría la libre aceptación de la palabra ajena.

Sobre ello se pronunció el presidente de la SIP, Earl Maucker, sorprendido porque la "prensa argentina da muestras de una riqueza plural de opiniones, por lo que no entendemos por qué el Gobierno desea intervenir en cuestiones que sólo le competen a la sociedad civil".

Las imputaciones de la Presidenta contra el dibujante Sábat, así como sus irritantes latiguillos contra lo que lee "en letras de molde", revelan la alarmante falta de estatura cívica que padecemos en el país.

Es necesario poner fin a las insinuaciones, las amenazas y toda otra forma o método que restrinja esta garantía de raigambre constitucional. La libertad de expresión, como ha sido señalado en reiteradas ocasiones desde esta columna editorial, es un derecho fundamental e inalienable, inherente a todas las personas. Y es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática que, a tono con lo que declama el Gobierno, pretende deshacerse de su sesgo autoritario.

9 de abril de 2008

- XUL SOLAR -




Xul Solar

A 45 años de su desaparición

Un excéntrico y polifacético artista argentino




Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, nace en San Fernando, provincia de Buenos Aires, un 14 de diciembre de 1887. Pintor, literato e inventor argentino autodidacto.
Su padre fue Emilio Schulz Riga, nacido en Riga actual capital de Letonia y entonces Provincia de Livonia bajo el poder del zarato de Rusia, y su madre Agustina Solari, nacida en la ciudad de Zoagli, en la provincia italiana de Génova.





Durante su estadía en París adopta en 1916 su nombre artístico de Xul Solar, en el cual unifica el apellido paterno ( transformandoló en anagrama del vocablo latino lux, es decir luz, y el apellido materno al cual relaciona con el suelo y el sol), apellido artístico por el cual es conocido posteriormente. A su regreso a la Argentina trabaja como ilustrador para la revista Martín Fierro (1924-1927). Fue amigo de Jorge Luis Borges. Su casa, en el Barrio Norte de Buenos Aires, se transformó tras su muerte en el museo de su obra.





Xul Solar fue un personaje excéntrico, versado en religiones, en astrología, ciencias ocultas, idiomas y mitologías. Uno de sus amigos, Borges contribuyó decisivamente a que se lo conociera, exaltando su figura singular, antes que su obra. Borges hizo saber que Xul era inventor de una panlengua, que de algún modo reflejaba todas las lenguas de la Tierra, y correspondiente con ésta, de una lengua argentina específica a la cual ha llamado neocriollo. También había inventado un panajedrez, en el que los escaques convencionales son más, situados en varios tableros dispuestos verticalmente y que se relacionados con las constelaciones y los signos zodiacales. Según Borges, Xul había creado varias cosmogonías en una sola tarde.





La pintura de Xul Solar es fantástica, antes que surrealista, como a veces se la definió. Cuerpos, máscaras, astros, cúpulas, ojos, banderas, escaleras, edificios, figuras precolombinas, signos de todas las religiones, flotan en el espacio, sin apoyatura en una suerte de bricolaje. Recuerdan al arte primitivo rupestre. Y sugieren la realidad como una serie de visiones sin tiempo ni espacio. Son obras cromáticamente intensas aunque generalmente de formato pequeño.





Fallece en El Tigre, provincia de Buenos Aires, un 9 de abril de 1963.
El Museo Xul Solar funciona en Laprida 1212 Ciudad Autónoma de Buenos Aires y vale la pena visitarlo.

8 de abril de 2008

- LO DE SIEMPRE -


Liberación o dependencia


Por Federico Pinedo
Para LA NACION



EL gobierno argentino congeló los precios de la energía, a pesar de una inflación que desde 2002 no debe de bajar del 150 por ciento. Después, negó que estuviera por venir una crisis energética, y ahora aduce que en realidad la crisis no es nuestra, sino importada. Sin embargo, cuando se mira más allá de nuestras fronteras, se puede ver que somos los únicos del globo cuya política consiste en poner los precios de la energía casi por debajo del costo; en cobrar garrafas caras a los pobres y subsidiar los climatizadores de piletas de los ricos; en intervenir los mercados al punto de que nadie pueda conocer las reglas de juego; en amenazar a empresas, que terminan regalando acciones a empresarios amigos del poder; en mandar piqueteros a estaciones de servicio extranjeras; en pagar a los productores argentinos de gas cinco veces menos que a los bolivianos, y en comprar fueloil caro a Venezuela, para compensar. La verdad es que nuestra política energética parece una genialidad no detectada por ningún radar.

Pensaba en esto mientras me dirigía a la conferencia mundial de energías renovables y cambio climático, que se desarrollaba en el Centro de Convenciones de Washington, D. C., donde me topé con otro contraste: el de las delegaciones estadounidense y brasileña, comparadas con la de nuestro país. De un lado, formaron el mismísimo presidente Bush, sus secretarios de Energía y Agricultura y su vicecanciller, así como los diplomáticos de Itamaraty, acompañados por senadores, diputados, expertos y empresarios; en nuestro bando, nos alistamos el secretario de Energía y un modesto diputado de la oposición, junto al personal de línea de nuestra embajada. Discutiríamos un tema que va a cambiar la vida de la humanidad en los próximos 20 años, al generar una revolución que ni siquiera podemos imaginar. Los argentinos estábamos allí como patitos mojados. ¡Y eso que la Argentina tiene caña de azúcar para hacer alconafta, como Brasil; vientos patagónicos, para doblegar los molinos de Texas; diferencias de mareas, para apabullar a los geotérmicos de Islandia; granos, para llenar de biocombustibles a quienes los busquen! Qué cosa rara lo que nos pasa a los argentinos...

Bush entró a los saltitos y, mientras era presentado, se quedó parado con las manos colgando a sus costados, como a punto de desenfundar. “La dependencia amenaza la seguridad –disparó–. Importamos el 60% del petróleo y los proveedores no creen en las libertades en que nosotros creemos”, siguió tirando. Levanté mi vista y leí el enorme cartel con el lema de la conferencia: “Contra la dependencia”. Recordé a Obama cuando dijo que debían liberarse de los tiranos del petróleo y mi mente pasó por la lucha de los 70 para instalar “el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel”. ¿Otra vez liberación o dependencia, pero al revés?, pensé, y seguí oyendo. “La revolución tecnológica es inimaginable. Vamos a reducir el 20% el uso de nafta en diez años; el etanol se triplicó desde 2000; se invirtieron 71 mil millones de dólares en 2007 en energías alternativas; los brasileños están sacando combustible para aviones de maníes”, dijo Bush, y agregó: “Yo nunca vi un babassu nut, pero es formidable que haga andar a los aviones”. Carcajada. “Hacen falta marcos regulatorios confiables para poder invertir [me vinieron los bigotes de Moreno a la cabeza, no sé por qué].” “Hay que sacar etanol de los árboles, de la celulosa y de la basura, para no encarecer los alimentos”, continuaba Bush. “Mi gobierno está dando préstamos por 18 mil millones y estamos haciendo convenios internacionales con China, Rusia, Francia, Inglaterra y Brasil [¡otra vez!] para que la energía nuclear llegue a los países en desarrollo. Vamos a hacer un fondo para ayudar a los más pobres a limpiar el clima. Debemos decir: acá hay un problema y acá una meta sencilla. Este es un tren que ya salió. El que quiera subir, que se suba, y el que no, no. Tenemos que ser gente de resultados y no de procesos”, terminó. Me quedé mudo. Bush (más petiso de lo previsto) saludaba a la primera fila, mientras sonaba la música de terror del viejo noticiero de radio Colonia. Nuestro secretario me comentó luego: “Está claro, Estados Unidos va a defender a sus propias empresas”… No entendí.

Las potencias medias, grupo en el que estamos ausentes, hablaron. La ministra de Sudáfrica sostuvo que para atraer la enorme cantidad de inversiones necesarias pueden hacer falta normas globales que impongan las “mejores prácticas”. El asesor de Condoleezza Rice en estos temas, graduado en Stanford y en Harvard, sostuvo que en el mundo había laboratorios de políticas públicas, como Marruecos y los países nórdicos, que todos debemos imitar. Explicó que las tecnologías europeas van a Brasil por la facilidad y seguridad de sus leyes. Dio datos. El 98% de la demanda futura de alimentos viene por el cambio de dieta de países como China, y terminó: “Estamos hablando de esto con Brasil”. ¡Ay –pensaba yo– cuánto daño nos están haciendo la arbitrariedad y el cortoplacismo!

Alemania propuso crear un organismo mundial, pero no para el consenso, sino para la acción. Sostuvo su vocero que, en 20 años, el 60% de la industria va a estar relacionada con la producción limpia y la energía renovable. El chino informó que en 2007 duplicaron las inversiones en investigación y desarrollo y que en 2020 (¡mañana!) van a tener el 50% de la energía renovable. Propuso fuertes pautas de cooperación internacional.

El secretario de Energía norteamericano agregó que en 2030 se va a duplicar la demanda de energía, con un impacto tremendo en los países chicos. Los ingleses sugirieron un sistema global de comercio energético, mientras Mohamed El-Ashry, de Naciones Unidas, sostenía que es artificial enfrentar al mercado con las políticas, porque los mercados reaccionan a las políticas. Se dijo que las emisiones de carbono pueden pasar de 20 gigatoneladas a 42, en 2030, y que si llegan a 62 eso implicaría un calentamiento global de seis grados. Un alemán acotó que si subiera la temperatura dos grados, Africa podría perder la mitad de sus cosechas. El delegado de la Unión Europea propuso marcos regulatorios internacionales para garantizar inversiones de largo plazo y soluciones regionales, además de cambiar la logística (el 30% del consumo de los Estados Unidos se lo lleva el transporte) para hacerla sustentable. El creador de Sun Systems, el indio Vinod Khosla, muy divertido en su ataque a los bancos de inversión, calmó a varios al sostener que las predicciones apocalípticas son un disparate, porque la investigación científica en curso es alucinante.

Con voz firme y enfoque prometeico, la viejita Millie Dresselhaus, investigadora del MIT, explicó que sólo las políticas predecibles y estables pueden garantizar la sociedad entre el gobierno y la industria para la investigación científica.

“La revolución requiere, para los recursos humanos, entusiasmo, enfoque interdisciplinario y distribución internacional de I+D (investigación y desarrollo); en materia de infraestructura, hacen falta centros de excelencia y sociedades internacionales en I+D; para las estrategias, fondeo internacional para que los países subdesarrollados investiguen, así como explorar todas las alternativas energéticas, porque cada país tiene sus ventajas en alguna de ellas”, afirmó, convencida.

Veremos una revolución en lo que duren los próximos dos mandatos presidenciales. Se trata de bajar los precios de las energías alternativas, controlar el calentamiento global, generar enormes inversiones, incrementar la producción, expandir los mercados para obtener economías de escala, generar marcos normativos estables regionales, o aun internacionales, luchar contra las tarifas aduaneras que interrumpan el proceso, generar millones de productores de energía para reemplazar los monopolios actuales. Australia se comprometió a tener el 20% de su energía renovable en 2020; Dinamarca, el 30%; Brasil ya tiene 45%; Nueva Zelanda aspira al 90%, en 2025.

Simultáneamente, en nuestra patria, las 13 industrias argentinas que invirtieron 197 millones de dólares en biodiésel, mientras trataban de convencer a potenciales compradores sobre su confiabilidad, fueron informadas de que el ministro de Economía, sin intervención del Congreso, por resolución, sin decir agua va, había pasado el impuesto a la exportación de ese producto del 5 al 20%. Mientras bajaba caminando por la calle M., llena de glamour juvenil, me repiqueteaba la consigna: ¿liberación o dependencia? ¿De quién dependemos, de qué liberarnos? ¿Y si el mundo se libera de nosotros?

El autor es diputado nacional por el Pro.