15 de febrero de 2009

- IGLESIA -




Tras el caso Williamson


La Iglesia de Ratzinger:


Lecciones de la crisis



Aunque desde el Vaticano se intenta minimizar el episodio con el lefebvrista Williamson, muchas voces aseguran que en la Iglesia hay mar de fondo y que son demasiados traspiés para un papado de apenas cuatro años

Por Elisabetta Piqué
Noticias de Enfoques

Foto: Foto: María Aramburu
Arte de Tapa: Silvina Nicastro


Puertas afuera, el huracán Williamson está amainando: el Papa alemán, que condenó reiteradamente el Holocausto y a quien lo niega o minimiza, peregrinará a Israel en mayo próximo, en un viaje que muchos en el Vaticano esperan que tenga el mismo efecto sanador que el que hizo a fines de 2006 a Turquía, después de Ratisbona, cuando en una mezquita de Estambul rezó hacia la Meca, en un gesto que valió mil palabras.

Puertas adentro, en el Vaticano, y en la Iglesia católica en general, hay mar de fondo. El caso Williamson, una tormenta que aquí todo el mundo cree que podría haberse evitado, trajo a flote malestar, inquietud y desorientación. De hecho, para muchos cardenales y obispos, funcionarios vaticanos y expertos que hablaron con LA NACION con la condición del anonimato, la reciente crisis fue más seria que la de Ratisbona, cuando el Papa relacionó el islam con la violencia. ¿Por qué? Porque ahora no son sólo los musulmanes y los judíos quienes miran con resquemor a Benedicto XVI. El levantamiento de la excomunión a los lefebvristas y el caso Williamson también tuvieron un efecto desestabilizador en la misma comunidad católica.

Mientras se respira un clima de desconfianza, de intriga palaciega, de búsqueda de "el" o "los" culpables del estallido de este escándalo que para algunos fue manipulado con el objetivo de hacerle daño al Papa -que increíblemente ignoraba el pasado negacionista de Williamson-, retumban varias preguntas.

¿Hacia dónde va realmente el pontiticado de Benedicto XVI? ¿Gobierna realmente el papa teólogo, que ha sido como nunca blanco de durísimas críticas, especialmente de obispos y cardenales de su patria? ¿De qué sirve su intento de recuperar a los lefebvristas, un grupo ultraconservador y minoritario, si la mayoría de los católicos se aleja, sintiendo que la Iglesia no da respuestas a sus problemas cotidianos? ¿Hasta qué punto Joseph Ratzinger, que sistemáticamente defiende el Concilio Vaticano II (1962-65), en el cual participó como teólogo consejero del entonces cardenal de Colonia, Joseph Frings, no quiere hacer una reforma de la reforma? El Papa alemán, elegido en abril de 2005 por la mayoría de los cardenales como un papa de transición, conservador, símbolo de la continuidad con su amado predecedor, Juan Pablo II, ¿está dando marcha atrás, como muchos temieron?

Por supuesto, no hay respuestas unívocas. Pese a las repercusiones y a las voces que describen a un Ratzinger golpeado en su interior por el episodio, en el Vaticano se tiende a minimizar la crisis. Se destaca que el Papa quiso facilitar el diálogo con los lefebvristas para no ahondar la fractura dentro de la Iglesia católica, y que el objetivo fue "un acto de misericordia" en línea con el Concilio.

Pero aun esta línea de interpretación no puede sino admitir que lamentablemente algo no funcionó: el Papa sólo después del levantamiento de la excomunión cayó en la cuenta de que Williamson -que aún no se retractó de sus afirmaciones- era un fanático del negacionismo. La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué nadie lo puso en alerta para evitar lo que finalmente sucedió? La sospecha de que las internas palaciegas pueden haberle jugado al Papa una mala pasada están en los razonamientos de muchos observadores, aunque el cardenal portugués José Saraiva Martins, uno de los pocos estrechos colaboradores del Papa que se atreve a hacer declaraciones on the record , trata de bajarle el tono al escándalo e insiste en que "se dicen muchas cosas pero aquí no hay que buscar ningún trasfondo ideológico, esas son cosas delicadas..."

En diálogo con LA NACION, Saraiva Martins admitió que "puede haber grupos que piensan distinto, y está bien... Hay libertad en la Iglesia mientras no se toquen los fundamentos de la fe, los principios de la tradición eclesial. Por el resto, no hablaría de crisis. Son hechos que sucedieron así. Que alguien haya pecado de superficialidad es humano. Es lamentable, pero es así". Y mencionó como gran responsable de los equívocos al cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, presidente de la comisión Ecclesia Dei, instaurada por Juan Pablo II en 1988 para superar el cisma con los lefebvristas, pero también al cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone.

Desde una posición mucho más crítica, Giancarlo Zizola, uno de los máximos expertos italianos en cuestiones vaticanas, cree que éste fue un incidente providencial porque sacó a la luz una realidad muy preocupante del gobierno de la Iglesia. ¿Cuál es esa realidad para Zizola? "Que el Papa no gobierna, que la derecha está al mando, que la Secretaría de Estado no tiene un equipo de colaboradores adecuados, que el Papa no consulta y que hay una crisis de comunicación entre el Papa y los episcopados mundiales. Por este hecho, en efecto, por primera vez los obispos franceses y alemanes finalmente reaccionaron después de siglos de silencio."

Para Zizola, autor de libros clave sobre la Iglesia -entre ellos La otra cara de Wojtyla- y amigo de muchos cardenales, el escándalo Williamson demuestra que el Papa está encerrado en una "soledad institucional", no sólo en cuanto a su equipo de colaboradores -"no adecuado a la tarea"-, sino también en cuanto a su relación con el episcopado, con la Iglesia en su totalidad. "Una vez más se demuestra que el papado, tal como se lo practica actualmente, no es sostenible para un solo hombre; hace falta retomar el trabajo -abierto en el Concilio Vaticano II- de la colaboración colegial de los obispos por arriba de la Curia y debajo del Papa, para hacer un órgano de gobierno colegial de la Iglesia universal con él y debajo de él. La soledad no encuentra soluciones", agregó. La conclusión de Zizola es categórica: "Benedicto XVI fue elegido con gran mayoría por varios factores, pero sobre todo por su alta inteligencia. Y la cadena de incidentes que tuvo en sus casi cuatro años de pontificado demuestra que la inteligencia no es suficiente para gobernar a la Iglesia."

Desconfianzas y decepciones

Pero el episodio con los lefebvristas no sólo despertó críticas sobre el funcionamiento interno del Vaticano, también sensibilizó a quienes siguen con alguna desconfianza la orientación eclesial de Ratzinger. Para Marco Politi, vaticanista del diario La Repubblica , el hecho de que el Papa, que ya había rehabilitado la misa en latín con el rito tridentino, anunciara el levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos lefbvristas justo en el día del 50 aniversario de la proclamación del Concilio Vaticano II por Juan XXIII, y sin reclamar que estos prelados aceptaran todos los documentos del Concilio, habla por sí solo.

"Aunque sistemáticamente defiende el Concilio Vaticano II y su herencia, Benedicto XVI demostró que de algún modo está de acuerdo con una parte de las críticas de Marcel Lefebvre al Concilio", le dijo Politti a LA NACION. Para este experto, autor junto con Carl Bernstein de Su Santidad , el caso Williamson subraya un elemento autoritario, conservador, de este pontificado. "Un año después de su elección, el Papa consultó a los cardenales de todo el mundo sobre el caso de los lefebvristas, y la mayoría le dijo que era necesaria la ?leal´ adhesión de ellos al Concilio... Pero él no tuvo en cuenta esta opinión. En una cuestión tan importante actuó de manera muy monárquica, sin dar espacio a la colegialidad", dijo.

No por nada, dice Politi, el pontificado de Benedicto XVI, que cumplirá cuatro años el 19 de abril, está decepcionando a aquellos cardenales que esperaban que, como Papa, Joseph Ratzinger, un hombre famoso por su rigidez doctrinaria, pudiera ir más allá de sus posiciones. "Decepciona a aquellos que, aun conociendo sus ideas, pensaban que con gradualidad y prudencia hubiera podido desarrollar formas de colegialidad", señaló.

Sin embargo, otro veterano en cuestiones vaticanas, el español Antonio Pelayo, más allá de destacar, como los demás, una gran falla en la Curia -"que no funciona", agregó-, consideró que no se puede decir que Benedicto XVI esté dando pasos hacia atrás respecto del Concilio Vaticano II, sino que está corrigiendo excesos que ya Pablo VI había advertido. "En su primer discurso a la Curia, en diciembre de 2005, el Papa dijo que había dos formas de interpretar el Concilio: una de ruptura y discontinuidad, y otra de reforma en continuidad, y en este sentido tuvo los gestos que tuvo con los lefebvristas", dijo a LA NACION.

Una línea similar de interpretación se lee en las palabras de John Wauck, sacerdote y profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, del Opus Dei. "Lo que le interesa al Papa, y lo ha dicho desde el inicio, es la unión en la Iglesia. En el primer año de su papado invitó a su residencia de Castelgandolfo a Hans Kung (teólogo disidente) y a Bernard Fellay (superior de los lefebvristas): quería hablar con los dos. El está interesado en superar las divisiones de la Iglesia. Los lefebvristas están haciendo otra Iglesia, construyendo un mundo aparte, algo gravísimo desde el punto de vista de la unidad de la Iglesia. Por otro lado, fue Juan Pablo II quien instituyó la comisión Ecclesia Dei para recuperar a esta gente", dijo.

Nacido en Chicago y "romano" desde 1995, Wauck consideró injusto el argumento de quienes critican al Papa por tender puentes sólo hacia los ultraconservadores y no hacia otros sectores, como por ejemplo el de los divorciados vueltos a casar. "La idea de que el Papa está tendiendo puentes hacia un lado y no hacia otro no es correcta. El Papa no celebra la misa tridentina, es un padre del Concilio, fue perito, la idea de que él está en contra del Concilio Vaticano II es absurda", aseguró Wauck, que se manifestó convencido de que es urgente que en el Vaticano haya alguien que pueda pensar estratégicamente las relaciones mediáticas, y que haya una mejor comunicación interna y externa.

El impacto de la crisis

"Los polacos pueden estar orgullosos de Juan Pablo II y de su aporte a la fe, al mundo, a la libertad, pero empiezo a dudar de que nosotros podamos sentirnos orgullosos de tener un papa alemán, al menos, este papa alemán". Las declaraciones del ex ministro de Relaciones Exteriores de Helmut Khol, Hans-Dietrich Genscher, realizadas el mismo día en que la canciller alemana, Angela Merkel, se convirtió en la primera jefa de un gobierno europeo en salir a cuestionar al Papa, pueden dar una medida del impacto que tuvo la crisis, no sólo a nivel internacional, sino también a nivel personal, íntimo, sobre el tímido y reservado Pontífice. Todos los diarios del mundo se ocuparon del tema y muchos volvieron a poner en duda la capacidad de gobernar de Ratzinger, un intelectual demasiado solo, con poco contacto con el mundo real.

En el Vaticano lo saben y, aunque la consigna de la hora es bajar los tonos, admitir que hubo problemas pero minimizar la gravedad del episodio, puertas adentro hay mar de fondo. La crisis, para muchos la peor del pontificado de Benedicto XVI, ha dejado heridas, muchas lecciones de las que tomar nota y un descontento que podría decantar en cambios futuros o en el próximo cónclave.

© LA NACION

14 de febrero de 2009

- CORTAZAR -




25 años sin Cortazar


Uno de los máximos de la literatura argentina


Con esa personalidad física y verbal




Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a la Argentina a los cuatro años. Paso la infancia en Bánfield, se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Trabajó en varios pueblos del interior del país.





Enseño en la Universidad de Cuyo y renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de nuestro país y desde entonces trabajó como traductor independiente de la Unesco, en París, viajando constantemente dentro y fuera de Europa. En 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos ("muy mallarmeanos", dijo después el mismo) Presencia.





En 1949 aparece su obra dramática Los reyes. Apenas dos anos después, en 1951, publica Bestiario: ya surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura: los inolvidables tomos de relatos, los libros que desbordan toda categoría genérica (poemas-cuentos-ensayos a la vez), las grandes novelas: Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973).





El refinamiento literario de Julio Cortázar, sus lecturas casi inabarcables, su incesante fervor por la causa social, hacen de él una figura de deslumbrante riqueza, constituída por pasiones a veces encontradas, pero siempre asumidas con él mismo, genuino ardor.





Julio Cortazar murió en 1984, un 12 de enero, pero su paso por el mundo seguirá suscitando el fervor de quienes conocieron su vida y su obra.

Entre sus obras:

• Los Reyes (1949)
• Bestiario (1951)
• Final de Juego (1956)
o Continuidad de los parques





o No se culpe a nadie
• Las armas secretas (1959)
• Los premios (1960)
• Historias de Cronopios y de Famas (1962)
o Instrucciones para subir una escalera
o Historias de Cronopios y de Famas
o Conducta en los velorios





• Rayuela (1963)
• del capítulo 7
• del capítulo 68
• Todos los fuegos el fuego (1966)
• La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
o la máquina para leer Rayuela y otras historias
• 62/Modelo para armar (1968)





• Último round (1969)
• La prosa del Observatorio (1972)
• Libro de Manuel (1973)
• Octaedro (1974)
• Alguien anda por ahí (1977)
• Territorios (1978)
• Un tal Lucas (1979)
o Lucas, sus pudores
• Quremos tanto a Glenda (1980)





• Deshoras (1982)
• Nicaragua tan violentamente dulce (1983)
• Los autonautas de la cosmopista (1983, escrito con Carol Dunlop)
• Divertimento (1986)
• El Examen (1986)
• Diario de Andrés Fava (1995)
• Adiós Robinson (1995)

13 de febrero de 2009

- TECNO -




El aspecto ético de la tecnología


Una computadora no es buena ni mala en tanto que uno no defina qué uso le dará y, sobre todo, si contribuye al conocimiento


Noticias de Opinión
Editorial - La Nación



El desarrollo tecnológico es uno de los componentes que definen lo más significativo de nuestro tiempo y es por eso revelador del poderío de las empresas y los países que lo producen. La tecnología supone el soporte de los conocimientos científicos que la fundamentan, el empleo de sofisticados recursos materiales y especiales habilidades al servicio de la organización del trabajo y la producción, que buscan ofrecer bienes útiles dotados de la mayor eficacia. La tecnología se guía por criterios económicos y, en principio, ocupa un espacio éticamente neutro.

Cuando se observa el proceso de su evolución se advierte que la demanda incentivada por la competencia, que mueve a elaborar más y mejores productos, ha generado un asombroso dinamismo en la multiplicación de las tecnologías, que, a la vez, se han ido expandiendo más allá de la producción de bienes y la oferta de servicios, y han llevado su participación a otros dominios de la cultura, como ha ocurrido en la actividad educativa y sanitaria o en el campo de la información y la comunicación.

Tan acelerado y vertiginoso en su ritmo, este proceso no se ha visto acompañado de una reflexión crítica sobre las consecuencias previsibles en los órdenes biológico, humano y social para evitar graves perjuicios. Esto ha pasado en el campo ambiental, sometido a un grave deterioro a causa de los efectos disfuncionales del uso de las tecnologías, lo que se ha evidenciado, por ejemplo, en la elevación de la temperatura ambiental o en la contaminación descontrolada de los campos por acción de insecticidas, como pasó con el DDT.

Es importante advertir que los frutos de la tecnología, como de otras creaciones o acciones humanas, provocan situaciones ambivalentes, pues tanto se registran efectos positivos como negativos. Esto ocurre con el empleo de las computadoras por los chicos: los progresos que logran en su uso son opuestos al aprendizaje de la redacción y al correcto manejo del idioma, con el riesgo de que su adhesión al ordenador reduzca su contacto e interacción social.

Hay algo más por considerar: las acciones humanas siempre crean un compromiso moral. Las tecnologías no son en sí mismas ni buenas ni malas, pero su empleo puede estar al servicio de fines primarios o accesorios que merezcan una calificación ética negativa. Esto pasa concretamente cuando la información bajada de Internet provee de material pornográfico o de cualquier otra especie que es de particular interés entre los adolescentes.

De ahí que las obligaciones morales no estén al margen del empleo de las computadoras. El deber de velar por ese compromiso concierne a los mayores, ya sean fabricantes, padres, educadores, comerciantes y adultos que regulan su uso. Niños y adolescentes tienen que avanzar en su dominio con mesura y conciencia de los beneficios que reditúa la gran herramienta que está en sus manos, pero también con conocimiento de sus límites y de las derivaciones perturbadoras que puede provocar.

12 de febrero de 2009

- BREST -




Jorge Romero Brest


Un adelantado en la comunicación


Aniversario de su muerte




Jorge Anibal Romero Brest, Coco (1905-1989) fue un influyente y discutido crítico de arte argentino, vinculado a la promoción de las escuelas de vanguardia entre las décadas del 60 y del 70 en América Latina. Dirigió el Museo Nacional de Bellas Artes (1955-1963) y el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella (1963-1969), en Buenos Aires.





Su primera experiencia como crítico de arte fue una conferencia titulada "El elemento ritmo en el cine y el deporte". Brest fue un gran conferencista, y alcanzó su fama en gran medida a través de ellas. Luego comenzó a escribir artículos sobre arte en La Vanguardia, el diario del Partido Socialista de Argentina. Su primera colaboración fue un artículo titulado "Sugestiones para una filosofía del deporte. Acotaciones artísticas".





En 1937 escribió su primer libro, El problema del arte y del artista contemporáneos. Bases para su dilucidación crítica. A fines de 1940, ya se destacaba por su atención a los movimientos artísticos de vanguardia, pero también por sus actitudes fuertemente críticas, descalificando la primera muestra del Grupo Orión, una conjunción de pintores y escritores surrealistas fundado por Luis Barragán, Bruno Venier y Vicente Forte, recomendándoles a los pintores que, primero debían «aprender a pintar».





En 1942 publicó el libro Prilidiano Pueyrredón y al año siguiente David. En 1945 publicó los dos primeros tomos de Historia del Arte (el tercero fue publicado en 1946 y en 1958, el cuarto). Esta última obra fue utilizada como texto de estudios en varias universidades latinoamericanas. Durante el peronismo (1945-1955) se afilió al Partido Socialista pero sin convicción.





Como consecuencia de su adscripción política, el gobierno peronista lo cesó en los empleos docentes que desempeñaba. Brest entonces comenzó a dictar un Curso de Estética e Historia del Arte en la librería Fray Mocho, que tuvo gran concurrencia y le permitió comenzar a ganar dinero.





Las conferencias y cursos llevaron a que se generara una cantidad de seguidoras y seguidores de sus puntos de vista con quienes en 1948 fundó la revista Ver y Estimar. En 1952 publicó La pintura europea contemporánea, su libro más destacado. Para entonces comienza a adquirir fama internacional y a formar parte de jurados en las muestras de arte internacionales (Venecia, París, San Pablo, Tokio).





En 1955 la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora lo nombró director del Museo Nacional de Bellas Artes, dirigiéndolo hasta 1963. El hecho ha generado debates, pero es unánime la opinión de que renovó decisivamente un museo que se encontraba virtualmente abandonado, impulsando desde el mismo nuevas corrientes artísticas.

Sus críticos le recrimian haber impulsado y desplazado caprichosamente a pintores y corrientes. Más allá de las mismas, el museo, bajo la dirección de Brest, impulsó por épocas a pintores como Raúl Soldi, Héctor Basaldúa, Guillermo Butler, Lino Eneas Spilimbergo, Emilio Pettoruti, Miguel Carlos Victorica, Ramón Gómez Cornet y Antonio Sibellino. También promovió a los pintores del Grupo Orión, que había criticado tan duramente en la década anterior: Leopoldo Presas, Vicente Forte y a Raúl Russo.





En 1960 organizó una muestra para exponer el trabajo de los abstractos: Sarah Grilo, Fernández Muro, Octavio Ocampo, Kazuya Sakai, Clorindo Testa. En 1963 el museo realizó una importante exposición de la Nueva Figuración, con los llamados "cuatro jinetes del Apocalipsis": Jorge de la Vega, Luis Felipe Noé, Ernesto Deira y Rómulo Macció.





Luego de renunciar al Museo Nacional de Bellas, le ofrecieron la dirección del Instituto Di Tella (calle Florida al 900), una institución que desempeñó un rol esencial en la renovación del arte argentino y la difusión del pop. De allí surgieron figuras como Marta Minujín realizando su famosa "Menesunda" y la difusión de los "happenings", León Ferrari, Josefina Robirosa, Federico Klemm, Nicolás Garcia Uriburu, Antonio Seguí. En 1969 el Instituto debió cerrar. Ese mismo año publicó un nuevo libro con el título Ensayo sobre la contemplación artística.

El criterio básico de selección de Romero Brest estaba basado en un genuino aporte creativo por parte del artista: "una cierta calidad objetiva, que no fuera un simple remedo tardío de los movimientos europeos".

La personalidad de Romero Brest siempre fue confrontativa y contradictoria, lo que le valió ganarse de adeptos incondicionales con la misma facilidad que enemigos encarnizados.





Por un lado soy un político del arte, un agitador, en tanto considero una valoración social de la obra; y por otro soy un gozador del arte, fuera de toda determinación y de toda ideología, en cuanto hago juicios de valoración contemplativa. Sin embargo, nunca tuve ideas claras y definitivas sobre el arte. Cuando escribí el libro no las tenia, y mucho menos ahora".

11 de febrero de 2009

- ESFUERZO -











La meta debe ser duplicar la producción nacional

Tiempo de esfuerzos

Carlos Conrado Helbling
Para LA NACION
Noticias de Opinión


Una imagen vale más que mil palabras. La fotografía mostraba, en un periódico de fines de mayo de 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial en el territorio europeo, a una anciana desesperada y perdida entre las ruinas de lo que había sido una ciudad alemana. Hurgaba entre los escombros en busca de algo para comer debajo de los restos de lo que quizás había sido su casa. Los ojos fijos en la cámara denotaban una mezcla de impotencia y desolación.

Cuatro años más tarde, Alemania ya era una república federal, contaba con un Parlamento independiente, había comida para todos, los transportes funcionaban y se reconstruía la educación. El marco alemán comenzaba a afianzarse como moneda cuya estabilidad duraría hasta integrarse con el euro, en enero de 1999. La laboriosidad sin límites de horario, el esfuerzo y la tenacidad lograron esta reconstrucción.

Alemania resurgió de sus cenizas con un tremendo esfuerzo. Por eso viene a cuento recordar la imagen. Por el contrario, a nosotros, los argentinos, parece habernos resultado difícil convertirnos en una nación moderna en este último medio siglo. Una nación integrada social y económicamente, seria, provista de instituciones confiables, llena de esperanza.

Se me dirá que somos distintos, que ellos son alemanes y nosotros tenemos nuestra historia. Sin embargo, nuestro pueblo, en muchos casos individuales, es meritorio y talentoso. Nuestras carencias están en la falta de solidaridad hacia el prójimo, en soportar aberrantes diferencias socioeconómicas, carecer de laboriosidad y sentido del ahorro y, sobre todo, en la falta de una ambición nacional. Es fundamental la ausencia de una moneda estable.

Después de tantos decenios de padecer estos males, parece que nadie se inmuta demasiado. El ciudadano común se ha acostumbrado a vivir en este marco. Sólo a una minoría le duele profundamente el progresivo deterioro de la Argentina en estos últimos años. Me rehúso a pensar que este deterioro es irreversible. No lo acepto. Si una nación totalmente destruida, como fue la Alemania de 1945, logró erguirse, nosotros poseemos todas las condiciones para imitar ese ejemplo. La tarea que proponemos es, sin duda, ciclópea.

Un dato desgarrador surge ante nosotros: en junio de 1945, en San Francisco, 50 naciones se reunieron para crear la Organización de las Naciones Unidas. La República Argentina se contaba entre sus miembros constitutivos y es la que, de lejos, más ha declinado en todos los campos. Duele admitirlo, pero es una triste realidad.

Resulta cómodo señalar a los sucesivos gobiernos de estas últimas décadas como responsables de esta decadencia, pero no se nos oculta que igual o mayor responsabilidad le cabe a una sociedad civil desaprensiva y a sus dirigentes. Durante todos estos años ambos aceptaron y contribuyeron a ese deterioro que adquirió, lustro tras lustro, vicios crecientes.

La situación merece toda nuestra atención. Ojalá, por Dios, que un día no se hable de una "Argentina que fue".

Durante estos meses de verano, los medios impresos y televisivos nos muestran la imagen de millones de turistas en los diversos centros de veraneo. Parecería que en la Argentina real todo el mundo veraneara. Pero no podemos ni debemos ignorar que, al mismo tiempo, un igual o mayor número de nuestros compatriotas viven bajo la línea de pobreza, sin educación, sin la posibilidad de un porvenir que les permita vislumbrar tiempos mejores. Son nuestros hermanos, nuestros compatriotas.

A diario nos topamos con ellos sin que la mayoría de nosotros se detenga a pensar qué será de ellos en el futuro. Y son muchos.

Ante este cuadro que nadie puede desconocer, propongo un esfuerzo titánico en común, casi inimaginable, al igual que el efectuado por Alemania a partir de 1945.

Estimo que todos los argentinos coincidimos en cuál es el camino por recorrer: sólo una duplicación de nuestra producción nos hará fuertes y libres. Frente a una creciente crisis mundial, que se avecina a pasos agigantados y que nos afectará fuertemente, la Argentina debe adoptar a la brevedad la determinación férrea, aunque sea sólo por 12 meses, de asumir una economía de guerra o de posguerra.

Medidas básicas por adoptar: regular al máximo el régimen de feriados, cambiar la legislación que regula las limitaciones en las condiciones de trabajo, suprimir los privilegios y regulaciones empresariales, laborales y sindicales (Alemania se levantó trabajando de sol a sol los siete días de la semana y todas las horas necesarias), imponer la doble escolaridad, suprimir las listas sábana.

Además, cada habitante deberá contar con una libreta de trabajo en la que constará su documento de identidad, número de jubilación, ganancias, para dificultar las evasiones fiscales y también evitar la gente indocumentada. Hacer uso de la televisión y otros medios para instruir a los ciudadanos por medio de la educación a distancia, enseñar desde lo más sencillo, como respetar las reglas de tránsito, hasta cuestiones más complejas. Pensamos en el aprendizaje general de la lectoescritura y la capacitación digital, indispensables en el siglo XXI, y en la enseñanza de oficios básicos como electricista, carpintero o tractorista.

¿Enuncio una utopía? ¿Es posible? ¿Nuestros compatriotas y dirigentes estarían dispuestos a sacrificar, por un año o dos, su actual modo de vida, sus placeres y su ocio, para emprender un gran esfuerzo de esta naturaleza?

Muchos creerán, quizá, que estas propuestas son producto de un sueño de una noche de verano. Nos corresponde a nosotros, sólo a nosotros, decidirnos a repechar esta cuesta. Otros países lo han logrado. Singapur es hoy un ejemplo. Corea está muy cerca de lograr ese mismo objetivo.

Este encuadre es el camino irreemplazable por recorrer para nuestra supervivencia, para hacer frente a la tormenta que se avecina, y que será fuerte. Es cierto que nuestros hermanos argentinos desprovistos de todo en el país de la pampa húmeda, del trigo, del petróleo, han prestado hasta ahora su aceptación tácita a esta pobreza. Somos un pueblo manso que convive dentro de este marco. No por ello deja de ser una flagrante injusticia.

Mi honda preocupación, a la vez que mi exhortación a cambiar, están, pues, enunciadas. La senda democrática instalada en 1983 nos señala un camino irrenunciable y que debe transitarse no solamente el día del voto popular. El sistema republicano bien ejercido es una forma de vivir, es una forma de caminar, con sus logros y errores. Debe ser nuestra meta cotidiana en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, corroído por una sociedad de consumo y una voracidad por el dinero que a veces parece irrefrenable.

Cada uno de nosotros debe reflexionar y definirse en su fuero interno. Haremos así honor a nuestros abuelos, la mayoría de ellos inmigrantes, que supieron dar todo para construir esta Argentina que fue y podrá ser, sin duda.

Estas palabras tomadas de la Oración por la Patria , lo dicen todo: "Que nos sea concedida la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza".

El autor es economista y especialista en temas internacionales. Fue presidente del Banco de la Nación Argentina.

10 de febrero de 2009

- MACEDONIO -





MACEDONIO FERNANDEZ


Una mente brillante



Escritor argentino, nacido en 1874 y fallecido en 1952.

(Aniversario de su fallecimiento)





Creador de la nueva novela latinoamericana, que se apartó de los cánones tradicionales y llevó la narración hacia la fantasía y la imaginación creadora, entre sus obras principales se encuentran: Papeles de recienvenido (1929), Una novela que comienza (1941) y Continuación de la nada (1949). A él se debe el primer acercamiento a la novela mimética.





"Pensemos que somos, acaso, la primera nación de América Iatina que está ensayando, ensayando con felicidad, la literatura fantástica - dijo Borges en una entrevista - pensemos que en casi toda la América latina la literatura no es otra cosa que un alegato político, un pasatiempo folclórico o una descripción de las circunstancias económicas de tal o cuaI cIase de población, y que aquí, en Buenos Aires, ya estamos inventando y soñando con plena libertad."





El primer auténtico cuestionamiento de la realidad misma, y por ende de la novela mimética, se debe en Hispanoamérica a Macedonio Fernández. Está claro que la familiaridad de Macedonio, como poeta, con las doctrinas del creacionismo y del ultraísmo hubiese reforzado su deseo de romper con el realismo. Pero la clave de la comprensión en Macedonio es, por lo menos en su prosa el tema de la muerte, aunque en algunas de sus poesías quizá abre otra perspectiva: la de un idealista filosófico de los más intransigentes.





Para él, ser es literalmente ser percibido. Fuera de la percepción no existe nada, ni siquiera el sujeto individual que percibe. Desaparecen tanto la identidad personal como la cosa en sí. No quedan más que estados de una sola conciencia que incluye sujeto y objeto en un todo indivisibIe: un infinito fenómeno psíquico.





Para entender el mundo de Macedonio hay que tener en cuenta que es una serie de procesos mentaIes que no se desenvuelven en el espacio, sino de modo sucesivo en eI tiempo, eI mundo interpretado según el monismo o idealismo total. Pero Macedonio, para quien todo cuanto es y hay es un sentir, y es lo que cada uno de nosotros ha sido siempre y continuadamente.





Enunciadas por primera vez sistemáticamente en Doctrina estética de la novela, las ideas sobre la novela de Macedonio cuajaron más tarde en una provocación a la escuela realista, un programa total de desacreditamiento de la verdad o realidad de lo que cuenta la novela.





En Ia noveIa tradicional todo el goce del lector consiste en la suspensión voluntaria de la incredulidad y en la autoidentificación con los personajes y las situaciones. A todo eso Ma- cedonio lo llama, con el máximo desdén, "la alucinación". Lo que él busca, en cambio, es algo muy distinto: la conmoción de la certeza del ser.





Dijo Macedonio Fernández: "He logrado en toda mi obra escrita ocho o diez momentos en que, creo, dos o tres renglones conmueven la estabilidad, la unidad de alguien. A veces creo, sin embargo, que la literatura no existe porque no se ha dedicado únicamente a este juego de desidentificación."

24 de enero de 2009

- GAZA -





Las razones de política interna Israelí


Morir en Gaza




Mario Vargas Llosa
Para LA NACION
Noticias de Opinión
Ilustración: Sabat


¿Hay alguna posibilidad de que la invasión militar de Israel a Gaza pueda "destrozar la infraestructura terrorista" de Hamas -objetivo oficial de la operación- y ponga fin al lanzamiento de cohetes artesanales de los integristas palestinos que controlan la Franja sobre las ciudades israelíes de la frontera? Yo creo que ninguna y que, más bien, esta operación militar en la que, hasta el momento de escribir estas líneas, murieron ya más de 600 palestinos, entre ellos gran número de niños y civiles inocentes, y ha causado millares de heridos, tendrá el efecto de una poda en la comunidad palestina de la que Hamas saldrá reforzada y muy disminuido el sector moderado, es decir, la Autoridad Nacional Palestina, liderada por Mahmoud Abbas.

Para que la razón esgrimida como justificación del ataque por Ehud Olmert y sus ministros tuviera visos de realidad, Israel debería volver a ocupar Gaza con un enorme despliegue militar permanente o perpetrar un genocidio que ni siquiera los más fanatizados de sus halcones se atreverían a asumir, ni, esperemos, el resto del mundo toleraría, aunque la opinión pública internacional ha mostrado ya más de una vez una supina indiferencia en lo que respecta a la suerte de los palestinos.

La verdad de los hechos es que, por más feroz que haya sido el castigo infligido por el ejército de Israel a Gaza, y precisamente debido al sentimiento de impotencia y odio por lo ocurrido del millón y medio de palestinos que viven hambreados y medio asfixiados en esa ratonera, lo probable es que, una vez que el Tsahal se retire de la Franja y se restablezca "la paz", las acciones terroristas se renueven, con nuevos bríos y un deseo de venganza atizado por los sufrimientos de estos días.

Los defensores de los bombardeos y la invasión responden a sus críticos con esta pregunta: "¿Hasta cuándo puede resistir un país que sus ciudades sean víctimas de cohetes terroristas lanzados desde sus fronteras a lo largo de días y meses por una organización como Hamas, que no reconoce la existencia de Israel ni oculta su propósito de acabar con él?".

La pregunta es muy pertinente, desde luego, y nadie que no sea un fanático o un terrorista puede justificar el acoso criminal constante de Hamas contra las poblaciones civiles de Israel. Ahora bien, si se trata de buscar las causas del conflicto es, a mi juicio, deshonesto quedarse sólo allí, en los cohetes artesanales de Hamas, y no retroceder un poco más en el tiempo para entender -lo que no quiere decir justificar, claro está- lo que sucede en ese explosivo rincón del mundo.

La victoria electoral que llevó a Hamas al poder en la Franja no fue un acto de adhesión masivo de los palestinos de Gaza al fanatismo integrista ni a las acciones terroristas, sino un rechazo perfectamente legítimo de los ciudadanos a la ineficiencia y, sobre todo, a la descarada corrupción de los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina. Y, también, un típico acto autodestructivo al que los seres humanos, individuos o colectividades, son propensos cuando llegan a situaciones límite, de indefensión y desesperación totales.

Desde luego que la retirada de Israel de Gaza y el abandono de los 21 asentamientos de colonos que allí había, en el verano de 2005, despertó grandes esperanzas de que este gesto impulsara el proceso de paz que debería conducir a la creación de un Estado palestino que coexistiera con Israel y le garantizase su seguridad en el futuro.

No sólo no ocurrió así. Hamas se alzó con el poder y sus disputas con Al Fatah -con tiroteos y asesinatos de por medio-, por una parte, y, por otra, la política de Israel de incomunicar a Gaza y mantenerla en una suerte de cuarentena implacable, impidiéndole exportar e importar, cerrándole el uso del aire y del mar, permitiendo que sus pobladores salieran de ese gueto sólo a cuentagotas y después de trámites abrumadores y humillantes, contribuyeron al gran "fracaso económico" que hoy día los halcones de Israel exhiben como prueba de la incompetencia de los palestinos para gobernarse a sí mismos.

Me pregunto si algún país en el mundo hubiera podido progresar y modernizarse en las condiciones atroces de existencia de la gente de Gaza. Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí, y sobre todo cuando era víctima de una campaña internacional orquestada por Moscú, que apoyaba toda la izquierda latinoamericana.

Yo lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya.

Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que estaban siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirviera para acercar un milímetro la ansiada paz. Por el contrario, los cadáveres y ríos de sangre de esos días sólo sirven para alejarla y levantar nuevos obstáculos y sembrar más resentimiento y rabia en el camino de la negociación.

Todo esto lo saben, mucho mejor que yo o que cualquier observador, los dirigentes de Israel, que pueden haber perdido los sentimientos y la moral, pero no la inteligencia. La clase dirigente israelí es de muy alto nivel, bastante más culta y preparada que la del promedio occidental.

Y, si es así, ¿para qué desatar una operación militar que no va a acabar con el terrorismo de los fanáticos de Hamas y que, en cambio, va a servir para desprestigiar a un Estado que con acciones punitivas como ésta ha perdido ya esa superioridad moral que tuvo sobre sus enemigos en el pasado, por ejemplo, cuando Yitzhak Rabin firmó los Acuerdos de Oslo de 1993?

Creo que la respuesta es la siguiente: desde el fracaso de las negociaciones de Camp David y de Taba del año 2000-2001, en las que el gobierno israelí, presidido por Ehud Barak, estuvo dispuesto a hacer unas importantes concesiones que Arafat cometió la insensatez de rechazar, la sociedad israelí, profundamente decepcionada, ha vivido un proceso de derechización radical y, en su gran mayoría, llegado a la conclusión de que no hay acuerdo razonable posible con los palestinos.

Y que, por lo tanto, sólo una política de fuerza, de represión y castigo sistemáticos los doblegará, haciéndoles aceptar, al final, una paz impuesta según las condiciones de Israel. Esto explica la popularidad que tuvo Ariel Sharon y el crecimiento del apoyo al movimiento de los colonos, que siguen instalando asentamientos por doquier en Cisjordania, y a la construcción del muro que aísla, cuartea y reduce como una piel de zapa a la Cisjordania palestina.

Y esto explica, también que, desde que empezaron a llover las bombas sobre Gaza, haya subido como flecha la popularidad de los laboristas de Ehud Barak, el actual ministro de Defensa, y de la líder de Kadima, la canciller Tzipi Livni, quienes, gracias a la operación militar contra Gaza, han recortado la ventaja que les llevaba, de cara a las próximas elecciones, el conservador Benjamin Netanyahu. No hay que olvidar que, según las encuestas, más de dos tercios de los israelíes aprueban la acción militar contra Gaza.

"Nuestros corazones se han endurecido y nuestros ojos se han nublado", dice el periodista israelí Gideon Levy, en un artículo aparecido en el diario Haaretz el 4 de enero pasado, comentando la incursión del Tsahal en Gaza. Como todo lo que escribe, su texto transpira decencia, lucidez y coraje. Es un lamento por esa progresiva desaparición de la moral en la vida política de su país, aquel fenómeno que, según Albert Camus, precede siempre los cataclismos históricos, y una crítica a esos intelectuales progresistas, como Amos Oz y David Grossman, que, antes, solían protestar con energía contra hechos como el bombardeo de Gaza y ahora, tímidamente, reflejando la involución generalizada de la vida política israelí, sólo se animan a reclamar la paz. Gracias por demostrarnos que todavía quedan justos en Israel, amigo Gideon Levy.

23 de enero de 2009

- EL SALVADOR -




Dalí o el eterno sonido de la máquina registradora

Se cumplen hoy 20 años de la muerte del genio de Figueres, uno de los creadores más discutidos y rentables de la Historia del Arte

ÁNGELES GARCÍA - El País - España



No hay duda alguna de que el poso del tiempo ya le ha consagrado como una figura clave de la historia del arte del siglo XX. También como un precursor de la autopropaganda y como un genio incomparable de la mercadotecnia. Después de que los expertos hayan separado el grano de la paja, las dudas han dejado de empañar un talento que no siempre estuvo bien rodeado: el de Salvador Dalí, de cuya muerte se cumplen hoy 20 años.





Equiparado por muchos a lo que Elvis representó en el ámbito de la música, Dalí puede ser visto como un rockero en el mundo del arte, pero también como una inacabable máquina de fabricar dinero. No por casualidad, veinte años después de su muerte el genio del pintor de Figueras brilla con más esplendor que nunca: la marca Dalí generó el pasado año 14 millones de euros en concepto de derechos de autor, según asegura Joan Manuel Sevillano, gerente de la Fundación Gala-Dalí, el organismo ideado hace 25 años por el propio artista para preservar su obra.





El hecho de seguir siendo una imparable máquina registradora a prueba de crisis y un verdadero mercado ambulante dos décadas después de muerto no merma el reconocimiento de su genio como icono del surrealismo. Aunque para Sevillano el dinero no es tan importante como el hecho de que el nombre de Dalí ya no está equiparado al adjetivo de Cantamañanas que muchos le adjudicaron. Cada vez se le discute menos en su estricta dimensión artística... y cada vez genera más beneficios.





Sevillano recuerda que cuando Dalí decidió crear la Fundación, lo que quiso fue convertir su ciudad natal, Figueres, en el centro del mundo. Y a él, por supuesto, en el personaje principal de ese mundo.

Las reediciones que en torno al personaje y a su obra llegan ahora al mercado parecen olvidar las oscuras nubes que rodeaban al artista hace un par de décadas: su complicidad en la falsificación de su obra seriada (litografías, esculturas...), las leyendas según las cuales el artista pasó secuestrado los últimos años de su vida; su simpatía con la dictadura franquista... Lo cierto es que pocos se acuerdan de esos nubarrones y que Dalí es, a día de hoy, un nombre indiscutible en el panorama mundial del mercado del arte.





Su peculiar universo y mundo de símbolos son un negocio en ascenso si tenemos en cuenta el número de visitantes a los museos regentados por la Fundación: el teatro-museo Dalí de Figueras, la casa-museo Gala Dalí de Púbol y la casa-museo de Port Lligat. En total, casi tres millones de personas desfilaron por los tres escenarios a lo largo del pasado año. En la fundación aseguran que los visitantes proceden de todo el mundo y que muchos de ellos entran con la actitud de quien tiene la suerte de husmear en el templo del dios Dalí.





La actividad de la Fundación para limpiar la obra de Dalí se ha centrado en promover exposiciones de tesis sobre la obra del artista y en facilitar la reedición de su obra fundamental. Y, sobre todo, no han parado de actuar en contra de las incesantes actividades que contaminan la imagen del artista.





El gerente de la Fundación asegura no poder precisar el número de pleitos que han desarrollado para retirar del mercado iniciativas que a veces entran en el campo de lo delictivo. "Hemos tenido y tenemos pleitos en España, Estados Unidos y Japón, entre otros países. Te encuentras con todo tipo de disparates. Desde chocolatinas comercializadas bajo el nombre de Dalí hasta subastas de obra procedente de colecciones vendidas por personajes "íntimos del pintor". [Ayer mismo, la Policía informó de la intervención de 81 piezas que iban a ser vendidas en el hotel Kempinski de Estepona (Málaga) con supuestos certificados de autenticidad. Fue detenido un ciudadano francés como supuesto responsable, informa Fernando Pérez].





El gerente de la fundación añade que la defensa de la marca Dalí y el control de los derechos que genera la obra sigue siendo una lucha en muchos frentes porque a medida que se va depurando la imagen del artista aumentan las posibilidades del negocio.

Pero la verdad es que el propio interesado tuvo mucho que ver en su día con este incesante circo.





Hay unos años, vinculados a la estancia del artista en Estados Unidos, durante los que se multiplica su obra y, por tanto las dudas. En la Fundación creen que el mercado se ha conseguido tranquilizar, aunque todavía hay sorpresas. "Es una marca que levanta pasiones y que, en origen, estaba contaminada por el propio Dalí", reconoce Sevillano, "pero frenamos lo que podemos para beneficio de todos. Tenemos inspectores en todo el mundo. Estados Unidos y Japón son países que nos han dado muchos quebraderos de cabeza".





De todas formas, recuerda Sevillano que todos los grandes artistas han tenido problemas con las falsificaciones, aunque no jugaran con su firma como hizo el propio Dalí o su entorno. Y en la Fundación tienen claro que el negocio sólo debe enriqueder al propio Dalí. Con los beneficios obtenidos el pasado año la Fundación adquirió más de 300 obras del artista, entre óleos, esculturas y obra gráfica. Todo ello podrá verse a lo largo del año en los museos de Figueres.

22 de enero de 2009

- TELEFONIA -




Que no avance el monopolio


Henoch Aguiar
Para LA NACION
Noticias de Opinión




El Gobierno decidirá, en breve, qué hacer con Telecom Argentina. En la espera, rugen los lobbys, se enfrentan accionistas, se prueban el saco de nuevos socios diversos grupos económicos. Esta historia tiene condimentos picantes: apoyo personal del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, solicitadas que se cruzan como bofetadas, sospechas de espionaje, intervención de diputados, defensor del pueblo, tribunales y veedores estatales. Tanto árbol puede ocultar el bosque.

Lo que se decide en verdad es si tendremos un sistema exigente y competitivo de comunicaciones, o un mercado atrasado, con usuarios atados a lo que les ofrezcan. Se decide si la economía argentina será protagonista en un siglo signado por las comunicaciones y la informática, o si castigamos a todos los sectores económicos y sociales a la vez, que dependen de la comunicación para crecer.

Los hechos disparadores son simples: Telefónica de España reemplazó al accionista principal de Telecom Italia en 2007. Desde entonces, su opinión impacta decisivamente en la estrategia italiana y mundial de Telecom Italia.

Esta operación es problemática para la Argentina. Un mismo socio, Telefónica de España, está presente en las dos empresas que dominan el mercado argentino, Telefónica y Telecom. Es dueño de una y accionista influyente de la otra.

Para la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia de la Argentina, la transacción europea entre españoles e italianos implicó cambio de control en Telecom Argentina. Sin embargo, ni Telefónica ni Telecom requirieron autorización cuando se concretó, en 2007, tal como está ordenado. El 9 de enero pasado la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) intimó a las partes a hacerlo.

Quedarían escasas posibilidades de competencia en la Argentina si un único grupo está detrás de las dos empresas dominantes. Facturan, en conjunto, más de 25.000 millones de pesos, controlan el 95% de la telefonía fija, así como el 70% de la telefonía celular y de los accesos de banda ancha del país, más una decena de canales de televisión. Concentrados, su dominio del mercado será superior.

La privatización de ENTel creó dos empresas fuertes para que pudieran competir entre sí una vez abierto el mercado. Dos décadas después, las comunicaciones son mucho más estratégicas que entonces. Deberíamos avanzar hacia más competencia todavía, hacia la configuración de empresas nacionales de comunicaciones que puedan no sólo atender nuestro mercado, sino fortalecerse, compitiendo en la región. Volver al unicato de las comunicaciones sería una grave falta de visión estratégica.

La Unión Europea, cuna de los inversores españoles e italianos, no se cansa de exigir mayor competencia. No se entiende por qué lo deseable allá sería desmotivante aquí. Es el único incentivo verdadero y permanente para que los prestadores nuevos y los ya instalados se vean forzados a invertir y a mejorar sus redes.

Los usuarios, además, tenemos derecho genuino a la competencia. El respeto de las normas que la promueven y garantizan hace a nuestra seguridad jurídica, que es para todos, no sólo para multinacionales que amenazan con el Ciadi. Las normas vigentes defienden nuestro derecho y se oponen a esta concentración. Veámoslas.

La Constitución nos asegura libertad de elección de bienes y servicios. Confía al Estado, en su artículo 42, la misión de proveer a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los mercados y al control de los monopolios naturales y legales.

La ley de Reforma del Estado ordenó la desmonopolización. En el tratado firmado con la Organización Mundial de Comercio, la Argentina acordó prevenir prácticas anticompetitivas en telecomunicaciones. El pliego de privatización de ENTel prohibió que un mismo operador de telecomunicaciones participara en más de una oferta.

Telefónica ganó las dos regiones en 1990. Sin embargo, tuvo que elegir una. Si lo aceptó entonces, también debe acatarlo ahora. La licencia ampliada, otorgada en 1999, a Telefónica y Telecom les ordenó, de por vida, no tener ni accionistas ni negocios comunes.

No hacen falta más detalles jurídicos. Las normas son contundentes. Intentar torcer alguna de ellas, interpretarla diferentemente, quebraría la armonía que atraviesa toda la arquitectura jurídica sobre estos temas, desde la Constitución para abajo.

Las cartas están echadas. Telefónica y Telecom corren grave riesgo de transformarse en uno solo, aunque mantuvieran fachadas diferentes. Nos afectaría a todos, gravemente, ahora y por muchos años. El Gobierno lo sabe. En el estricto respeto de las normas vigentes, puede aceptar nuevos accionistas que reemplacen a los capitales italianos, restablecer la independencia entre ambas empresas y darle aires nuevos a un mercado del que depende toda la estructura de comunicaciones de la Argentina.

El autor fue Secretario de Comunicaciones de la Nación

20 de enero de 2009

- LIBROS -





Frases y citas célebres

sobre "Libros"




Una casa sin libros es
una casa sin dignidad.
Edmondo de Amicis

Si tienes una biblioteca
con jardín,
lo tienes todo.
Cicerón

El libro que no se dirija
a la mayoría (en número
e inteligencia)
es un libro tonto.
Charles Baudelaire

Los libros son como los amigos,
no siempre es el mejor
el que más nos gusta.
Jacinto Benavente

Un libro, como un viaje,
comienza con inquietud
y se termina con melancolía.
José Vasconcelos

Los que escriben con claridad
tienen lectores;
los que escriben oscuramente
tienen comentaristas.
Albert Camus

El mundo está lleno de
libros preciosos, que nadie lee.
Umberto Eco

Ningún libro, como
ninguna buena casa,
muestra todo su mérito
desde el principio.
Thomas Carlyle

La obra clásica es un libro
que todo el mundo admira,
pero que nadie lee.
Ernest Hemingway

Los libros tienen su orgullo:
cuando se prestan,
no regresan nunca.
Theodor Fontane

No hay mejor fragata que
un libro para llevarnos
a tierras lejanas.
Emily Dickinson

El buen lector es el
que hace el libro bueno.
Ralph W. Emerson

El libro que no soporta
dos lecturas no merece ninguna.
José Luis Martín Descalzo

La verdadera universidad
en nuestros días consiste
en una colección de libros.
Thomas Carlyle

He buscado por todas partes
el sosiego y no lo he encontrado
sino en un rincón apartado,
con un libro en las manos.
Tomás Kempis

He hecho un curso de
lectura veloz y he leido
Guerra y paz en veinte minutos.
Habla de Rusia.
Woody Allen

Algunos libros son inmerecidamente
olvidados; ninguno es
inmerecidamente recordado.
Wystan H. Auden

Un buen libro es aquel que
se abre con expectativas
y se cierra con provecho.
Aimos Alcott

- EQUIDAD -




La equidad es tambien una razon economica

Distribuir para salir de la crisis


Juan José Llach
Para LA NACION
Noticias de Opinión



En una cola de varias cuadras de largo, desempleados esperan ayuda alimentaria en Detroit, donde hoy se estima que uno de cada tres habitantes vive en la pobreza

La magnitud de la crisis que nos embarga podría haberse moderado si agentes económicos y gobiernos hubieran sido solo un poco más virtuosos. La clave del derrumbe fue la burbuja previa, con inmuebles y otros activos llegando a valores infundados, de cuya caída sólo podían dudarse la fecha y la velocidad. Las causas de las burbujas esperan todavía al premio Nobel que las descubra, pero podemos conjeturar que no son ajenas a comportamientos humanos tales como la codicia a escala global, los desbordes consumistas financiados con deuda en los EE.UU. y algo menos en Europa; y en espejo, los excesos de ahorro en Asia, posibilitados por bajísimos salarios. En fin, gruesas faltas de transparencia y control de los sistemas financieros en el mundo desarrollado. Moderando estos excesos, es cierto, se habría crecido algo menos, pero la burbuja habría sido menor y el final de este ciclo económico tanto más suave. Saber si esa moderación era posible, y cómo, no es una especulación vana; si no se corrigen las causas, pueden reaparecer con fuerza a la salida de esta crisis, llevando a la economía mundial a una situación aun peor.

Estas discusiones suelen confinarse al clásico debate entre mercado y Estado. En clave justiciera, ideologías opuestas buscan las culpas de uno u otro. No les falta razón, porque ambos han fallado. Políticas muy expansivas y deficientes regulaciones cargan el platillo estatal de la balanza. La propia burbuja, más bancos y banqueros irresponsables, o aun delincuentes, pesan sobre el platillo del mercado. Pero los cazadores de culpas no dan cuenta cabal de la burbuja ni de su explosión, y tampoco lo logra el argumento genérico de que las crisis son intrínsecas al capitalismo. En cambio, una mirada a las sociedades y a las culturas ayudaría a echar luz. Están los clichés de humanos codiciosos, gobiernos influenciables por los financieros, americanos consumistas, asiáticos ahorrativos, europeos parsimoniosos, con algo de verdad. Pero hay que analizar más hondo, por ejemplo, en los factores sociales que inciden en el ahorro y el consumo.

El consumo privado de los países desarrollados es casi el 50% del PBI mundial. Y cuanto más envejecida sea la población, menor tenderá a ser el ahorro. También se cree que, dado que los ricos ahorran una mayor proporción de su ingreso, las sociedades más igualitarias serían más consumistas. Sin embargo, la influencia de la demografía no es lineal. En los países en desarrollo, la proporción de adultos mayores de 64 años, en relación con los de 15 a 64, es dos veces menor que en los desarrollados y tres veces menor que en Europa y Japón; pero hay grandes diferencias entre ellos: los asiáticos ahorran el doble que los latinoamericanos y entre los desarrollados ocurre algo similar.

Mirando sólo el ahorro personal, dejando de lado el de las empresas, las diferencias son sorprendentes. Mientras en Australia y EE.UU. el ahorro personal llegó a ser cero o negativo, en Alemania y Japón alcanza al 12% y 18% del ingreso disponible. El argumento de que las sociedades igualitarias ahorran menos se derrumba cuando vemos que los ahorrativos alemanes y japoneses tienen también una distribución del ingreso mucho más igualitaria que los australianos o norteamericanos. Sus pirámides poblacionales más envejecidas no alcanzan a explicar tamañas diferencias.

Una de las claves para resolver sostenidamente los problemas de la economía global es que los americanos se endeuden menos y ahorren más, y que hagan lo contrario los asiáticos, y en menor medida algunos de los europeos. Pero en el corto plazo hace falta que todos consumamos más. Los norteamericanos, cuyo consumo es nada menos que 20% del PBI mundial, ya están gastando menos, y esto es un problema. Para compensar una caída del 5% en el consumo de los EE.UU., se necesitarían improbables subas del consumo del 24% en Asia o del 3.4% en Europa y Japón.

Por ello, las recetas para evitar hoy una depresión no son iguales a las necesarias para una salida más perdurable. Si ampliaran su mirada, los líderes mundiales verían una de las claves para al mismo tiempo evitar la depresión y reactivar de manera sostenible: impulsar políticas globales y nacionales para una distribución más equitativa del ingreso. Un aumento del ingreso de los pobres no sólo les permitiría satisfacer sus necesidades básicas, también daría lugar a un patrón de consumo global más genuino, y por ello más estable,y permitiría además mejorar la seguridad global y nacional desde la equidad social.

Por cierto, esto sería un reconocimiento hacia el mundo en desarrollo, que está sufriendo una crisis muy grave que no generó, y cuyas sensatas políticas de la última década han evitado hasta ahora una debacle aun peor. Claro que un mayor consumo de los países en desarrollo sería insuficiente para reactivar la economía mundial; debería acompañarse, como viene argumentando Krugman, por políticas de aumento del ingreso de los más pobres en los países desarrollados. Es de esperar que el presidente Obama lidere este cambio del enfoque de la globalización. No será fácil. Por dar sólo un ejemplo, subyace el aun sordo conflicto de los tipos de cambio.

Una desvalorización del dólar respecto de las monedas de Asia, en parte ya hecha contra el yen, ayudaría mucho a aumentar el ahorro americano a mediano plazo, vía mayores exportaciones y menores importaciones y, por la vía opuesta, a aumentar el consumo en Asia y, con su impulso, en todo el mundo en desarrollo. Leyendo las notas de Henry C. K. Liu en Asia Times ( www.atimes.com ), se apreciará que subyace un conflicto mayúsculo al respecto, y que Asia sólo se avendrá a revaluar sus monedas en el marco de un programa amplio, renovado y consensuado de reconstrucción global.

Los desafíos para la Argentina muestran algunas semejanzas, y bastantes diferencias. Por un lado, como certeramente argumentó aquí Ernesto Kritz días pasados, es amplio el margen no utilizado para desarrollar genuinas políticas pro-equidad, centradas en preservar el empleo existente, mejorar sustancialmente el seguro de desempleo y la calidad del empleo, atacando el corazón de la informalidad, y construir una red de contención para los trabajadores no protegidos que pierdan ingresos por la crisis.

Por otro lado, estas políticas encuentran dos limitaciones significativas. El ahorro público ha sido insuficiente en los últimos años, y esto acota las mencionadas políticas u otras como las de promover la construcción, cruciales en la coyuntura. El ahorro privado, en cambio, sí ha sido abundante, pero buena parte del mismo se fugó y se sigue fugando del país. Evitarlo es crucial para salir de la crisis creciendo y con mayor equidad. Para ello, lo relevante no es el artilugio del blanqueo, sino regenerar cuanto antes las confianzas perdidas.

El autor es sociólogo y economista

18 de enero de 2009

- MITRE -




Bartolomé Mitre


Un eminente hombre público


Soldado, político, periodista







Mitre acometió en su vida diferentes tareas, con convicción y afán de bien público. Periodista, militar, historiador, legislador, gobernante, diplomático, traductor del Dante, alguna vez prefirió presentarse sencillamente como "Bartolomé Mitre, tipógrafo". Fue al ir a votar en la parroquia de la Merced, estando privado de su jerarquía militar por haber encabezado la revolución de 1874, clamando por la pureza del sufragio.





Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Pasó años de infancia en Carmen de Patagones. Muy joven se inclinó a las letras y publicó sus primeras poesías en un diario de Montevideo. En esa ciudad se casó en 1841 con Delfina de Vedia, con quien tendría seis hijos. En el exilio vivió en Uruguay, Bolivia, Perú, Chile, amplió su visión, se formó como militar, estudió las lenguas aborígenes, ejerció el periodismo.









En 1852 mandó una división de artillería en la batalla de Caseros, que logró la caída de Rosas. Luego comandó las huestes porteñas contra Urquiza, que fueron derrotadas en Cepeda (1859) y triunfaron en Pavón, en 1861. Gobernador de Buenos Aires, en 1862 fue elegido presidente de la Nación unida. Para la Corte Suprema buscó hombres que fueran un contralor imparcial de los otros poderes y "viniendo de la oposición, dieran a los conciudadanos la mayor seguridad de la amplia protección de sus derechos". Organizó el Estado, que recibió con arcas vacías, impulsó los ferrocarriles, creó el Colegio Nacional de Buenos Aires y otros similares en las provincias. Encabezó en el terreno el ejército de la Triple Alianza en la guerra contra el Paraguay.





Concluida la presidencia, fue senador. "Hijo del trabajo, cuelgo por ahora la espada, que no necesita mi patria, y empuño el componedor de Franklin", dijo en una carta a fines de 1869, al anunciar el advenimiento de LA NACION. Y a su amigo Wenceslao Paunero le escribió: "Me hago decididamente impresor. Haré un remate de mis muebles de lujo y parte de mis libros, con algunos cuadros y curiosidades que pesan en el bagaje de un trabajador, y con esto pagaré mis acciones en la empresa y me quedaré a flote. [...] Sé que voy a emprender otra jornada más larga y fatigosa. Pero soy hijo del trabajo y cifro en ello mi orgullo".





Desde el diario La Nación, así como también lo hizo en la función pública, Mitre dejó su impronta en los debates de las grandes cuestiones del país. Y no cejó en su tarea intelectual, su vocación de ilustración que se evidencia en su enorme biblioteca de libros fichados, leídos y anotados; su investigación metódica, que dio a luz obras como las historias de San Martín y de Belgrano.





Murió en su casa, en la calle San Martín, desde la cual se iba caminando solo a la Casa de Gobierno cuando, entre 1862 y 1868, ejercía la presidencia de la Nación.
Ocurrió un 19 de enero de 1906.
Allí, en su hogar, se imprimió LA NACION desde cuatro meses después de su fundación, en 1870, hasta 1885, cuando levantó al lado un edificio propio para el diario, al que pasaba cada día por una pequeña puerta, que aún hoy se conserva.





En su última semana, el presidente de la Nación Manuel Quintana, con sus ministros, lo visitó diariamente. Dos días antes de morir, le dio la extremaunción el presbítero Antonio Rasore, párroco de la Merced, la parroquia donde había apadrinado, ante la pila bautismal, a nietos y bisnietos.





Pocos años antes, en 1901, el prestigio que en su ancianidad gozaba Mitre en la sociedad argentina se había evidenciado en la celebración de su 80° cumpleaños, que fue calificada de jubileo. El gobierno declaró feriado ese día, la ciudad estaba embanderada y el pueblo desfiló durante 16 horas ante su casa, donde el general, desde la azotea, pronunció una conmovida pieza oratoria.