10 de octubre de 2008

- TSUNAMI -





Un tsunami ético





Por Bernardo Kliksberg
Para LA NACION



La mayor crisis de la historia económica moderna luego de la de los años 30. Fueron cerrados varios de los principales bancos de inversión de la principal economía del mundo, estatizadas las dos mayores empresas hipotecarias, y la mayor aseguradora, rescatada la caja de ahorro y préstamo más importante, y aumentada en un 150% la garantía de los depósitos bancarios. Los efectos llegaron tanto a los estados como a los municipios. Los estados de Nuevo México, Maine, Massachusetts, y California tienen serios problemas de liquidez. Entre otros, el municipio de Jefferson, Alabama, está al borde de la suspensión de pagos, y el de San Mateo, California, perdió 155 millones de dólares que tenía en Lehman Brothers, y puede no tener con qué financiar las escuelas públicas. Los impactos se extienden en Europa, Asia, y el mundo entero.

Una de sus razones centrales de esta hecatombe es un "tsunami ético". Ya Adam Smith el padre de la economía clásica había advertido, varios siglos atrás, que los mercados debían estar regidos por valores éticos como la honradez, la prudencia, la transparencia, y la confianza mutua. De lo contrario, podrían funcionar muy mal. Vacíos éticos profundos están en la base de la crisis en desarrollo.

Diversos operadores actuaron en contradicción total con la idea de responsabilidad social empresarial. Trataron de maximizar el lucro a corto plazo, sin atención al daño social. Entre ellos, los especuladores en derivados -que los llevaron a un monto que es tres veces el de las hipotecas basura-, los promotores de las hipotecas basura y los especuladores de corto plazo, que hicieron lo posible para que cayeran aún más las acciones de los bancos en dificultades. Al anunciar la medida inédita de prohibir las ventas de corto plazo de 800 acciones, dijo el presidente de la Comisión de Valores de USA, Cox, que estas medidas eran necesarias "para asegurar que la manipulación encubierta, las ilegales ventas a corto plazo desnudas (en las que ni siquiera se transferían realmente los valores) o las prácticas comerciales ilegítimas no conduzcan el comportamiento de los mercados y minen la confianza". Refiriéndose al mismo tema en Inglaterra, señaló el arzobispo de York, John Sentamu "son ladrones de bancos, y destripadores de activos".

Los altos ejecutivos de grandes empresas consiguieron paquetes remuneratorios exorbitantes. La distancia entre lo que ganaban y los salarios promedio de la economía era de 344 a 1, y entre sus ingresos y los sueldos mínimos de 1700 a 1. Los análisis muestran que, en la búsqueda de cobrar grandes porcentajes y participaciones, llevaron las empresas a los más altos riesgos. Fue uno de los temas más esgrimidos por la main street , la gente de la calle, para cuestionar que se ayudara a la Wall Street.

El dogmatismo ideológico llevó a dejar sin regulaciones a mercados enormemente sensibles y riesgosos, como los financieros no bancarios. El New York Times ha planteado editorialmente: "la crisis podría haber sido evitada si los reguladores hubieran aplicado las reglas, y si los funcionarios gubernamentales hubieran cuestionado los prestamos riesgosos y otras prácticas dudosas". El primer ministro de Francia, François Fillon, llamó a las autoridades americanas a actuar: "No vamos a aceptar pagar los platos rotos de una regulación fallida y la corrupción del capitalismo". El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, escribió que "poner demasiada confianza en el mercado se ha convertido en una suerte de idolatría", y exigió regulaciones.

La idea de que se ha ido muy lejos en expulsar la ética de la economía y se han desatado fuerzas salvajes aparece hoy en algunos de los mayores líderes promercado. El premier italiano, Berlusconi, planteó que "hay que volver a aplicar ética a la economía", el presidente de Francia, Sarkozy, afirma que "una cierta idea de la globalización está muriendo con el fin del capitalismo financiero, que ha impuesto su lógica sobre toda la economía y ha contribuido a pervertirla".

Los más vulnerables del mundo están pagando ya los costos de todos estos errores. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha advertido que las metas del milenio, que iban a bajar a la mitad para 2015 la pobreza extrema (hoy 1400 millones de personas), la mortalidad infantil (9.600.000 niños mueren anualmente por pobreza), la mortalidad materna (500.000 madres mueren por año durante el embarazo o el parto por factores de pobreza), están en riesgo severo.

América latina tiene que sacar lecciones. Las ortodoxias económicas copiadas mecánicamente no sólo han significado recetas erróneas. Han transmitido el mensaje de que los valores éticos no importan en la economía. Que ese es terreno sólo para arreglos técnicos. Frente a los fracasos de esa visión, es hora de bregar fuertemente por la responsabilidad ética en políticas públicas, por la defensa del interés colectivo, porque la responsabilidad social de la empresa privada avance de modo efectivo, por los derechos al desarrollo de los niños, las familias, las oportunidades para los jóvenes, la protección de los ancianos, por una mejor equidad en la región más desigual de todas. Así como las falencias éticas fueron cruciales en la gravísima crisis actual, es imprescindible, para que se pueda superar, que en el mundo y en este continente de agudas inequidades y exclusiones la ética conduzca la economía.

El autor escribió, con el Premio Nobel Amartya Sen, Primero la gente.

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